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Historias

Publicado en agosto 18th, 2015 | by Wendy Rios

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Existen personas que no deberían amar II. Capítulo 10

-Señorita Hoffman, es una oportunidad única, no puede desperdiciarla. Sólo serían tres semanas.-

-Lo entiendo. Pero aun así, no podría tomar el trabajo señor Olson. Soy madre soltera y no tengo con quien dejar a mi pequeña hija.-

-Yo sé que conseguirá a alguien. Tiene tiempo para darme su decisión definitiva. Realmente cuento con usted ya que es la más apta para el trabajo. Espero y acepte.-

Salí de la oficina de mi jefe un poco agobiada. Es verdad que era una oportunidad irrepetible pero no podía aceptarla sin meditarla antes. Tenía que dejar la ciudad por tres semanas para viajar a Madrid.

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¿Con quién dejaría a Fernanda si me voy? Es mucho tiempo y no quiero separarme de ella. Mi tía Elena se había casado recientemente, ella aceptaría con mucho gusto, pero considero que sería algo incómodo.

Contratar una niñera sería problemático. ¿Dónde conseguiría una de tiempo completo? Tal vez por un día, pero por tres semanas lo dudo. Además de que me sentiría demasiado intranquila al hacerlo.

Salí del trabajo, dispuesta a reflexionar y analizar mis posibilidades. Fue cuando lo vi, de nuevo él como siempre esperándome.

-Samuel ¿Qué haces aquí?- Lo aprecio demasiado. A pesar de todo el daño que pude causarle, él siempre permaneció a mi lado. Siempre sacándome sonrisas donde debería haber lágrimas.

-¿Pero qué dices? Siempre vengo por ti tontita.- Su cálida sonrisa siempre me alegraba. Samuel permaneció conmigo en los más difíciles momentos. Él es una de las personas que sigue manteniéndome en pie. ¿Quién soy yo para merecerlo? Una sensible e inmadura que no puede enterrar el pasado.

-Te lo agradezco, pero de verdad que no es necesario Samuel.- Reí por su tan amable gesto hacia mi persona. Él venía todos los días a recogerme después del trabajo.

Yo seguí rechazando sus sentimientos porque nunca pude olvidar a Álvaro. No quería engañarlo a él tampoco. No sé cómo sigue soportándome. Me siento muy mal por no saber corresponder a sus emociones. Aún sigo hiriéndolo ¿no es así?

-Tonterías. Soy tu mejor amigo, así que concédeme este honor Valeria.- Abrió la puerta de su automóvil, invitándome a que entrará en el.

No es que no me agrade la idea de pasar algo de tiempo con Samuel, es sólo que aún me resulta un poco incómodo.

-Algún día te enfadaras de mi. Lo sé,- Me burlé de él y accedí a subirme al coche.

-No lo creo. Llevo ocho años de conocerte y sigo aquí con mi amor no correspondido.- Rió amablemente. Era como si ya estuviera resignado al hecho de saber que no intentaría amarlo, cosa que me hizo sentir muy apenada y avergonzada.

No podía compensarlo de ninguna manera. Simplemente era algo que estaba fuera del alcance de mis manos. Sus sentimientos, mis sentimientos, mi amor, su amor. Ambos nos enamoramos, ambos sufrimos, ambos lloramos y a pesar de todo, ambos estábamos solos. Juntos, pero a la vez distantes.

-Gracias…- Susurré mirando hacia la ventana. No podía ni verlo a los ojos.

-¿Gracias? ¿Por qué dices eso tan de repente? Ya te dije que siempre vendré a recogerte Valeria.-

-No es eso Samuel. Quería agradecerte por todo el tiempo que has estado conmigo. Por todo lo que has hecho por mí. Siempre me has apoyado y siempre me has animado en todos los sentidos. Pero me siento muy triste por no poder hacer nada por ti. Me siento muy culpable. Es como si únicamente te estoy utilizando para sentirme mejor, por eso, quiero hacer algo por ti.- Mis palabras salían a flote sin control.

