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Historias

Publicado en noviembre 29th, 2015 | by Débora Carrasco

Algo extraño… Parte 10. «El final»


Descansé un par de horas y cuando desperté tenía las miles de preguntas por hacer. Todos estaban dispuestos a responder y a contarme cómo había sido todo.

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Alguien había llamado a mis papás para decir que parecía que escuchaban voces en el departamento de Saúl, de mujer… Y que era sospechoso que yo, para como era de responsable y apegada a mi familia, me hubiera ido a un viaje tan largo, aunque hubiera sido de trabajo. Mis papás y sobre todo Luis, comenzaron a pensar que algo había pasado, pero mis «mensajes» y «llamadas» habían sido tan creíbles que no tendrían por qué dudar, pero algo extraño había.

Cuando fue Luis por primera vez a buscarme, Saúl lo enfrentó y le dijo que no me había visto, que no sabía nada y Luis comenzó a tener sospechas; estoy segura de que si mi mamá lo hubiera visto, al instante habría sabido quién era…

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Después de que me durmió cuando llegaron ellos, Saúl abrió y como lo había hecho antes, negó saber de mí. Esta vez no le creyeron y entraron a la fuerza al departamento, donde me vieron en el cuarto, dormida y amarrada… Pensaron que estaba muerta, lograron rescatarme y llevarme al hospital… Tenía principios de anemia, había adelgazado varios kilos, estaba débil, pálida y muy baja de defensas. Habían sido unas semanas muy difíciles, definitivamente necesitaba descansar mucho, estaba acostada y aún así sentía que me iba a desvanecer.

¿Dónde está Saúl?-pregunté con miedo.

Todos se voltearon a ver. Había pánico en mí, quería llorar, quería gritar pero no tenía fuerzas de nada.

No sabemos. Es mejor que te lo digamos ahora. Logró escapar. Las autoridades lo saben y harán hasta lo imposible por encontrarlo, te lo prometo-dijo mi papá con lágrimas en los ojos.

Ahora lo sabía, la historia se había vuelto a repetir, otra vez se había salido con la suya, tenía miedo, mucho miedo, pero no podía hacer nada, no había nada que yo pudiera hacer, Saúl no estaba y lo único que me quedaba era seguir… Mis pensamientos me abrumaron. ¿Y sí jamás lo encuentran?

Viviré con miedo toda la vida.


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Tengo tres terapias para cuando algo va mal: Ejercicio, música y escribir.



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