“…Quién está sonriendo desde la silla… ¿Es un monstruo o..." /> Existen personas que no deberían amar II. Capítulo 3 – El Perla Negra

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Historias

Publicado en julio 26th, 2015 | by Wendy Rios

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Existen personas que no deberían amar II. Capítulo 3

“…Quién está sonriendo desde la silla… ¿Es un monstruo o es al que alguna vez llamé padre? Fue la pregunta alzada al oír crueles palabras.

«Su nombre es Álvaro, es tu hermano menor. Algún día se conocerán en persona pero no como familia… Escúchame Lisandro, él no será ni un hermano ni mucho menos un amigo para ti… Él será tu rival. Tienes que superarlo en todo los sentidos. Aun por las circunstancias eres mi hijo, así que espero que no me decepciones. Aunque te advierto que será un adversario fuerte, después de todo, con honor lleva mi apellido…»

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A pesar de que odié sus palabras. Yo las tomé en cuenta…

«Has obtenido el mejor resultado de tu clase… Sin embargo no has subido de nivel académico. Vas a la misma par que cualquier otro niño. Aun no es suficiente.»

¿Qué podía hacer para complacerlo?… Nada. Nunca podría superar a mi hermano… Yo ya había perdido mi rumbo, incluso si trataba de evitarlo, incluso si luchaba, incluso si apostaba todo… No sería competente.

«Tu madre me ha dicho que has acabado las clases de violín… Ya era hora que lo hicieras te estabas tardando demasiado.»

Se burlaba de mí… Me humillaba… Me ridiculizaba… Siempre esperaba un poco más… Aun cuando ni él sabía qué.

«Vaya… Has ganado el concurso de redacción y lectura. Felicidades… Pero, no considero que deba ser un mérito enorme. Sólo has escrito un cuento que ha gustado a personas que se la viven fantaseado. Es una idiotez escapar de la realidad…»

Deseaba que alguien me enseñara cómo ser amado… Sólo tenía un deseo… Ya estaba cansado de esta desesperación, era una simple alma sin vida…

«¿Una mascota?… De acuerdo, tendrás una al igual que la gente común…»

A pesar de las cosas que podía hacer eran pocas, yo me aferraba fuertemente a ellas…

Él era un lunático… Un controlador al que le hacía gracia jugar conmigo. Me veía tropezar y se burlaba al verme levantar…

Lo sabía desde un comienzo… Siempre fue así… No hacía falta que lo explicara. Así es… Por más que lo intentara, yo ya había perdido antes de poder empezar…

Para poder ser amado, era necesario que lo superara. Para poder ser útil era indispensable que odiara a mi hermano. Yo sólo quería que me reconociera… Yo sólo quería que no me viera como la sombra de una luz… De la luz de Álvaro, su preciado hijo…

«Odio hacer prejuicios a primeras impresiones. Tus lágrimas tienen motivo, yo no soy quien para juzgarte» Sin darme cuenta, esa fue mi derrota.

«… ¿Él es su hijo?» «Pobre criatura» «Es muy pequeño» «Mejor así, no lo entenderá…»

Es tan deprimente que me diera cuenta de nuestro lazo en el funeral de nuestro padre. Rodeado de gente diciendo estupideces. Él sólo observó el adiós de sus padres. Era frágil… Era delicado, era mi hermano…

Fue entonces que me di cuenta, que tristemente éramos dos espejos que reflejarían la sonrisa burlona de una persona que poco a poco se pudría en su ambición.

No pude evitar llorar. Fui un idiota todo ese tiempo… Estar a su lado me enseñó tantas cosas… Me salvó tantas veces de no perder mi camino…

Aunque el proceso fuese doloroso. Estaría bien… Yo ya nunca dudaría, incluso si fuese inevitable, incluso si tenía que luchar, incluso si eso significara echar abajo todo, aún quedaba la esperanza… Así que le agradecería siempre a mi rival… A mi pequeño hermano que nunca pude superar… Por eso… ¿Qué hay de malo en ser una sombra? Después de todo, la luz es más resplandeciente si hay una…

-¡Valeria! ¿Qué ocurrió?-

– No lo sé… Álvaro se puso mal… Yo… Lo siento Lisandro… Pero…-

-Cálmate…- Tomé por lo hombros a Valeria. Estaba agitada y lloraba descontroladamente. –Descuida él estará bien…- Era la primera vez que dudaba de mis palabras.

-Señor Riveil… El doctor Blake solicita su presencia.- Se acercó una enfermera.

-Eh… ¿Cómo está Álvaro?-

-Discúlpeme, pero sólo recibí indicaciones de informarle eso.-

Emilie me observó con unos ojos llenos de tristeza y preocupación.

