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Historias

Publicado en diciembre 20th, 2016 | by LaChicaDelParaguasMorado

Amor en tiempos de bares

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Nos conocimos de una manera muy peculiar, en un bar. Él iba con sus amigos, yo iba con las mías, y en la barra esperando para pagar mis montaditos, empezamos a charlar. Cruzamos 10 palabras y cada quien volvió con los suyos, luego de alguna forma  estábamos todos juntos, tarareando una canción. Un amigo suyo se empezó a besar con mi mejor amiga y al llegar la madrugada se empezaron a ir en pareja o solos. Nos quedamos él y yo, era el inicio de algo que yo no podría llamar amor, pero tampoco ‘sólo atracción’; era el punto medio más doloroso.

Esa madrugada al quedarnos solos, me acompañó a mi departamento. Tomamos una copa de vino, compramos  pizza y platicamos sobre todo. Era autentico, no caía dentro del molde de algún tipo de chico, ni del malo o del patán, ni del bueno o del mejor amigo; era como si de alguna forma estuviera hecho para mí.

Como era de esperarse, dos copas de vino más, temas más profundos, un beso en la mejilla, cruce de miradas, otro beso en la boca, su mano subiendo, la mía bajando… no hizo falta decir nada, era como un baile que ambos habíamos ensayado toda nuestra vida y esa era la presentación final, con la pareja indicada, en el momento indicado.

Al abrir los ojos como a las 10 de la mañana, me dí cuenta de que él no estaba a mi lado, se había ido. ¿Dónde está?, ¿en una noche empecé a sentir cosas por un completo desconocido?, ¿me llamará?… no tenía mi número, era imposible que lo hiciera, no teníamos algo en común porque conociendo a mis amigas, tuvieron sexo y se fueron. Así que sí, era posible que jamás lo volvería a ver.

Mis nervios se calmaron al salir a la cocina y verlo preparar el desayuno. Hizo hotcakes y la verdad le quedaron espantosos, pero lo que cuenta es la intención… no, a decir verdad lo que más importa es que no se fue, eso significa que para él no fue algo de una noche, o al menos que tiene educación.

Desayunamos, platicamos, me siguió contando sobre su vida y yo le conté sobre la mía. Llegó el momento de despedirnos porque era sábado y tenía que ir a clases de francés. Él se fue y no me pidió mi número, así que supuse que había sido sólo un buen fin de semana a su lado.

Pasaron las semanas, no supe nada de él pero tampoco dejaba de pensarlo, hasta que un miércoles (¿quién lo hace en miércoles?) llegué al departamento y en la puerta del edificio estaba él con una caja de pizza, una coca-cola, y empapado; sólo faltaba una canción de amor para amenizar el momento.

Nos saludamos, entramos completamente en silencio, platicamos; nunca me dijo por qué no había dado señales de vida antes, en esta ocasión me contó sobre sus sueños más profundos.  Terminamos la pizza y empezamos a ver una serie de la cual ya sabía el final y moría de ganas por decirselo, pero cuando estuve a punto de hacerlo, me besó… me besó y no dejó de hacerlo, volvimos a tener ese mágico encuentro.

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Al día siguiente él tenía que ir  a la universidad y yo también. Nos levantamos, nos bañamos juntos, ahora yo preparé el desayuno e hice crepas con nutella y cajeta, y justo antes de salir por la puerta, me dijo que si nos veíamos para cenar, que me tenía una sorpresa. Nos habíamos visto dos veces ¿qué tipo de sorpresa puede tenerme?

Pasó el día, no dejé de pensar en él, parecía una niña escribiendo su nombre en la orilla de mi carpeta. Me empecé a enamorar y no entendía cómo, si sólo nos habíamos visto dos veces.

A las 7 pm en punto pasó por mí y fuimos al autocinema, algo romántico, único y especial, como él. Proyectaron la bella y la bestia, una película romántica que con él parecía de comedia pues hacía comentarios sarcásticos, críticos y luego unos muy bellos; era todo un personaje, ¡ah! y cenamos hot dogs. Llegamos al departamento y le dije que si quería pasar, ambos estábamos muy cansados así que fuimos directamente a dormir, no tuvimos sexo, sólo me dio un beso de buenas noches y me abrazó hasta quedarse dormido.

Estuvimos saliendo por aproximadamente tres meses. Conocí su casa, conocí a sus amigos, a sus compañeros de trabajo… hasta a sus padres; parecía que todo iba bien  y que ya teníamos una relación, pero de pronto y sin decir nada, un día desapareció. Los primeros días pensé que le había pasado algo, así que le llamé a sus papás y les pregunté. Su mamá, una mujer que me caía de maravilla, me dijo que no volviera a buscar a su hijo, que él estaba bien pero que ya no quería saber de mí.

En ese tiempo no habíamos discutido ni por la mínima estupidez. Un día estábamos bien y al día siguiente ya no quería nada y ni siquiera tuvo el valor de decírmelo, me tuve que enterar por sus papás.

Mi corazón estaba roto pero más que nada yo estaba enojada, ¿qué clase de hombre hace eso?, si ya no quieres a una persona se lo dices, si hay un problema lo hablas aunque sea por mensaje de texto.. ¿de qué clase de hombre me enamoré?

Pasaron los meses, dejé de preguntarme qué había hecho mal o qué pudo haber pasado, empecé a superarlo. Ya había dejado de llorar por las noches y fui perdiendo la esperanza de que se apareciera en el portón con otra pizza, con una coca-cola y mojado; simplemente llegaba, comía pizza para uno y veía películas tristes.

Al empezar a superarlo me quité el mameluco de unicornio que compré especialmente para que cuando me rompieran el corazón, me mirara al espejo después de horas y horas de llorar y reír un poco…

al ver lo hermosamente ridícula que me veo vestida de unicornio.


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Publicado por

LaChicaDelParaguasMorado



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