Capítulo 20.

¿Cuándo será e..." /> Existen personas que no deberían amar… Parte 21 – El Perla Negra


Síguenos en Facebook:


Historias

Publicado en junio 19th, 2015 | by Wendy Rios

10

Existen personas que no deberían amar… Parte 21

Capítulo 20.

¿Cuándo será el día que vuelva a mi tranquilidad? Son molestos estos días… Cada uno de ellos, horas y minutos se han vuelto una tortura para mí. ¿La única víctima aquí soy yo? Estúpidos pensamientos débiles… No importaba, te haré pagar por todo Valeria… Cada valioso tiempo pensando en ti sería saldado por una lágrima de dolor. Así que, vuelve a mí…

Seguí esperando sentado en un sillón de la sala de emergencias. ¿Por qué te acompañé ese día? No preguntes… Aún no sé la respuesta.

-¡Álvaro! Macho ¿Cómo está?- Llegó Lisandro junto con Emilie. Los dos parecían preocupados.

-Está en revisión. Parece estar reaccionando bien.- Esas palabras me aliviaban, me tranquilizaban. Pero las odiaba.

-Todo estará bien Alva.- Me dio una palmada ligera en mi hombro y me sonrió calmadamente.

-Gracias Lisandro.-

-¿Acompañantes de la señorita Valeria Hoffman?- Preguntó saliendo del consultorio el doctor.

-Sí…-Contesté un poco débil. Un poco furioso, y confundido. Prácticamente no me había movido desde que te llevaron a ese lugar. Y Joel… Joel se largó a los 15 minutos de tu estadía. Yo debí haber hecho lo mismo, pero… Quería saber que tú estabas a salvo.

-La paciente está mejor, pueden pasar a verla si gustan. Por un momento le ha dado un susto.- Sonrió como si realmente no hubiese ocurrido nada.

-Adelante Alva, nosotros esperaremos.- Dijo Lisandro sentándose con Emilie en el largo sillón.

Abrí la puerta despacio. Entré y te vi… Idiota, no vuelvas a darme sustos así.

Estabas sentada en la camilla, viendo hacía la ventana sonriendo con unas cuantas lágrimas.

-Oh… Álvaro… Pensé que era Joel, ¿dónde está él?- Incluso aún preguntas por él. Que tonta eres.

-No ha regresado desde hace hora y media.- Dije secamente. En mis planes no era entrar y hablar acerca del paradero de tu novio.

Cuentas Netflix

-Lo siento… No debí preguntarte eso… Debería darte las gracias ¿verdad?- Sollozaste un poco forzando una sonrisa. –Dime… ¿Hasta cuándo van a continuar estos días de impactarme a mí misma?- Tus tiernos ojos azules me suplicaban una respuesta desesperadamente. ¿Cómo debía dártela si no lo entendía? Ante el silencio producido, cubriste tu rostro tratando de evitar que tus lágrimas resbalaran. ¿Qué debía hacer?…

-Valeria… No puedo salvarte de esta agua.- Limpié tu rostro llevándome cualquier residuo de llanto. Debía alejarme… Simplemente preguntar tu salud, aún cuando aquel doctor me la había dicho. Debí haber huido. Pero… Ya era demasiado tarde, mis brazos rodearon tu cuerpo estrechándolo contra el mío.

-Gracias… Gracias por salvarme.- Correspondiste a aquel abrazo. Tus lágrimas se deslizaban como niños en un tobogán sobre mi playera.

-No, no agradezcas… Si yo hubiese llegado a tiempo, tú no estarías…-

-Estoy feliz.- Me interrumpió apunto de decir algo de lo que quizás me arrepentiría más adelante. –Álvaro, ¿por qué te culpas?- Sonreíste dulcemente.

¿Culparme?… No, jamás haría eso. Nunca, pero…

Me recosté en tu hombro. Tu fragancia, tan suave y embriagante me obligaban a no moverme. Puede percibir el sonido de dos bombeos. Tu corazón latía acelerado y el mío parecía seguirlo. Estos días son los que más odio. Eres la que me está destruyendo… La que me cambia.

Comenzaste a jugar suavemente con mi cabello. Lo enredabas entre tus dedos, peinándolo delicadamente. ¿A dónde fueron aquellos días?

-Álvaro… Siento ser una molestia… Otra vez lo hice ¿no es así? Te separé de Katherine, deberías ir con ella… Yo esperaré a Joel…- ¿Aún deseabas su compañía? De nuevo me estabas rechazando… ¿Quién te creías? Sólo haciéndome enojar, alterando mi paciencia.

