Capítulo 21.

Te am..." /> Existen personas que no deberían amar… Parte 22 – El Perla Negra

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Historias

Publicado en junio 23rd, 2015 | by Wendy Rios

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Existen personas que no deberían amar… Parte 22

Capítulo 21.

Te amo… Te necesito… No te vayas. Son sólo palabras que han perdido mucho valor. Las has convertido en un simple cliché. Pues desde que te conocí mi mente has distorsionado. Y aunque quiera ignorarlo, sigo pensando en ti.

Nunca pensé que tales pensamientos me llevarían a querer recuperarte. Poco a poco comencé a perderte, pero lo veremos en una analogía. Si estás a punto de caer desde un acantilado y yo te tirase una cuerda ¿la aceptarías Valeria?

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–Está bien si ahora me das una cachetada.- Me burlé un poco de ti. -¿Qué ocurre?-

-… ¿Por qué lo hiciste?- Preguntaste agachando la mirada. Parecías un cachorro frente a su amo.

-No dejabas de hablar. Me molesté un poco que no escucharas lo que tenía que decirte. Además de que me has echado de una manera cruel. Así que…- Sentí tus brazos rodear mi cuello y de forma inesperada volviste a besarme.

-¡Lo siento!- Dijiste reaccionando y separándote rápidamente.

-Está bien… Supongo que fue venganza.- Si intentas retarme, déjame decirte que las llevabas de perder… Me acerqué a tu oído. -¿Tienes algún problema si me quedo?-

-¡¿Eh?! ¡Yo no quise decir eso! Es sólo que… Katherine debe extrañarte…- Bajaste el tono de tu voz. –Oye… Olvidemos lo que paso hace poco, por favor.- Cubriste tu rostro.

-¿De qué hablas? Aquí no ha ocurrido nada.- Besé tu mejilla y me separé de ti.

-Gracias.- Quebraste un poco tu voz.

-Valeria… Si me lo pides, no me iré.-

-Pero… Katherine, ella ha de estar preocupada por ti. Ve a verla sino se pondrá furiosa.-

-Entonces no lo niegas.- Sonreí. –Deberías ser un poco egoísta Valeria. Sólo pídemelo y aceptaré.-Te susurré.

-Álvaro yo…-

-Él ya se iba ¿no es así Valeria?- Entró Joel a la habitación.

-Pero si has llegado, pensé que nunca vendrías.- Me alejé de ti

-¿De qué hablas? Sólo me fui 15 minutos.- Manifestó mintiendo.

-Claro. Si lo ves del lado relativo puede ser que hayan pasado quince minutos. Aunque aquí haya pasado una hora y media.- Declaré enojado.

-Tú novia está afuera, esperando. Deberías ir.- Trató de ignorar mi comentario.

Gesticulé una cara de disgusto y enfado. Ni te hagas la idea de que eran celos, porque no lo eran… Te recuperaría aunque ese tipo tratara de impedirlo.

-Entonces me voy.- Comencé a caminar hacía la salida.

-Ah… ¡Gracias!- Escuché tus suaves palabras. –Gracias por salvarme.-

Muy bien Valeria. El haberle aclarado a Joel quien era tu salvador era perfecto para mi jugada. Me pregunto hasta dónde podrás tolerarlo. Te aliaste conmigo correspondiéndome aquel beso. Tan sólo quería paz mental, por eso, deberías decirle adiós a Joel pronto.

-¡Oh! Álvaro… ¿Cómo está ella?- Preguntó Katherine rápidamente al verme salir del consultorio.

-Se está recuperando… Me alegra haber llegado a tiempo.- Suspiré y le sonreí.

Ante mi expresión, ella sólo agachó la cabeza triste.

-Tienes razón… Álvaro, lo siento, actué de una manera muy estúpida. Es sólo que…-

Me molesta cuando piensan de más. Besé a Katherine tiernamente, de esa manera tus besos no se volverían riesgosos para mí.

Lentamente separe mis labios de los tuyos.

-No te preocupes, está bien. Lo entiendo.- No, la verdad no entendía algo así de posesivo.