-Que problemática eres. Justo ahora me dices eso. Nunca podré dejar de amarte si sigues haciendo eso. Sólo mírame. Todo este tiempo me has rechazado y aun así me permites estar a tu lado. Eres cruel, pero me hace un poco feliz. No tienes que hacer nada por mí Valeria. Estaré bien.-

-Pero… Tiene que haber algo que pueda hacer. Valoro mucho tu amistad, te aprecio a ti. Todo lo que me brindas siempre. Por favor permíteme, hacer algo.- Intenté suplicarle. Sé que es patético pedir eso, debería ser yo quien descubra como hacerlo feliz, como devolverle al triple mi gratitud.

-No te preocupes. Sólo déjame verte sonreír. El simple hecho de oír tu voz es muy reconfortante para mí. No necesito algo más.-

-Mentiroso. No es suficiente, aun no.- La tristeza se apoderaba de mí ante mi impotencia de no poder hacer nada por él.

-Bien, veo que no sedaras ¿cierto? Entonces, si quieres compensarme, sal conmigo. Sólo una vez, no como amigos, sino como una cita.- Mi corazón latió nerviosamente. No me esperaba tal petición y tampoco sabía que contestar. –Es broma, no tienes que hacerlo si…-

-Está bien… Lo haré.- Lo interrumpí. Sorprendido me observó unos instantes. No esperaba mi decisión. Su rostro parecía afirmar que no lo haría, así que me dio un poco de gracia ver su expresión que tenía en esos momentos.

-Valeria, de verdad no tienes que forzar…-

-Estoy bien Samuel. Te prometo que no es forzado. Esperaré con ansias nuestra cita.- Sonreí gentilmente. Si realmente eso era lo que él quería, yo daría todo.

-Ya veo… Que feliz me has puesto.- Sonrió dulcemente. Sentí una alegría en mi corazón de haber causado esa expresión en él. Si logró que siempre sonreía de esa manera, yo también sería muy feliz.

Soy un poco egoísta, lo sé. Quiero mantener mi promesa hacia la persona que tanto ame. Por eso, intentaré enamorarme de nuevo.

Me daré ese nuevo comienzo. No cerraré más la entrada a mi corazón. Es cierto que no podré olvidar a Álvaro, por eso, lo mantendré en lo más profundo y preciado de mí ser. Estos sentimientos no se irán nunca, pero es hora de tratar de entregárselos a alguien más.

-A propósito Valeria, no te he preguntado cómo ha estado tu día en el trabajo.-

-Oh, ha sido algo normal. Hoy me han propuesto un trabajo que probamente me ascienda en mi empleo.-

-¡Eso es genial! ¿Lo aceptaras cierto?-

-No estoy segura. Pretenden que me vaya a Madrid por tres semanas. Es un periodo largo teniendo en cuenta que tendría que dejar a mi hija. El problema está, en que no sé quién podría cuidarla. Lo más probable es que termine negándome.-

-Pero Valeria, es la oportunidad que siempre has esperado. Entiendo que estés preocupado por tu pequeña, quisiera poder ayudarte. Pero sé que a tu hija no le agrado y además tengo muy poca experiencia cuidando niños.- Parecía apenado y casi disculpándose.

-Descuida, aprecio tu gesto. Pero creo que no tengo opción.-

-¿No existe a nadie a quien puedas recurrir?-

-Uh, tal vez si haya alguien. No estoy segura que pueda, él también tiene un horario algo apretado.-

-¿De quién hablas?-

-Del tío de Fernanda, Lisandro. Ella lo ama mucho, así que no habría problema. Además de que adora a su tía Emilie. Sin embargo, ambos están algo ocupados. Lisandro la recoge todos los días de la escuela, tanto para llevarla como para traerla, pero no significa que tenga tiempo de sobra, lo hace únicamente por capricho.- Sonreí un poco.

