Su cabello castaño golpeó mis mejillas. Una sonrisa se le dibujó e..." /> Existen personas que no deberían amar II. Capítulo 5 – El Perla Negra

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Historias

Publicado en agosto 1st, 2015 | by Wendy Rios

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Existen personas que no deberían amar II. Capítulo 5

Su cabello castaño golpeó mis mejillas. Una sonrisa se le dibujó en los labios. Sus ojos claros rebosantes de inocencia con ciertos toques de cazador en alerta me miraron fijamente. Sus pequeños brazos rodearon mi cuello. Unas pequeñas gotas corrieron de sus ojos y cayeron lentamente en mis hombros.

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-Te extrañé- Dijo entre jadeos y suspiros.

-Lo siento, Fernanda. Hoy se me hizo un poco tarde-

-No te preocupes mami. Estoy feliz de que hayas vuelto.- Su sonrisa tierna opacaba aquellos ojos acuosos contemplándome sin parpadear.

-Deberías estar dormida pequeña.- Limpié las lágrimas que pronto comenzarían a adherirse a su rostro.

-¡No! No puedo… Mañana es el cumpleaños de papá… Quiero regalarlo algo…-

-Nena, tu padre ya no está con nosotras.- Tristemente acaricié su delicado cabello.

Es verdad que tengo que olvidarle, pero algo de mi pareciera gritarme y decirme que él sigue aquí. Quizás sólo este engañando a mi mente y por consiguiente lastimando a los demás. Perdón Fernanda… Ella no tenía la culpa. Era sólo una pequeña, una pequeña tan parecida a su padre.

-Lo sé mamá… Pero, ¡estoy segura de que mi regalo llegará! Tuve un sueño donde papá me abrazaba y me agradecía por el regalo. Fue casi real mamá. Lloré de felicidad…-

¿Qué se supone que debía decir ante tales palabras?

-Tienes razón. Yo también confío en que así será…-

-¡Gracias mamá! ¿Qué debería regalarle?- Su rostro se tornó triste y melancólico. –No sé qué le gusta a papá. Quizás no le agrade.-

-El mejor regalo que puedes hacer debe venir desde tu corazón.-

-Ah… Eso es fácil de decir. ¿Cómo sabré cuando sea realmente de mi corazón?-

-Simplemente lo sabrás. No creo que sea un problema para ti Fernanda.- Jalé delicadamente su mejilla. –Vamos, es hora de dormir, mañana tienes que levantarte temprano para ir al colegio.- Tomé su delicada mano, y juntas caminamos a su recamara.

Fernanda corrió a tumbarse a su cama. Abrazó al peluche que Lisandro le regaló cuando cumplió 5 años. Era un hermoso oso color café muy suave.

-Mamá, por favor, cuéntame cómo era papá. De verdad quiero saberlo.-

-Ah, ¿Otra vez con lo mismo?- Sonreí un poco debido a su interés de siempre.

-Es que tú nunca me cuentas nada. Quiero saber cómo era mi padre. Es cierto que tengo el mismo color de sus ojos, pero no es suficiente. Por favor…- Comenzó a poner la misma cara de rogación que utilizaba para hacer pucheros.

-Bueno, ¿dónde empiezo? Tu padre era muy guapo.-

-¡¿De verdad?! ¿Te enamoraste por eso, mamá?-

-Por supuesto que no.- Me reí por su conclusión apresurada. –Es verdad que era muy atractivo, sin embargo no creo haberme enamorado por eso. Él hizo algo muy lindo por mí. Puede que haya sido tan insignificante para él, pero para mí fue algo que jamás olvidaré.-

-¿Qué fue lo que hizo?- Preguntó curiosa.

-Digamos que yo siempre me preocupa por los demás, tendía a lastimarme victimada por todos, terminaba humillada, sin ningún ánimo de existir. Cuando era más joven estaba invadida de soledad, siempre con tristeza hasta llorar. Sólo tu padre notó mis lágrimas, de todas las personas que él pudo ver, me vio a mí. El llanto que nadie pudo secar, tu papá lo logró.-

-Oh… ¡Papá es grandioso! Te salvó.- Gritó contenta.