-Álvaro…- Su voz parecía triste y divisé unas cuantas lágrimas rodar por sus mejillas. -¿Podemos irnos ya?- Fue la súplica que me hizo. ¿Ahora qué le ocurría? No entiendo a las mujeres aunque lo intente.

-Claro… Si es lo que quieres, vámonos.- Traté de tomarle de la mano pero ella rápidamente la quitó y comenzó a caminar. ¿Seguía molesta acaso? Si tu amor es enfermizo, quizás el de ella era peor…

-¡Álvaro! ¿Cómo está Valeria?- Corrió hacia mi Emilie. Katherine continuó recto sin siquiera detenerse.

-Ella está mejor Emi. Ven es hora de irnos.- Toqué sus hombros para tranquilizarla. Lisandro no dijo nada respecto a Katherine, parecía ser que él había notado su comportamiento tan sorpresivamente extraño.

El camino a casa fue algo callado. Tenía tantas preocupaciones en la cabeza. Una de ellas era la pronta partida de Emilie, no conocía los motivos exactos sólo sabía que no cambiaría de opinión, parecía muy segura. Y por otro lado, el comportamiento de Katherine. ¿Podría ser que hubiese visto la escena del beso? Y si es así… ¿Cómo se supone que debería sacar el tema?

Por breves segundos regresé a verla, pues no podía despegar mi vista del frente, ya que estaba manejando. Ella se encontraba pensativa mirando por la ventana del automóvil.

Yo no quería dañarla… No, yo no quería herir a nadie. Por eso a la persona que más amaba le serví como un juguete. ¿No es tonto? Lo sabía desde siempre. Y aunque me dolía, siempre lo guardé, nunca le dije a nadie acerca de eso.

Creí que así tenía que ser… Era estúpido, tonto, quizás tan cotidiano. Tal vez cotidiano fue la razón que me obligó a continuar de esa manera.

-Valeria está sufriendo con un idiota como él. Sólo la hace sentir miserable, culpable. Que impotencia siento el no poder hacerle abrir los ojos.- Eran siempre las pláticas que teníamos Samuel y yo.

Él también me hacía sentir de la misma manera… Me hacía sufrir…

-Samuel… ¿Qué te parece si te ayudo?- Fueron mis palabras. Quizás sólo de esa manera, por fin podría llegar a quererme.

Me daba un poco de risa mi actitud… Sentirme humillada por alguien… Depender de esa persona… Era para odiarme.

-¿De qué hablas Katherine?- preguntó sorprendido.

-Yo quiero ayudarte con Valeria. Álvaro parece ser una persona demasiado predecible. Quizás podríamos tenderle una trampa.- No me importaba de qué manera sería utilizada y degradada.

-¿Una trampa? ¿Qué tipo de trampa?-

-El decirle a Valeria cosas de Álvaro sin pruebas es algo tonto… Ella está enamorada de él, nunca sabrá sus verdaderas intenciones sino lo ve ella misma.-

-¿Estás proponiendo ponerlo en evidencia? ¿Pero cómo? Tendríamos que seguirle hasta encontrar algún indicio que lo delate.-

-O podemos crear las pruebas.- Le sonreí con aires de confianza.

-Exactamente ¿qué?-

-Álvaro no ama a Valeria ¿no es así? Yo creo en lo que dices, por lo tanto será fácil seducirlo.-

-Espera… ¿Tú harías eso por ella?-

-Por supuesto. Ella es tu amiga… Además que también será por ti. No quiero que sufras.- Él se acercó a mí y me dio un rápido beso. Aunque para él no signifique nada… Para mí era un pequeño mar de emociones.

-Gracias Katherine.- Me abrazó sutilmente. ¿En qué momento me denigré de esa manera? No importaba pues ya no había vuelta atrás.

La amiga de mi madre necesitaba ayuda en dar adopción a una camada de cachorros. Era una excelente oportunidad de tender nuestra trampa. Así que sin dudarlo me ofrecí a ayudarle.