-No te preocupes Emi… Él… Álvaro no es tan débil…- Traté de sonreír.

Isabel abrazó fuertemente a Emilie y tomó de la mano a Valeria. Su mirada me indicó que debía ir.

-Sígame.- Ordenó avanzando rectamente.

Mis piernas temblaban. La agonía iba en aumento. Tenía miedo de perder a mi mejor amigo, a mi querido hermano… Los nervios crecían al oír el deslice de la puerta corrediza. Me aterrorizaba el hecho de que mis pensamientos se volviesen realidad… Aún no quería una despedida… No de él.

-¡Ah! Señor Riveil, adelante pase. Álvaro lo estaba esperando.- Un alivio recorrió todo mi cuerpo al verlo sentado en la camilla sonriendo gentilmente.

-Álvaro… Idiota.- Corrí a abrazarlo. -¿Tienes idea de cuánto me has preocupado? ¿Qué harás para compensarlo?-

-Lo siento Lisandro… No sabes lo feliz que estoy de verte.- Poder oír sus palabras me tranquilizaba. -¿Por qué estás llorando? Los adultos no lloran, tonto.-

-¿Pero qué dices? Mira tú también has llorado….-

-Yo no soy un adulto… Yo soy un crio aun.-

-… ¿A qué te refieres? Deja de bromear, no es el momento.-

-Escucha Lisandro… Necesito pedirte un favor…-Hizo una leve pausa para finalmente decir… -Mátame…”

No sabía que era lo que estaba planeando en aquel momento. Pensé que seguía jugando, pensé que era falso… Pero el miedo se apoderó de mí cuando noté la mirada y la seriedad que había tomado. Él realmente hablaba enserio…

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-¡Señor Riveil!- Escuché un grito proveniente de mi secretaria.

-Eh… ¿Q-Qué ocurre Margarita?-

-Señor… ¿Se encuentra bien? Parece un poco pálido, quizás esté enfermo.-

-No, no. Sólo es una pequeña tiricia que me ha entrado. Se me pasara en breve. ¿Qué era lo que deseabas?-

-La señorita Emilie ha venido ¿La hago pasar?-

-Por supuesto… Oye, Margarita… ¿Cómo salvas a alguien que no quiere ser salvado?-

-¿Huh? No lo sé… Si realmente no quiere ser auxiliado es porque no lo necesita ¿no es así? ¿Va todo bien señor Riveil?-

-Si… Olvida lo que dije. Sólo has pasar a Emilie-

-Enseguida.-

No es que no lo necesite… Lo necesita, pero él no quiere abrir los ojos porque tiene miedo a lo que se puede encontrar.

-Lisandro, me alegra verte.- Sentí su tierno abrazo. A pesar de los años que había pasado, sentir su piel aún me estremecía y me envolvía en una sutil locura.

-Emilie, gracias por venir. Necesitaba a mi linda prometida.- Besé delicadamente su mejilla.

-Oye… Lisandro… Hoy es el cumpleaños de Álvaro…- Su rostro se volvió nostálgico y lleno de tristeza.

-Si… Lo sé.- Al verla de esa manera y no poder hacer nada me era sumamente doloroso. De cierto modo la estaba lastimando. Haberle mentido de esa manera… Haberle destrozado el corazón así… Nunca me lo perdonaría.

-Yo… Yo lo extraño mucho… Daría todo por verlo de nuevo.- Sonrió melancólicamente…

“…Él parecía un cristal agrietado. Cada herida sabía ocultarla muy bien…Siempre mintiendo para no preocupar a los demás.

-¿Estás bien Emilie? ¿No te has lastimado?- Siempre hacía las cosas temiendo por mi bien aunque eso le lastimara… Sin que yo tuviera nada para él…

-No… Estoy bien, gracias por atraparme.-

-Es bueno saberlo, me has asustado.- Me abrazó delicadamente. Éramos unos pequeños niños en aquel entonces. Yo era demasiado torpe, siempre me tropezaba y caía al suelo. Pero, Álvaro siempre lo evitaba, de una u otra manera siempre me salvaba.

-Ah… Te has herido…- Su antebrazo tenía una cortadura que dejaba escapar sangre que se combinaba con los pequeños restos de polvo.

-Oh… ¿Esto? No es nada, no duele ni molesta. No te preocupes por pequeñeces ¿de acuerdo?- Él siempre era así… Pero, sus ojos siempre lo traicionaban. Delataban todo lo que su corazón escondía.