-Déjalo…- Fueron palabras autónomas. –Termina con él…-

-¿Eh? ¿Qué estás diciendo?… Álvaro deja de bromear…- Reíste ligeramente.

-No es una broma… No estoy riendo Valeria.- Y eso era lo que me aterraba. Estaba siendo sincero. No quería que estuvieran con ese idiota. Aunque me cueste admitirlo, tú valías mucho… Eres un juguete valioso, no deben compararte con piezas de plástico baratas… Tú eras de la más fina porcelana.

Agachaste la mirada.

-¿Por qué?… ¿Por qué no me dejas avanzar?- Sollozaste de nuevo. –Siempre… Siempre me haces esto… Quiero sacarte de mi corazón, de mis pensamientos. Intentó olvidarte con él…-Quebraste en lo último.- Pero, no puedo. Dijiste que no me podías salvar de las lágrimas… Eso no es verdad, ya lo has hecho.- Sonreíste melancólicamente.

-Valeria… ¿De qué hablas? Yo nunca he…-

-Lo has olvidado…-

«Me encontraba llorando, de nuevo el idiota de mi novio me había engañado, no era la primera vez ni la segunda, eran ya demasiadas. Soy una tonta. Dije entre enojo y tristeza. Las abundantes lágrimas no sedaban, no es como si fueran por él, eran debido a mi idiotez y engaño. Veía pasar a las personas, unas riendo, otras no disimulaban el verme, algunas se burlaban de mí e irónicamente creía que todas eran más felices que yo.

Gemí un momento y volvieron a salir aquellas gotas saladas. Me daba rabia sentir esto, yo no era débil…

Un joven alto se posó frente mío, extendió su mano otorgándome un libro y un pañuelo. Un miedo rodeó mi espalda. Su mirada penetró mis ojos. Parecían desafiarme.

No pude evitar sonrojarme. Era realmente guapo. Su rostro simétrico y su dulce aroma me habían cautivado. Con nerviosismo tomé el libro y el pequeño pedazo de tela. Con mi mano temblorosa limpié torpemente mis párpados. Suspiré prolongadamente evitando el contacto visual pues me intimidaba bastante.

Una mueca de disgusto se le dibujó en el rostro. Se agachó acercándose demasiado a mi cara. Con delicadeza me quitó el pañuelo y sostuvo mi rostro con su otra mano alzándolo sutilmente, que frías eran. Tiernamente limpió mi mejilla y mis pómulos.

-Mira que desastre, tu maquillaje se ha corrido-

Sentí el rostro hervir. Era demasiado vergonzoso.

De nuevo se incorporó de pie y abrió el libro que me había dado.

– No dejes que nadie más las vea… No tienen derecho, nadie. – Se retiró sin decir más.

-Gracias…- agregué tarde.

¿Quién habrá sido? No lo sabía, pero, mi corazón se aceleró y olvidó por momentos la tristeza que sentía. Por su presencia y este dulce detallé olvidé al amor de mi vida

Sólo quería decirle gracias y devolverle el grueso libro. Creí que en jamás lo volvería a ver. Creí que había sido un guardián típico de los libros de fantasía el cual me cuidó por breves segundos.

Suspiré tratando de recordar sus bellos ojos, de recordar su voz. Perdida en mis pensamientos tropecé con un cuerpo duro.

-Lo siento…- dije casi al instante.

-Descuida, fue mi error.- Respondió un joven de buen porte, castaño de ojos azulados.

-De todas maneras lo siento…- Un silencio incómodo se penetró en el ambiente. ¿Qué más tenía que decir ahora?

-Esto… Mi nombre es Valeria- Dije tratando de disimular la tensión.

-Un placer, mi nombre es Samuel- Sonrió de manera seductora.

Observé lo que sujetaba en su mano. Llevaba un libro color marrón. Grande en letras doradas se podía leer el título de «Sadness» era el mismo libro que aquel joven me prestó.

-¡Un ángel!- exclamé sorprendida.

-¿Disculpa?- me miró de manera extraña. Sentí la cara hervir, que estúpida fui.

-No es nada… Jaja… Pensamientos tontos…- Maldición.