Elegí un vestido de olanes color blanco. Frágilmente pinté la comisura de mis labios con un tono carmesí. Era la hora de hacerle ver a Valeria la verdad acerca de su novio.

Samuel me dijo acerca de una brecha dónde comúnmente él deambulaba. Madre mía, si que lo tenía vigilado.

-¿Estás segura de querer continuar?- Me preguntó Samuel dejando la caja llena de cachorros en el suelo.

-Por supuesto- Le aclaré firmemente, aun cuando en el fondo quería abandonarlo.

-De acuerdo… Gracias.-Sentí su cuerpo rodear el mío. Nada había cambiado, ni él, ni mis sentimientos.

Se despidió de mí dejándome con los sabuesos. Esperando por Álvaro… Sólo le conocía por foto. Pero es algo demasiado superficial… Esperaba no equivocarme.

Esperé y esperé. No había señales de él. Sólo algunas personas que específicamente en minutos pasaban. Ninguna encajaba con la descripción de Álvaro. Cuando de repente llegó un joven, que postró su mirada en los cachorros. No tenía opción, por lo menos cumpliría mi promesa de darlos en adopción.

-¿Desea tener uno? Parece gustarle mucho los animales.- Le dijo sonriendo.

-¿Eh? No, es muy amable pero yo creo que debería venderlos. Son unos hermosos canes en perfecto cuidado. En lo personal pagaría muy bien por ellos- Dejó de acariciar al pequeño sabueso y con un pañuelo de algodón limpió su mano.

-Oh que va, por supuesto que no los vendería, debe usted saber que he empezado desde temprano a obsequiarlos. Sólo he logrado encontrarle casa a uno de ellos.- Miré su rostro y no lo podía creer. Era él… Álvaro estaba frente mío. Joder… Era más guapo en persona.

-Quizás no estás ubicada en la zona adecuada.-

-Jaja, lo sé. Confesare que no fui cuidadosa en buscar un lugar concurrido. La caja no es nada ligera ¿sabes?- Le sonreí tranquilamente.

-Oh, entiendo.- Me devolvió el gesto. Cuidadosamente recogió la caja donde los cachorros jugueteaban sin mucho esfuerzo. –Vamos, busquemos un hogar a estos pequeños.- Sorprendida lo miré. ¿De verdad estaba ayudándome?… ¿Y ahora qué se supone que debía hacer?

-¿Eh?… ¡EH! –Grité- Espera no es necesario.- Tomé sus brazos tratando de que bajara la caja. Sentí por un momento la cara hervir de vergüenza.

-¿Por qué? Pensé que me habías lanzado una indirecta con tu frase “La caja no es nada ligera ¿sabes?”- No pude evitar sonrojarme. Su mirada era intimidante. Le solté y cubrí mi boca tratando de que no viese mi sonrojo.

Traté de asimilar la situación. Es verdad, el plan era seducirlo. Así que necesitaba estar más tiempo con él.

-Supongo que quieres ayudarme…Vale te dejare ya que pareces querer algo de compañía. Pero será a mi modo ¿Estás de acuerdo con eso? – Dije de manera muy arrogante, guiñándole el ojo derecho. Demonios… Eso fue demasiado estúpido ahora que lo pienso.

-Claro. ¿Debería llamarte Jefa?- Con tono burlón preguntó.

-No… Mi nombre es Katherine.- Dije tímidamente.

-Está bien, Katherine, es un placer. Yo soy Álvaro- Me extendió su mano. Lentamente la estreché. Todo estaba saliendo mejor de lo que pensaba. Sería fácil hacerlo caer. Pensé.

-Lo mismo digo Álvaro.-

Comenzó a caminar con la caja sobre mi hombro. Intenté igualar su paso. Era rápido a pesar de que llevaba peso encima.

Llegamos a una plaza con un enorme jardín bastante concurrido. Rápidamente le quité la caja y la puse sobre una banca vacía.

Álvaro con cuidado levantó al pequeño cachorro y le dejó que anduviera un rato en el parque jugueteando con las palomas.

No tardo para que una pareja con dos hijos quisieran a aquel sabueso juguetón.

