El horizonte se vuelve tenue y la luz del sol te acaricia la cara lim..." /> Cuando un amor se va… – El Perla Negra

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Historias

Publicado en octubre 6th, 2015 | by Itzel Dueñas

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Cuando un amor se va…

El horizonte se vuelve tenue y la luz del sol te acaricia la cara limpiando con sus dedos tibios las lágrimas que forman caminos marcados en tu rostro, en tus mejillas. Las nubes se aglomeran en el cielo y éste se cierra, haciéndote sentir más pequeño, vulnerable, aunándose peso a tu pecho y a tu espalda donde sientes la ausencia.

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Tus ojos buscan ansiosos, por todos lados, en todas partes algún indicio de su cuerpo y el aroma de su esencia. Buscas, buscas… Pero no encuentras. Sales y el viento te consuela, convenciéndote que con la fuerza que mueve tu cabello, el árbol y sus hojas, la tierra y tus ropas, también se llevará su recuerdo, su pedazo viviendo en ti a costa de tus respiros y tus latidos; pero resignado, el viento se va, triste; pues su fuerza no tiene tanta rabia para liberar tu existencia de la nostalgia.

Al tragar el café caliente, te suaviza el pecho y sucesivamente su calidez navega a través de tus venas. Te alienta y te llena. Es el trabajo del café, muy aparte de que ayuda a los somnolientos andantes, suele consolar a las víctimas del amor… A los que les rompió el corazón. Los muebles inertes, parece que te escuchan. Te contemplan, como si escucharan tu alma sollozar en aquel silencio, en aquella soledad.

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En las noches, las noches… Que tu cuerpo quiere liberarse por algún tiempo indefinido en los sueños, de su imagen, de su tortura, del temblor de tus manos al sostener el recuerdo, la oscuridad y el resplandor de la luna conspiran para que no puedas hacerlo. Al contrario, lo intensifican. Y duermes, cansado, con el afán de ya no pensar, pero vive en tus sueños y lo miras…

Una y otra vez. Lo abrazas, lo besas, lo aprietas a ti. Pero se va la luna y llega el sol que te hace abrir los ojos para volver a acariciarte las lágrimas llenas de esos besos, esos abrazos y esas manos que no estuvieron y que ya no están.

Aunque tus ojos busquen, aunque el viento te consuele, aunque el café te llene, ya no está.

 

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