Estaba oscuro y no podía ver quién era. Me paralicé, no podía mov..." /> Algo extraño… Parte 3 – El Perla Negra

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Historias

Publicado en agosto 4th, 2015 | by Débora Carrasco

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Algo extraño… Parte 3

Estaba oscuro y no podía ver quién era. Me paralicé, no podía moverme, quería gritar y algo simplemente me lo impedía.

Tan pronto como tuve voz dije: ¿Quién eres? ¿Qué quieres?

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Sólo podía identificar la silueta de un hombre, pero no tenía las suficientes fuerzas para levantarme e identificarlo. Cerré los ojos por un momento y comencé a rezar, era lo único que podía hacer en esos momentos, el miedo me inundaba.

Con más calma abrí los ojos y me incorporé, y “él” ya no estaba, pero estaba segura de que había sido real. Escuché la puerta cerrarse fuertemente y supe que sí, alguien había estado ahí, conmigo, y yo no sabía quién era.

Comencé a llorar sin saber qué hacer o a quién buscar. Traté de calmarme y ya un poco más tranquila chequé la casa, no faltaba nada, las puertas no estaban forzadas, pero yo estaba segura de haber cerrado, siempre lo hacía.

De pronto empecé a sospechar de mi vecino, las luces de su casa estaban apagadas, pero algo raro había en él y no dejaba de atormentarme.

Hola, ¿qué haces afuera?-escuché que dijeron.

Me sobresalte y volteé. Era él, precisamente.

Se metieron a mi casa-respondí rápidamente. No falta nada material, incluso las puertas no están forzadas, pero vi a un hombre en mi cuarto y eso ya no es normal, no fue mi imaginación, estoy segura-

Trató de preocuparse, pero no vi ni un signo de sinceridad en él. Lo único que podía ver era su mano con un poco de sangre. Notó que la miraba y al instante comentó: ¡Tú crees! Me corté en el trabajo, trataba de abrir una caja con un cuchillo y pues fallé.

¿Necesitas ayuda?-dije. En realidad no quería ayudarlo pero lo hice por educación.

No, gracias, ya la enfermera trató de arreglarlo-dijo.

Creo que llamaré a la policía, me sentiré más tranquila, digo, por lo de la persona que entró a mi casa-le dije.

No, ¿para qué? No tienes pruebas, no hay signos de forzar puertas como dices, y además ni siquiera le viste la cara. Mejor te invito un té, tranquilízate.

¿Cuándo dije que no le vi la cara?-respondí rápidamente. Jamás se lo mencioné.

Supongo, si no sabrías quién era-respondió un poco nervioso.

Tenía miedo de él, pero irónicamente, era la única persona que tenía en ese momento. Pero aun así no quería nada con él, sólo quería saber qué estaba pasando y que dejara de pasar rápido.

Eran las 9 pm.

Supongo que no era tarde, había dormido mucho pero no tenía sueño, todo ese asunto me traía loca.

Si necesitas algo, no dudes en venir-me dijo.

Sonreí hipócritamente.

Entré a la casa, me preparé algo de cenar, puse un poco de música, tomé un bate que Mara tenía en su cuarto y me acosté.

Al día siguiente algo en mí estaba mal, no estaba tranquila, había dormitado toda la noche pensando que entrarían y peor aún, temía del vecino, del cual ni siquiera sabía su nombre.

Aún tenía tiempo para alistarme, así que prendí la computadora y comencé a leer las noticias del momento.

El presidente había dado una conferencia, el gobernador se peleaba con no se quién, robos de autos en los establecimientos, mujer asesinada…

Esa última logró llamar mi atención. No era que jamás hubiera escuchado algo así, el problema era que la noticia era LOCAL. Comencé a leer…

“Hoy por la madrugada se encontró a una mujer con golpes fuertes y heridas graves, al parecer fue asesinada en su domicilio aproximadamente a las 7 de la tarde del martes. No muestra indicios de haber sido violada, y no hay robo de pertenencias, al parecer todo indica que fue algo pasional”.

Mi corazón latía fuerte, lo más indignante era el domicilio de ella. DOS CUADRAS DE MI CASA. A dos cuadras de mi casa habían matado a una mujer mientras yo dormía y…

¡Mi vecino!

Mi piel se erizó, mis manos empezaron a temblar.

“¡Tú crees! Me corté en el trabajo, trataba de abrir una caja con un cuchillo y pues fallé.”

Retumbaba en mi cabeza lo que me había dicho, su mano llena de sangre, su nerviosismo, el hecho de que él fuera llegando cuando yo estaba afuera. Algo estaba mal; cuando estuve más tranquila traté de pensar fríamente, tal vez era mi imaginación por todo lo que estaba pasando, él no era asesino, era un vecino común y corriente que había tenido un accidente en su trabajo, como a cualquiera le pasaría, pero…

Cuando la arrendadora me dijo que tendría vecino, mencionó que trabajaba despachando en una tienda, cajero supongo… Y el mencionó que la enfermara de su trabajo lo había curado. Jamás había visto que hubiera en ese tipo de establecimientos enfermeras.

Estaba volviéndome loca.

Tenía que parar esto, debía quitarme la duda de todo y además tenía que vivir tranquila. No había dormido en días, y mis nervios no podían estar peor.

Me alisté rápidamente y salí de la casa.

Tomé un taxi.

Buen día, ¿A dónde la llevo Señorita?

A la procuraduría, por favor-respondí.

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Tengo tres terapias para cuando algo va mal: Ejercicio, música y escribir.



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