-Ya veo, Lisandro quiere mucho a tu hija ¿verdad? Fernanda también lo quiere, mientras que a mí me odia.- Su voz se hizo triste, parecía un infanta. Lo cual me resultó divertido.

-Ella no te odia. Sólo no te ha tratado lo suficiente.-

-Es broma ¿no es así?- Sonrió divertido. –Ella no me tolera, ni siquiera lo oculta y me lo dice directamente.-

-Bueno, tienes razón, pero se le pasara. Ella sólo lo hace por imitar a su padre.- Demonios no debí haber dicho eso.

-No la culpo. Yo también intentaba hacer todo lo que mi padre hacía. El amor paternal es demasiado grande.- Me sorprendí por su tranquilidad a la hora de responder. –Aún recuerdo cuando me presenté. Su semblante cambió drásticamente. Se veía muy tierna con su cara de enfado.-

-De verdad, me disculpo si te incomodó.-

-Descuida, es una niña.- Carcajeó felizmente.

Es cierto que Fernanda lo ignora arduamente. Tal vez fue una mala idea contarle acerca de la relación con su padre. Fue un error por parte mía.

-Espero que cambié su actitud hacia a ti.-

-Claro que lo hará. Confío en ello. Por cierto, ¿quieres pasar donde Lisandro a preguntarle?-

-Samuel, ya te dije que no estoy segura de que tenga tiempo.-

-Vamos, nada pierdes intentándolo. Es prácticamente su propio jefe. Estoy seguro de que aceptara.-

-Pero siento que sería abusar de su confianza, quiero decir, él me ha ayudado mucho con mi hija. –

-Bueno, coméntaselo. Quizás él te pueda ayudar a cuidarla o a buscar a alguien que lo haga. Además de que habías mencionado que vive junto con su novia. Sería una buena experiencia para hacer que piensen en tener hijos propios ¿no lo crees?- Sonrió arduamente.

-¿Qué dices? Deja tus bromas.- Le devolví el gesto amablemente. –Muy bien, iré. Gracias Samuel.-

-Perfecto. Entonces mi bella dama, déjeme escoltarla al lugar.- Su comentario me hizo reír. ¿Por qué no pude enamorarme de él? No es que esté arrepentida, pero me siento muy triste por no corresponderle.

Llegamos al lugar de trabajo de Lisandro muy rápidamente. Abrí la puerta del automóvil y bajé cuidadosamente.

El celular de Samuel comenzó a sonar. En un instante atendió la llamada. Yo esperé pacientemente a que terminara de hablar por teléfono.

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-Lo siento, Valeria. Tengo que ir a mi trabajo. Hubo un problema con unos papeleos. No tardaré más de unos 45 minutos. Por favor espérame.-

-Puedo irme sola. No te preocupes.-

-No, yo vendré por ti. Sólo espérame. Además de que tenemos que planear nuestra cita ¿Lo has olvidado?- Me guiñó seductivamente. Sentí que mis mejillas se ponían rojas.

Estaba un poco nerviosa, pero ya no había vuelta atrás. Yo había accedido a salir con él.

-Está bien, te esperaré. Pero si tardas me iré.- Bromeé con él.

-No creo que suceda. Bien, nos vemos.- Vi como el carro desaparecía siguiendo el trayecto de la carretera.

Entré a Sourcelife y fui directo a la recepción.

-Buenas tardes, vengo porque quería hablar con el señor Lisandro.-

-Oh, la señorita Hoffman ¿verdad? Permítame avisarle.- Cogió el teléfono e hizo una llamada. Yo seguí esperando pacientemente. –Entendido, si yo le digo.- Colgó y regresó a verme. –Señorita Valeria, el señor Riveil la atenderá en breve. Puede pasar y esperar cerca de su oficina si gusta.-

-Claro, gracias.- Avancé por el pasillo y llegué al sillón de la sala de espera. Saludé a Margarita quien me sonrió gentilmente.