El hacer eso había sido muy inteligente, había logrado dar en adopción al pequeño. Estaba encantada de entregárselo a aquella pareja que parecía tan cariñosa y unida.

-Bien hecho Álvaro.- Dije dándole un puñetazo en el hombro derecho. Puede que estaba tomando más confianza, sin embargo, me agradaba su idea.

Comencé a sacar a todos los cachorros y los dejé que anduvieran paseando por el gran prado. Por supuesto sin perderlos de vista.

El segundo cachorro se fue en manos de una anciana que necesitaba compañía. No podía dejar de sonreír. Realmente estaba feliz de poder ver que los cachorros se iban en buenas manos. No tardo para que otro de los tres pequeños se fuera con una pareja de recién casados. Le sonreí a Álvaro. Recordé entonces que la amiga de mi madre, me dijo que los sabuesos estaban entrenados, así que decidí llamarlos, pues se estaban alejando un poco. Comencé a jugar con los dos. Estaba feliz, era un día agradable. Aparte también que tenía que disimular.

-Exacto son una ternura ¿Desean uno? – Escuché la voz de Álvaro

-¿Oye Carlos nunca has sentido como un escalofrió detrás?- Preguntó uno de los chicos que se había acercado.

-Ohm… Creo que se de lo que hablas.-Regresó a ver nerviosamente a Álvaro.

-Hola chicos, no pude notar que están interesados en uno de estos pequeños.-Interrumpí el momento de tensión sonriendo. No lo podía crear… ¿Él me estaba celando? Me sentí un poco alagada y extrañamente feliz. Samuel nunca me había prestado atención de esa manera.

-¿Eh?- Dijeron al mismo tiempo, voltearon a verlo de nuevo. Él sólo sonreí tan arduamente. Vaya que lo estaba intimidando. Me causó un poco de gracia.

-Claro que si… yo quiero uno jaja. Son muy lindos ¿verdad? Francisco.-

-Si claro… Son muy tiernos.- Acariciaron al cachorro.

-Me alegro que deseen adoptarle.-Les entregué al segundo cachorrito que quedaba.

Comenzó a oscurecer. Sólo un cachorrillo se había quedado sin hogar. Pero no importaba, estaba contenta.

Tomé entre mis brazos al canino y con mi mano derecha lo sujeté firmemente. Comencé a acariciarle con mucha ternura. Suspiré exhausta.

Álvaro se sentó a mi lado y acarició el lomo del cachorro, a lo que este volteó y lamió sus dedos. Rápido escondió su mano.

Reí por el acto tan cómico. Debía permanecer más tiempo con él. Así que me levanté y le extendí mi mano. Tenía que forjar mayormente mis lazos con él.

-Ven conmigo Álvaro- Sujeté su palma, jalándolo un poco para que me levantase. Él no puso objeción y siguió mi paso.

-¿A dónde vamos?- Preguntó sonriendo.

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-Bueno como me has ayudado hoy, quisiera llevarte al lugar donde mi madre siempre me llevaba. Hay un puesto de helados cerca, vamos yo invito.- Respondí muy entusiasmada. Tenía el lugar perfecto a donde llevarlo. Además de que era uno de mis favoritos.

No solté su mano es más, me aferré de esta.

Caminábamos de manera lenta como si ninguno de los dos quisiese soltar la mano del otro. Eso me causaba gracia… Pero también me causaba cierto hormigueo en el estómago.

En todo el trayecto, ninguno habló. Sólo intercambiamos miradas y gestos de agrado. Ninguno de los dos se declinaba al dejar el contacto de nuestras manos.

Detuve mi caminar frente a una franquicia con un gran letrero sobre la fachada que decía “Less Bessones” un título muy llamativo y único. Insistí en seguir tomando su mano, pero sorpresivamente sujetó la mía más a fondo y me guio a la entrada.

-¿Puedo tomar su orden?- Preguntó un joven mesero al vernos llegar e instalarnos.