-Sí, pero… Yo no pude hacer lo mismo. Él siempre tenía un rostro nostálgico. Sus ojos vacíos reflejaban una profunda expresión desencajada. A veces parecía una persona carente de emociones. Yo quería llegar a su corazón, quería salvarlo. Tu padre era una persona triste y solitaria.- Observé a Fernanda y pude notar unas cuantas lágrimas. -¡Ah! Lo siento, nena, no quería sonar tan deprimente.-

-N-No… Pero, es muy triste. Pobre de mi papá…-

-Oh cariño. Está bien. No llores más. A tu padre no le hubiese gustado ver a su pequeña llorar así…- Traté de consolarla aun cuando yo también quería llorar.

Sólo soy una chica muy llorona que ha perdido a su tierno amor. Si pudieras renacer y de nuevo sonreírme con tu fiel calidez. Lo lamento, aún no he cumplido mi promesa… Aunque mis pensamientos no llegaran a él. Siempre los gritaré…

Fernanda se quedó dormida pocos minutos después. Aun suspiraba triste. Tal vez sea un error el mencionárselo, el recordarlo. Sólo es que siento que ella tiene el derecho al igual que él, de conocerse, Álvaro le hubiese hecho ilusión. Es lo que siempre trato de pensar. Nunca le dije la llegada de Fernanda. Pensé que después de todo lo ocurrido, era mejor. Que tonta fui, él siempre hizo que así me sintiera. Pero también le dio sentido a mi vida. Y ahora que se ha ido… ¿De qué me sirve el corazón si no está él?

Lentamente cerré la puerta de su habitación. Se veía tan tierna e inocente durmiendo. Ella es mi mayor felicidad. Tengo que luchar y superarlo por ella. Fernanda es fuerte, pero aun es una niña y necesita a su padre. Siempre será así…

Suspiré y me dirigí a mi cuarto. Tenía que relajar mi mente. Había sido un duro día de trabajo, pero tenía que levantarme temprano para alistar a Fernanda. De verdad estaba agradecida con Lisandro por hacerme el favor de llevarla y recogerla del colegio.

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Retiré mi uniforme del trabajo y me puse cómoda para así poder descansar un poco. La nostalgia se apoderó de mí. Realmente lo extrañaba demasiado, Su voz, sus palabras, sus abrazos, sus besos… Todo de él. Deprimida, me dormí abrazando la almohada quien era mi única compañía en aquella cama.

Seguiré por siempre fiel a ti… Susurré al silencio que lentamente parecía desvanecerse…

-¡Mami! ¡Mami! ¡Despierta mami!- Abrí los ojos a penas duras. Sentía que ardían un poco.

-¿Eh? ¿Qué ocurre Fernanda?- Bostecé un poco.

-¡Hoy es mamá! ¡Por fin es el cumpleaños de papá!- Su sonrisa tan alegre logró contagiármela.

-Si. Prometo ayudarte a hacer tu regalo.-

-Descuida, ya lo tengo. Desperté muy temprano para hacerlo. Tuve un sueño muy lindo que me hizo verlo. Si papá estaba triste trataré de ayudarlo…-

-¿Ah? ¿A qué te refieres Fernanda?-

-Tú dijiste que el mejor regalo debe ser de corazón. Yo quiero que papá sea feliz. Mi maestro dijo que las palabras son muy poderosas, por eso espero que mis letras le lleguen…- Me mostro una pequeña tarjeta.

…Dónde quiera que estés papi, espero que seas feliz…” Fue lo que leí en aquella carta. No pude evitar sonreír, ella realmente anhelaba a su padre, lo quería, lo adoraba.

-Claro que llegaran, estoy segura.- Acaricié su mejilla y ella muy emotiva me abrazó tiernamente.

-Quiero que mi papá sea muy feliz. Ah, también quiero que tú seas feliz mamita.- Besó mi frente. Creo que si no hubiese sido por ella, hubiera abandonado todo, incluso a mí misma.