-Es gracioso, pensé que hablas leído este libro, en efecto trata acerca de un ángel sufrido de amor. El ángel denominado Sadness, él estaba a cargo de tener al mundo en plena paz. La tierra era muy distinta a como es ahora. Él cuidaba de que todos estuviesen felices, pero este personaje se enamora de una doncella, una simple humana. Tocado por su gran belleza decide descender del cielo para conocerle, la joven era más bella de cerca. Sin embargo ella estaba prendada y cautivada por un demonio. Inmediatamente, llega a la conclusión que aquel vil demonio la ha encantado, pues para él, no hay otra explicación. El ángel intentaba quitar aquel hechizo, pero por alguna razón esté no se iba. Descubre entonces que no existe ninguno. Confundido aún sin entenderlo vuela de regreso a las alturas. Triste sonrió mirando como ella era feliz al lado de aquel ser malignó. Decepcionado decide olvidarla continuando su labor establecida. Tantos años pasados, su corazón aún guardaba aquel pequeño sentimiento. Aunque parecía marchito seguía punzante. Decidió pues observarle de nuevo. Pensó que una mirada no le mataría. Pero por más que su vista buscaba, no podía encontrarla. Desesperado bajó de su blanca nube. Recorrió cada rincón de aquel mundo, su rostro gesticuló una cara de horror a cada paso recorrido. Tanto fue el impacto de no percibir su alma que de repente comenzó a soltar lágrimas, lo cual provocaron que todas las personas que por ahí deambulaban decidieran acercarse. Pero, cuanto más presenciaban aquellas lágrimas que para entonces les eran desconocidas, sus almas comenzaban a caer en depresión. Comenzaron a culparse unos a otros, comenzaron a crear problemas de cualquier situación que había ocurrido, buscaban una excusa para llorar.

Cuentas Netflix

La historia terminaba diciendo lo siguiente <Y vagó, vagó buscando a la joven doncella que fue devorada por la soledad, dejó su labor atrás causando sólo tristeza, perdido en la tierra aún espera encontrar a su damisela>- Terminó de hablar Samuel.

Le miré un poco extrañada, parecía que aquella historia realmente le conmovía.

-¡Oh! Disculpa- agregó en tono apenado. -Creo que te estoy incomodando.

-Por el contrario, me ha parecido interesante- Le sonreí.

-¿De verdad lo piensas?- Asombrado preguntó.

-Si.- Contesté de inmediato.

-Me alegra oír eso, no había conocido a una persona interesada en este libro-

Solté una risilla, se veía muy emocionado.

-Sabes, tal vez te llevarías muy bien con la persona que estoy buscando, parece ser que tienen tanto en común-

-¿Es un amigo tuyo?- preguntó sonriendo.

-Digamos que fue mi salvador- agregué apenada.

-Espero lo encuentres, parece ser alguien muy majo.-

-¡Apuesto que sí!- Ambos sonreímos. Comenzamos una amena conversación. Esta persona era muy agradable. Pronto se convirtió en mi mejor amigo con el paso del tiempo.

Aquel joven hizo que me encontrara con él. Era el destino. Me salvó de no convertirme en la damisela de aquella horrible historia. Quería encontrarlo, agradecerle por todo…

-Valeria sigues con eso… Ríndete.- Me decía Samuel una y otra vez.

-¡NO! Sé que lo encontrare algún día. Además…- Tomé el libro que me entregó. Era muy preciado para mí. –Aún tengo que regresarle esto…- Lo abracé melancólicamente.

-Valeria, ¿no crees que deberías ver a otras personas? Aquellas que están cerca de ti…- Se acercó a mí. Su rostro estaba muy junto al mío. Me ruboricé un poco, él siempre era así… No lo entendía… Quizás tenía razón, pero…

[Ring, Ring] Sonó el teléfono de mi casa.

-¡Oh! Lo siento Samuel debo contestar…- Lo aparté y corrí a coger la llamada.

-Cielos… Siempre es lo mismo.- Dijo decepcionado.

-Diga…- Contesté.

-¿Hablo con la señorita Valeria Hoffman?- Preguntaron de la otra línea.

-Sí, soy yo. ¿Qué desea?-

-Habla en asesor educativo de Galo, para informarle la buena noticia. Usted ha ingresado con un puntaje casi perfecto del 95%. Enhorabuena, ya es una estudiante de Galo.-

-¿De verdad? ¡Gracias!- Lo había logrado. Logré entrar a la universidad que mi tía deseaba. No podía estar más que feliz.

Una vez que colgaron, le comenté a Samuel mi logró. Él me abrazó y besó mi mejilla.