-Por favor.-Sonreí- Yo quisiera una copa sencilla de yogurt natural. Agréguele poco durazno.-

-Enseguida señorita. ¿Y usted caballero?-

-Sólo tráigame una copa de vainilla.- Parecía un poco molesto. Quizás era por el helado. Ya era lago tarde, pero de verdad me agradaba este lugar.

-¿Desea agregarle jarabe de caramelo encima?-

-No gracias así está bien.- Respondió desinteresadamente.

-¿Alguna galleta quizás?- Volvió a preguntar el mozo. .

-Le repito que mi orden está completa.- Parecía desesperado e intrigado.

-Enseguida regreso con su pedido. –

Le sonreí divertida. Se había molestado por las agobiantes preguntas del mesero.

-Omitiendo eso, es un lugar muy agradable.- Dije tranquilamente sin dejar de verlo.

-No lo niego. Parece acogedor.- Agregó tranquilamente.

Sonreí amablemente.

Pensé acerca de la descripción de Samuel. Era muy diferente a lo que había dicho. O quizás tenía a otra persona enfrente. Álvaro era amable, atento… Era alguien dulce… ¡¿Qué estaba diciendo?! Katherine basta. Concéntrate. Me dije.

Regresé a verlo por un momento. Sus bellos ojos hicieron que mis mejillas se pusieran muy rojas. ¿Qué me ocurría? Se supone que yo debía seducirlo. No él. Su mano aun tomaba la mía. Como por voluntad lo notó.

-Lo siento- La soltó de manera apenada.

Me sentía nerviosa… Mis movimientos eran torpes. De verdad era muy encantador. Debía tener cuidado.

Nuestro pedido no tardo mucho. El mesero puso las dos copas cristalinas sobre la mesa. Cuidadosamente colocó las cucharas encima de estas.

-Fue un placer servirles.- Hizo una reverencia y se retiró.

Trate de tomar la cuchara, pero mis movimientos torpes continuaban y la tiré al piso. Me sonrojé por tal descuido.

Álvaro se agachó por el utensilio. Yo sólo le agradecí muy apenada. Me temblaba la mano con cada cuchareo que daba a la copa. Él me sonreía y no me quitaba la mirada. Sólo estaba haciendo que me pusiera más nerviosa. ¡Ah! Lo odiaba.

-No me mires tonto- Dije de manera muy infantil.

Soltó una pequeña carcajada. Molesta le embarré un poco de helado en la nariz. Al instante tomó una servilleta y se limpió. Comencé a reír.

Él me regresó la jugada. Los dos carcajeamos… Ahora que lo recuerdo… Samuel no estaba en mis pensamientos en aquel momento. Había logrado sonreír de nuevo… Me sentí bien… Él me hacía sentir de esa manera.

Nuestras salidas comenzaron a ser frecuentes. Junto con el pequeño cachorro, el cual decidí quedármelo y al que Álvaro bautizó como Moka.

Me di cuenta pronto que había perdido… Su compañía me era grata. Álvaro estaba llenando el vacío que Samuel me causaba. Me estaba haciendo olvidarlo… Él estaba aquel lugar que tenía Samuel en mi corazón. ¿Qué debía hacer ahora?…

Cuando me di cuenta de que Álvaro me había dado un beso sorpresivamente… Mi mente colapsó. Era suave y tierno.

-Álvaro… yo…-

-Te quiero.- Me interrumpió besando mí frente. Esa frase ante mis oídos era sincera. Estaba feliz y no podía dejar de pensar en ello. Lo abracé sutilmente.

-¡Perfecto!- Dijo Samuel emocionado. –Tenemos que decirle a Valeria lo más pronto posible.- Me abrazó. A él ni siquiera le importó que su novia haya sido besada por otro hombre. Pero… Ya no me intrigaba.

-Lo siento Samuel… No lo haré.- Él sorprendido dejó de abrazarme y me miró extrañado.

-Pero… ¿Qué dices?- Alzó la voz, molesto. – No será que acosa tú… ¡¿De verdad te has enamorado de él?!- Me tomó de los hombros bruscamente.

Lo único que pude hacer fue agachar la mirada. No había nada que negar, pues aquello era la verdad.

-Lo siento…- Dije apenada.