-Tus mentiras son tristes… ¿Por qué me mientes?- Por cada lágrima que soltaba, siempre reflejaba una sonrisa…

-¿Eh? Yo no he mentido. No he dicho ni una mentira Emilie. ¡Mira!- Comenzó a sonreír. –Oye… No pongas esa cara triste. Estaré bien siempre que sonrías.-

Ocultaba sus sentimientos sólo por hacer felices a los demás… El ser capaz de ocultar los problemas para que los demás no los vieran. Era algo triste que pronto terminaría consumiéndolo…”

Las lágrimas que brotaban bañaban su bello rostro… Sólo ella sabía que era lo que ocurría en su mente. Sus preciados recuerdos al lado de Álvaro… Todo.

No podía hacer más que abrazarla y tragarme la amargura que sentía por ser un mentiroso más en su vida.

-Lisandro… Él siempre vivió un infierno… vivió lo suficiente como para perder el brillo en su mirada… Parecía un árbol. A pesar de que sus hojas caían, él no demostraba debilidad o se inmutaba… Después de todo, yo creía que volverían a crecer ¿verdad?- Sonrió dulcemente.

-…Tienes razón… Puede sanar… Los arboles pierden hojas pero el tronco sigue firme… ¡Por supuesto! ¡Aún no está perdido!-

-¿Eh? ¿De qué hablas?-

-¡Gracias Emilie!- Besé emocionado sus labios. –Eres tan adorable. Aun después de tantos años juntos te sigues sonrojando. Estoy feliz…-

-¿Eh?… ¡Ah! ¡No es mi culpa!… Sigue siendo vergonzoso…- Tartamudeó un poco. Simplemente todos los días me enamoraba más de ella.

-Es lo que forma parte de tu encanto.-

-No es justo… ¿Por qué yo no puedo ponerte nervioso?- Me sorprendí por sus palabras… Yo siempre estaba nervioso a su lado… Con tan sólo pronunciar su nombre era suficiente para hacerme sentir de esa manera.

-Te amo, y nunca dejaré de hacerlo.-

-¡De nuevo lo estás haciendo!-

-No es mentira. Te amo… No me cansaré de decirlo.-

-¡Ah! Para, es vergonzoso.- Su rostro ruborizado era tan bello.

-Demonios, no me tientes de esa manera.- Volví a besarla. De verdad amaba todo de su ser… Era única, era irremplazable… ¿Quién rayos era yo para merecerla?

-T-Tonto…- Su timidez era incomparable. -¡Oh! Casi lo olvido… Lisandro, hoy no cenaré contigo. Un amigo me pidió que le enseñara la ciudad, no lleva mucho tiempo aquí, por eso iremos a que conozca algunos sitios.-

-Sí, ten cuida… ¡Espera!…- Tan hechizado estaba por su dulzura que no presté atención a sus palabras.

-¿Qué ocurre?-

-¿Un amigo? ¡¿Qué amigo?!-

-Se llama Raúl. Lo conocí cuando hacía mi solicitud de empleo. Comenzamos a conversar cuando mi hoja salió volando a su cara… Es muy simpático. – Me daba rabia verla decir su nombre con tal entusiasmo.

-Ya veo… Pero, ¿por qué tienes que ser tú la que le muestre la ciudad? Quiero decir… Siempre cenamos juntos… ¿No puede hacerlo alguien más?-

-Bueno, digamos que me pidió el favor personalmente. Además de que dijo que le gustaría pasar el tiempo conmigo. Es muy amigable ¿verdad?- Fue la primera vez que reproché su inocencia.

No es que desconfiara de ella… Simplemente no confiaba en los demás…

-¿Te importaría si voy contigo? Me gustaría conocer a tu amigo…- Para después estrangularlo con mis manos. Fue el pensamiento tan irracional que tuve.

-¿Eh? Por supuesto. Me encantaría que fueras. De seguro se llevaran muy bien, quizás tengan cosas en común.-

-Sí… Tienes razón…- Traté de sonreír. Si eso que tuviéramos en común, fuese querer a Emilie, creo que no seriamos amigos ni de broma.

Ella me regaló una sonrisa tan dulce que hizo borrar mis intenciones maquiavélicas… Qué vergüenza me daba por mi actitud.

-Entonces te veré esta tarde. Te dejo trabajar… Gracias.- Besó delicadamente mi mejilla. Sus labios eran frágiles y sus besos eran muy tiernos.

-De acuerdo. Yo paso por ti a las 5 ¿te parece bien?-

-Si. Bueno, nos vemos. Ah… Lisandro…-

-¿Huh? ¿Qué ocurre?-

-Te amo…- Se fue dejándome totalmente lleno de felicidad… Ella decía que no lograba ponerme nervioso. Era un grave error pensar eso.

Álvaro… Has dejado ir una gran alegría. Fue lo que pensé. Al verla marcharse con unas cuantas lágrimas en sus ojos.

Tomé el teléfono y llamé a mi secretaria.

-Margarita… Necesito que me ayudes… ¿Podrás hacerlo?…-

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