-¡Felicidades bajita!-

-No me digas así… Eres un tonto.- Sonreí. Pasar el tiempo con Samuel era muy agradable.

El día por fin había llegado… Conocería mi nuevo instituto. Amigos nuevos, maestros nuevos… Samuel no estaría conmigo, pero había prometido visitarme. Los buenos amigos siempre estarán ahí para ti ¿No es así?

-Mi nombre es Valeria Hoffman, es un placer conocerles, espero llevarme bien con todos ustedes.- Me presenté ante mis nuevos colegas. Al parecer era una tradición de todas las instituciones.

Poco a poco se fueron presentando los demás estudiantes. Todos parecías muy agradables.

-El joven que está leyendo. El ultimo de aquella fila, preséntese por favor.- Dio la orden el profesor Francis.

-Mi nombre es Álvaro Crowley…- Fue todo lo que pude oír. Escuché a varias chicas murmullando que lo guapo que era. Regresé mi mirar hacia él. No lo podía creer… Mi guardián. No había duda… Era él.

¿Tengo que saludarle? ¿Se acordara de mí? Valeria tonta. Me regañé enojada. No pude concentrarme en ninguna clase. Deseaba que la hora del descanso llegara pronto. Que pensamientos tan egoístas tenía.

Sonó el timbre que fue una descarga que aceleró mi corazón. Era mi oportunidad. Tenía una forma de acercarme, llevaba aquel libro. Siempre lo traía conmigo.

-Al tratar de localizarlo lo no lo encontré. Había desaparecido. Cuando pronto noté que en realidad había sido opacado por un grupo de chicas. Después de todo, era lógico que fuera popular entre ellas.

Salí del salón para conocer el instituto, de todas formas no podría acercármele. Tenía mucho tiempo para hacerlo ¡Esto era genial! Él estaba en mi clase… Estaba feliz.

Contemplé la pizarra que había, colgada en una pared del corredor.

-Mira Zully, este chico es un genio. Tuvo el 100% en el examen.-

-¿Enserio? Es sorprendente, pensé que nadie lo sacaba.-

Me acerqué un poco para ver al supuesto genio. Quedé sorprendida cuando leí su nombre en el puesto número 1. Álvaro realmente era grandioso.

Mi nombre se encontraba por debajo de 3 nombres más, pero… Estábamos en la misma pizarra. ¿Por qué me sentía de esa manera? No importaba… Estaba feliz.

Pasó el tiempo y no podía acercarme a Álvaro. La distancia crecía más… Las chicas cada vez lo opacaban más. ¿Qué debí hacer? A este paso, nunca podría entablar una conversación con él. Sentía celos…

-Joven Álvaro ¿de nuevo tarde? Sera sancionado si vuelve a ocurrir- Le repetía el señor Francis.

Pronto lo suspendería… Pues de nuevo no llegaba…

-Rosalía perdóname, voy tarde a la clase de biología.- Escuché su cálida voz.

-No se dará cuenta cielo- Estaba con ella. Rosalía la chica más guapa según ella, de Galo.

-Disculpen- Ambos voltearon a mi dirección. Sentí una escaneada por parte de Rosalía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Preguntó molesta. ¿De verdad conoce a todos los del instituto? Sera idiota. Pensé.

-No sé a qué te refieres, yo siempre he asistido a este colegio- Respondí enojada. Miré a Álvaro unos segundos parecía que no le agradaba la presencia de Rosa.. –Él es mi novio, te pido que le sueltes.-

¡¿Qué demonios estaba diciendo?! Álvaro podría negarlo y quedaría como una idiota… Quería que la tierra me tragara.

Rosalía me miró, y se burló.

-Si claro bajita, alguien como él jamás saldría contigo. Tendrás bello rostro, pero date cuenta que es lo que tiene a mi lado.- Demonios, actué sin pensar.

-Basta Rosalía, es verdad ella es mi novia- Álvaro hizo un lado a Rosa y tomó mi mano. Sentí que me desmayaría… Pero no podía, tenía que seguir con la actuación.

-Gracias, hasta ahora me defiendes Álvaro.- Lo abracé sutilmente. Era la primera vez que lo hacía… Creo que iba a morir.

-Dime que esto no es verdad Crowley-Rosalía, me miraba con cierto desprecio.

-Es la verdad- Él correspondió al abrazo. Me estremecí un poco.

Rosa molesta continuó su camino.