-¡Que idiota eres! Álvaro es un idiota… ¿Qué no te advertí?- Me soltó agresivamente. –No me importan tus sentimientos… Tú vendrás conmigo y le dirás todo.- Sujetó mi brazo.

-No… No lo haré- Me zafé de su agarré. –Estoy cansada de que siempre te importe más Valeria que yo…- Por fin tenía el valor de decirle aquello que guardé tan estrictamente. –Siempre ella, siempre siendo más tierno con ella… Sólo Valeria está en tu mundo ¿no es así? Arréglate como puedas, yo ya no te ayudaré.-

-Eres una egoísta… ¡Valeria está sufriendo!-

-Y de nuevo ella… ¿Ahora me entiendes?- Ni siquiera había lágrimas que soltar.

-Mira, no me importa si deseas estar con Álvaro después de todo tú ya sabes a lo que te enfrentas…-

-Él no es como tú dices…-

-Katherine no seas estúpida, sólo has visto una faceta de él- Argumentó exaltado.

-¡Pues prefiero su faceta a la tuya!- Le grité. –Quizás sea falso… Pero me hace sentir feliz…-

-Entonces ayúdame a separarlo de Valeria y será todo tuyo- Comentó sonriendo nerviosamente. Me daba un poco de pena su actitud.

-Adiós Samuel- Agregué finalmente. Me marché aliviada. A pesar de que habíamos terminado tan mal, no regresaría de nuevo atrás.

Cogí el móvil dispuesta a llamarle a Álvaro. Quería oír su tierna voz.

-Al habla Álvaro.- Sentí felicidad oír sus palabras.

-Hola Alva, soy Katherine, ohm… Tengo que hablar contigo, ¿podríamos reunirnos?- Pregunté un poco nerviosa.

-Oh, lo siento Kate, no podre, tendré visita. ¿De qué quieres hablar?- Preguntó en tono preocupado. Creo que me estaba tomando el pelo ¿de verdad haría que lo dijese?

-Bueno, es algo muy importante… sobre… ya sabes…- Estaba muy nerviosa. –El beso- Susurré

-Oh… podríamos hablarlo mañana- Exclamó serio.          

-¡Por supuesto!- Emocionada agregué.

-Perfecto, yo te aviso la hora- Colgó.

Yo no quería dañar a Valeria… Ella era amable, sincera y amigable. Sé que debí ayudar a Samuel, sin embargo había sido lastimada tantas veces, y Álvaro cubrió aquellas heridas…

Me pregunté ¿Tan débil era? No lo sé… Sólo tenía en claro que los recuerdos que me estaba propiciando, eran alegres. Me abandonaría como mujer si decidiese ser la amante. Pero en verdad lo amaba. A pesar de las palabras de Samuel, a pesar de que cabía la posibilidad de que Álvaro estuviera fingiendo. Lo aceptaría.

Podría ser que yo era igual que Valeria…

-¿Estás feliz ahora?- Llegó Samuel un poco triste. Parecía impactado y melancólico.

-¿De qué hablas?- Pregunté invitándolo a pasar a la casa.

-Ella me odia… Él ganó… Todo se acabó.- Soltó en un sollozo.

-Lo siento… No lo entiendo del todo.-

-¡Estoy diciendo que Álvaro ganó! Ellos dos terminaron. Él quedó como la victima… Y yo…Yo fui un mentiroso a su lado. Él lo logró, a pesar de que le dije acerca de ti, a pesar de que él sabía de nuestro plan… No se inmutó en nada…- Desvaneció su voz…

-Samuel yo…-

-Está bien. No importa. Es lo que querías, ¿no es así?-

-Es por esa actitud que no te puedo perdonar.- Odiaba que pensara por mí. Que nunca me escuchara.

-Sólo vete… No quiero oírte.- Fueron las últimas palabras que intercambiamos.

Al marcharse no pude evitar soltar unas cuantas lágrimas. No era fácil aceptar una ida de alguien que había sido muy especial. Sentí un sabor amargo correr por mi garganta. Pero esto era el adiós definitivo entre él y yo.

