Dicen que todo pasa y que siempre llega la calma, pero lo cierto es ..." /> Dicen que el tiempo lo cura todo – El Perla Negra

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Vida

Publicado en abril 17th, 2015 | by Ariadna Rodriguez

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Dicen que el tiempo lo cura todo

Dicen que todo pasa y que siempre llega la calma, pero lo cierto es que cuando se está en medio de la tormenta no alcanzamos a ver el cese del aguacero, ni siquiera el ojo del huracán, esa calma repentina y ese sosiego efímero que llega de pronto y de pronto se va.

En efecto, cuando tenemos los problemas encima no vislumbramos salida alguna, incluso podemos tildar de ilusos a aquellos que intentan «ponernos de buenas», pensamos -y es válido- que la situación que nos atañe es la mayor del mundo y la solución sólo podríamos encontrarla con un acto de magia.

Solemos desacreditar al amigo que viene en plan: quiero ayudarte, todo saldrá bien, dale tiempo a tiempo (otra de las frases exasperantes cuando tenemos el agua al cuello). Incluso aún sabiendo que te lo dicen con toda la buena intención del mundo desconfiamos del sentido común de esa persona y lo tildamos en silencio de «loco/a» o pensamos algo así como «sí como no, seguramente lo dices porque no sabes realmente cómo me estoy sintiendo».

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Pero la verdad es que tú QUE YA PASASTE por esa etapa, sabes perfectamente que ese amigo»loco» tenía toda la razón, que el tiempo cura y sana cualquier herida; que llega un momento en que deja de llover y puedes salir de nueva cuenta a la calle sin paraguas; miras en retrospectiva y te percatas que el famoso huracán que nos inundaba meses atrás, pasó a ser simplemente una llovizna.

A ti que ahora estás en medio de la tormenta no te presiones ni desesperes, toma el consejo de ésta «amiga loca» y espera con paciencia, invierte tus horas en cosas que siempre te gustaron hacer. No hay una fórmula ni un tiempo determinado, no hay una bola mágica que nos diga cuántos días faltan por sufrir, no, no tenemos elección en ese sentido.

La única elección que sí tenemos es el «cómo» pasamos ese tiempo inevitable: tirados, auto-compadeciéndonos, mirando cada cinco segundos las conversaciones y fotos, auto flagelándonos con el recuerdo de lo vivido, o con la actitud de que ese «amigo loco» es el más cuerdo de todos los terrestres, y él sabe, al igual que tú, que pronto, muy pronto dejará de llover.


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