Coloqué mi bolso a un lado y saqué unos documentos en los que ponían con detalle el trabajo que debía realizar. Leí cuidadosamente cada una de las clausulas. En una de ellas decía que iría con otro miembro de la empresa. Menos mal, ya me había preocupado, la verdad es que no me hace ilusión ir yo sola a una nueva ciudad.

Algo de mí hizo que sintiera la piel de gallina. Un extraño frio que recorrió por mi espalda. Aun no entiendo porque ocurre que tienes la sensación de que alguien te está observando. Por instinto intenté regresar mi mirar. Despegué la vista de los documentos y alcé mi mirada.

Fue un rápido momento en el que mi vista se encontró con unos ojos claros color avellana. Algo familiar y nostálgico. Fue lo único que percibí, cuando escuché la voz de Lisandro, quien se había interpuesto en la enigmática figura que no logré mirar.

-¡Valeria!… ¿Qué haces aquí?- Forzó una sonrisa, parecía algo nervioso.

-Uh… Siento llegar de improviso, pero tengo que pedirte un favor.-

-Por supuesto. Vamos, pasa a mi oficina.- Lisandro volteó mi rostro, evitando que regresara mi mirada.

-Ah, pero… Quería…- Sin darme cuenta ya me encontraba en la oficina. Decidí entonces olvidarme de lo anterior y concentrarme en lo que realmente me trajo aquí.

-¿Qué es lo que quieres pedirme Valeria? Ya sabes que cuentas conmigo para lo que sea.-

-Gracias Lisandro. A decir verdad, esto es un abuso hacia tu persona. Pero de verdad no sé a quién más recurrir.-

-¿Qué ocurre?- Parecía más relajado.

-Veras, me han ofrecido un empleo en el extranjero. Sera únicamente por unas semanas, tres para ser exactos. Sin embargo no tengo quien cuide de Fernanda. Por eso quería saber si tú…-

-No digas más. Lo entiendo y por supuesto que acepto.- Sonrió energéticamente.

-¿Eh? ¡¿De verdad lo harías?!-

-Claro, si se trata de ti y de mi amada sobrina, haría cualquier cosa.-

-¡Gracias Lisandro! No sé cómo agradecértelo.- La felicidad me había invadido. En verdad soy tan afortunada el haberlos conocido. Álvaro me permitió conocerlos, nunca me arrepentiré de haberlo amado.

-No agradezcas. Es un placer para mí tener a mi sobrina, además de que apuesto a que Emilie también le fascinara. Así que no hay de qué preocuparse. ¿Cuándo es que te irás al extranjero?-

-Dentro de tres días. Estoy un poco nerviosa.-

-Te irá bien. Eres una mujer muy talentosa Valeria.- Me tomó de los hombros para tranquilizarme.

-Hay una cosa más que quería decirte Lisandro…- Bajé un poco el tono de mi voz.

-¿Qué es?-

-Bueno… Yo trataré de enamorarme de nuevo Lisandro. Quería informártelo porque siento que tengo que hacerlo.-

Lisandro gesticuló un rostro lleno de tristeza. No parecía decepcionado. Era muy ajeno a ese sentimiento.

-No tienes que decirme nada Valeria. Lo entiendo perfectamente. Estás decidida a continuar. Así que por favor no te sientas culpable y mucho menos comprometida ¿de acuerdo?- Sonrió amablemente y gentilmente me abrazó.

Mis lágrimas salieron al instante. Era el momento. El momento de decirle adiós al pasado y de poder seguir con mi vida. Estaba lista para volver a amar. Eso era lo que quería creer y esperar.

El futuro puede ser aterrador y quizás siempre me escudé en el pasado, pero ya era el momento de centrarme en mi presente y esperar lo que el destino decidiera para mí.

Adiós Álvaro… Fue mi frágil susurró con una sonrisa en mis labios.

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