A partir de ese momento mi vida continuaría. Mi mayor error siempre fue estancarme en un solo lugar. Pero… Ahora era el momento de avanzar

-Katherine…- Abrió Álvaro la puerta de su condominio.

-Hola.- Saludé melancólicamente. -Es repentina mi llegada, pero realmente tenemos que hablar.-

-Adelante- Dijo invitándome a entrar.

Le sonreí y acepté la oferta.

-¿Y dime de qué quieres hablar?- Se sentó en un sofá y me indicó que hiciese lo mismo.

-Bueno… quisiera hablar sobre Samuel.-

-¿Vecino, primo, hermano, hijastro o mascota?- Me causó gracia sus conclusiones.

-Ex novio, novio cuando nos dimos aquel beso.- Le aclaré.

-He de adivinar que era una estrategia.-

-Digamos que sí. Yo sería tu manzana de la discordia. Se suponía que yo le haría ver la verdad a Valeria. Cada una de nuestras salidas fue planeada. Incluso nuestro encuentro.-

-Igual no lo logró- Agregó en tono frío -¿Por qué lo hiciste?, ¿no sentiste celos de Valeria?- Me sorprendí un poco. ¿Él había notado mis sentimientos?

-Sí, pero… pensé que él me amaría, yo sabía de Valeria, él nunca dejaba de hablar de ella. Quise hacerlo feliz, y le di la opción de separarla de ti.- Decidí sincerarme con él.

-¿Eso quiere decir que todas nuestras citas fueron actuadas?-

-No… de eso vengo a hablarte. Aquel beso… no fue fingido… desde la segunda cita comencé a enamorarme de ti, incluso olvidé que todo era parte de un plan. Me era grato estar a tu lado. Ese mismo día del beso, a Samuel no le importó, y que no me doliera me alegró. Él me dijo que teníamos que decirle a Valeria lo más pronto posible. Me negué, era demasiado tarde, comencé a amarte. Una parte de mi me decía que estaba mal. Pero no me importaba ser la otra, porque te amo Álvaro, sin embargo me enteré que terminaste con Valeria.- No sé qué respuesta esperaba por parte de él… Confesarme no fue una tarea fácil…

-Pensaba terminar con Valeria, desde ese beso, siéndote sincero, yo también me enamoré de ti, Katherine.- Aquella palabras hicieron emocionarme. No lo esperaba. Álvaro se acercó a mi rostro. Tocó mi mejilla. Sus manos eran cálidas. Lentamente unió sus labios con los míos…

Mi mayor miedo a enamorarme siempre fue pensar acerca del vacío que me provocaría la partida del amor… Porque yo estaba consciente de que no era eterno, siempre fue así, siempre lo vi de esa manera. Sin embargo, si por una vez podría llegar a disfrutarlo al lado de esta persona… Sería feliz. Pues los recuerdos que me hizo formar a su lado, en ninguno me vi triste, en todos sonreía. Recuperé lo que había olvidado.”

El camino a casa fue agotador. Me sentía cansado y adolorido del cuerpo. Era como si alguien hubiese colocado encima de mí una caja con varios ladrillos.

-Álvaro… ¿Podemos hablar?- ¡Vaya! Katherine por fin decidió dirigirme la palabra.

-¿Qué ocurre?- Le tomé de la mano y ella desvió la mirada. Por lo menos esta vez no había apartado su muñeca.

-Yo…- Comenzó a temblar. Parecía a punto de llorar. -¡Gracias!- Se abalanzó a mi cuello y me estrecho sutilmente. Me sorprendí su cambio de humor tan notorio. Demonios… ¿Qué se supone que debía hacer ahora?

Rodeé su espalda y le correspondí al abrazo.

-Katherine… ¿Estás bien?- Le pregunté tranquilamente.

-Álvaro… Sería mejor que lo dejemos…- Exclamó en un silencio opaco.

¿Cómo se supone que debía entender eso?… Aunque sus palabras fueron aquellas, ella aún seguía abrazada a mí. Soltando silenciosamente unas lágrimas y un suspiro reprimido.

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