Me paré de la cama y arreglé a Fernanda para que se fuese a la escuela. Ella adoraba que le hiciera dos coletas con listones azules. Su cabello era tan suave y largo.

-¡Tío!- Recibió a Lisandro con un caluroso abrazo.

-¡Fernanda! ¿Cómo está mi preciosa princesa?- La cargó con ambos brazos y besó su mejilla.

-Estoy muy bien. En el castillo hay una bella reina que me cuida.-

-Ya lo creo.- Lisandro me sonrió amablemente y con cuidado bajó a Fernanda.

-Me sorprende que siempre sea lo mismo, todos los días se ven y pareciese que es su primer encuentro en mucho tiempo.-

-Lo sé, pero es una hermosa niña. Contagia mucha de su energía.- Acarició su cabello, a lo que ella sólo sonreía.

-¡Oh! Tío Lisandro, ¿puedo pedirte un favor?-

-Por supuesto que si cariño. ¿Qué es lo que quieres?- Se inclinó a su altura.

-Quiero que le des esto a papá. Yo soy aun joven para ir sola a verlo, y mamá trabaja hasta tarde. Hoy es su cumpleaños y quisiera darle este regalo.- Le entregó su pequeña carta.

Lisandro me miró preocupado, yo traté de sonreírle para darle a entender que ambas estábamos bien. Él siempre se preocupa por nosotras.

-Claro pequeña…-

-¡Gracias! Estoy segura que los pajaritos se la llevaran. Confió en que mis sentimientos le llegaran ¿verdad?-

-Eh… Si… Claro que lo harán.- Lisandro tartamudeó un poco. Parecía nervioso y triste.

-Es hora de que las niñas vayan a la escuela.- Para él también debe ser doloroso recordar a su hermano. Así que debía evitar que sufriera, si puedo hacer por lo menos eso, estaré bien.

-¡Cierto! Adiós mami.- Me dio un rápido beso y salió corriendo al automóvil de Lisandro.

-¿Estás bien?- Me acerqué a Lisandro.

-Sí, sólo que me conmovió su detalle. Ella en verdad lo ama.-

-Durmió pensando en que darle. Realmente se esmeró.-

-Tienes razón, a pesar de su edad, ella ya es muy madura. ¿Qué hay de ti Valeria? ¿Cómo estás?-

-Aún es demasiado triste. Confieso que me cuesta asimilarlo a pesar de los años. Pero sé que mejoraré con el tiempo. Ya no es sólo por mí, es por ella también. Tengo que aprender a avanzar.-

-Lo siento mucho Valeria…- Su voz parecía triste.

-No te disculpes, vamos no pongas esa cara de culpa.- Le sonreí para poder calmarlo. –A Emilie no le gustara verte triste.-

-Tienes razón, sólo que…-

-Tranquilo, estoy bien. Gracias por todo lo que has hecho por nosotras.-

-¿Qué dices? Yo no he hecho la gran cosa. Tú sola te has superado. Eres una mujer muy fuerte Valeria, no sabes la admiración que te tengo. Todo irá bien.- Me tomó de los hombros.

-Claro, así será.-

-Entonces, nos vemos.-

-Sí. Gracias-

-¡Adiós mami!- Vi a Fernanda asomarse por la ventana ladeando su mano.

-¡Cuídate cariño!- Le sonreí e hice lo mismo.

En breve, el automóvil desapareció. Cerré la puerta lentamente y como si mis piernas se derritiesen, me tumbé de espalda. Cubrí mi rostro y en segundos las lágrimas comenzaron a fluir…

Lo siento Álvaro, no soy fuerte. Aun soy débil. Te has ido y no es una ilusión. Prometiste no dejarme atrás. “Juntos por siempre” Que tonto, triste y herido fue el corazón que dejaste…

A ti te debo una disculpa por algo, no he podido amar y olvidarte después de todo. Espero obtener tu perdón, sé que no basta una disculpa, pero… Te amo…

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