-Te debo una- Me sonreí y dejó de abrazar. No quería que el abrazo terminara, así que me aferré a él… Cerré mis ojos esperando un rechazo por parte suya.

Sentí sus manos tomar mi barbilla, y tiernamente besó mi mejilla. No pude evitar sonreírme. Mi guardián estaba conmigo…

-Perdona pequeña, pero llego tarde a una clase, te veré luego- Lo sabía… No me recuerda.

-¿Iras a la clase del señor Francis?- Dije calmadamente siguiendo el ritmo de sus pasos.

-¿Eh?, si así es. ¿Cómo lo sabes?-

-Tenemos el mismo horario Álvaro- Seguí avanzando. Él se detuvo de golpe-¿Qué ocurre?- Pregunté sorprendida.

-Lo siento, no recuerdo haberte visto en las clases.-

. –No destaco mucho.- Le tomé de la mano.

Abrí la puerta del aula. El señor Francis aún no estaba presente.

-Valeria pensé que no regresarías, saliste sin avisar.- Se acercó Carolina una amiga mía.

-Lo siento- Reí disculpándose.

-Bueno eso no importa, pero dime algo, desde cuando te llevas tan bien con el príncipe.- Nos albureó y sonrió pícaramente. No pude evitar sonrojarme y rápidamente solté su mano.

-Lo conocí hoy-

-Disculpa, ¿me llamaste príncipe?- Preguntó ignorando mi torpeza.

-Así es Álvaro, supongo que no te has dado cuenta de tu apodo.- Respondió Carolina

-Lo siento, no presto mucha atención.-

-Si me he dado cuenta de eso, de ahí tu apodo, príncipe. Eres el tipo soñado de casi todas las chicas de Galo.-

-Ya veo.-

-Valeria ¿por qué saliste?- Me preguntó Carolina

-Bueno… faltaba alguien en la clase, el señor Francis le advirtió a Álvaro suspensión si volvía a entrar tarde. Sólo me preocupé-

-Pudiste a verme dicho, el señor Francis me avisó ayer que faltaría, te pudiste haber ahorrado la búsqueda del príncipe, y esperar que llegase.-

-¡Pero si no, ella lo hubiese…! Perdón- Baje la voz avergonzada. Estaba a punto de decir algo innecesario – Si no hubiese buscado quizás nunca habría tenido la oportunidad de conocerle.-

-Bueno no es una excusa muy válida, pudiste haberle hablado como lo hago yo ahora.-

-¡Pero!… Lo sé…-

Carolina sonrió divertida. Continuó la conversación, tomé confianza poco a poco. De verdad Álvaro me la daba.

-Caro ¿vienes?- Le invitaron un grupo de chicas y chicos. Ella afirmó y se despidió. Dejándonos solos.

-Álvaro, lo siento, fui un poco atrevida.-

-¿De qué hablas? Gracias a ti me libre de un ser comido vivo.- No disimulé una sonrisa.

-Tu rostro demostraba que no querías, pero igual no debí…-

-Gracias-Me interrumpió–Mi nombre es Álvaro Crowley aunque creo que no hace falta presentación, es un placer.- Extendió su mano.

-Valeria Hoffman, el gusto es mío.- Sonreí… Por fin, por fin conocí a mi salvador…

Nunca le devolví aquel libro… No recuerda nuestro primer encuentro, así que será un secreto que sólo guardaré yo. Lo quiero… No, lo amo. Estoy enamorada de Álvaro… Él me salvó de una amarga cicatriz. La sanó con su amabilidad…

-Tú me gustas…- Dije ruborizada. Esperaba un rechazó… Pero él me abrazó.

-Lo mismo siento por ti- Me susurró al oído.

No lo esperaba… La persona que tanto amo, me correspondía el sentimiento. Estaba feliz… Emocionada, no quería que se fuera de mi lado nunca…”

-¿Aún no lo recuerdas Álvaro? Esa niña llorona  de aquel día… Te agradece todo… Por eso, quiero verte feliz…- Sonreíste.

Así que eras aquella chica… Me equivoqué… No eras una acosadora, eras mucho peor. Mira que guardar aquel recuerdo. Me repugna…

-¿Qué ocurre Álvaro? Lo sabía no lo recuerdas… Está bien… Yo…-

-Valeria, guarda silencio.- Uní mis labios con los tuyos…

No permitiré que robes la batuta al maestro… Jamás.

Cuentas Netflix


Publicado por



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir ↑