Capítulo 24.

-¡Te mato! ¡Por..." /> Existen personas que no deberían amar… Parte 25 – El Perla Negra


Síguenos en Facebook:


Historias

Publicado en julio 2nd, 2015 | by Wendy Rios

5

Existen personas que no deberían amar… Parte 25

Capítulo 24.

-¡Te mato! ¡Por dios que te mato!- Me encontraba discutiendo con Lisandro acerca de su forma de hacer que Emilie no se marchara.

-Creí que querías que ya no te ocultara nada… Mejor amigo.-Se burló de mí. Este tipo lograba cabrearme

-¡Jodido bastardo, deja de bromear!-

-Bueno… No tenía tiempo de comprar flores… Dijiste que no debía regresar sin ella, por eso tuve que hacerlo-

-Te voy a matar maldito escritor pervertido. ¡Fue un error comprarle aquel boleto a Emilie!…- Maldición… Estaba tan molesto por sus palabras, que sin darme cuenta me delaté.

Lisandro sorprendido, con los ojos como platos, tampoco esperó esa traición de mi parte.

-Álvaro… ¿Lo hiciste a propósito? ¿Sabías que aceptaría mis sentimientos?-

– . . . ¿Tienes algún problema con eso?- Exclamé en un tono bajo desviando la mirada.

-¿Qué hubieses hecho si Emilie realmente hubiera abordado aquel autobús?- Preguntó seriamente.

-No es tonta… Además, sabía que llegarías antes de que sucediera aquello…-

-Te estás contradiciendo. Pensé que el futuro no se podía predecir.-

-¡Cállate! ¿Así es cómo me agradeces?- Maldito Lisandro, a todo le encontraba una forma de joderme.

-Sí, si… Estoy realmente agradecido contigo. Pero nunca esperé que hicieras algo así por mí. Tú supusiste que no llegaría a tiempo ¿verdad?- Sonrió revolviéndome el cabello.

Cuentas Netflix

-Tú cabeza es un lio. Tardas mucho en ordenar una idea y en dar respuesta. Perderías minutos antes de que entendieras.- Me avergonzaba decirle eso, de cierto modo fui un egoísta. –Pero, no es como si lo hubiese hecho por ti. Yo no quería que Emilie se fuera… Probablemente, si tú no hubieras ido, sería yo quien fuera por ella a la terminal con una excusa creíble-

-Jaja, te odio…- Comenzó a carcajear. –Antes mentías mejor Álvaro ¿Qué ocurre?- Se sentó en el sillón despreocupadamente.

-¡Es la verdad idiota!- Me estaba poniendo realmente incómodo.

-Y tampoco te alterabas de esa forma… Pero, gracias.- Concluyó con su análisis así mi persona.

-Lisandro… Como buenos amigos que somos, necesito que me hagas un favor…-

-Por supuesto Álvaro, no podría negarlo.-

-¡Perfecto! ¿Podrías de todo corazón enterrarte bajo tres mil metros de profundidad en la tierra?- Sonreí angelicalmente.

-¡¿De dónde diantres sale tu aura oscura?!-

-¡¿Ahora de qué jodidos hablas?!- Ambos comenzamos a alzar la voz. Lisandro y yo teníamos un carácter bastante fuerte. Uno más infantil que el otro, pero aun así, podíamos defendernos uno del otro.

-¡¿Por qué no aceptas que lo hiciste por mi bien?!-

-¡Te estás volviendo muy arrogante! Ya te dije que no lo hice por ti-

-Ya vas otra vez… ¡Siempre negando que quieres ayudar a alguien más!-

-No voy a discutir contigo algo tan estúpido Lisandro.- Me calmé un poco. Sabía que si continuábamos, tarde o temprano saldrían palabras que nos terminarían lastimando. Si algo aprendí fue reservarme la verdad.

-Vale, pero que te quede claro que para mí, fue un noble gesto de amabilidad de tu parte.-

-Pareces mujer… Siempre buscando sacar pelea.-

-Oye… Si me das cuerda es porque tú también la quieres.-

¿En qué momento pensé que Lisandro sería buen partido para Emilie? Lo peor que pude hacer fue arrepentirme. Yo solo me condené.

-¿De qué tanto discuten?- Antes de poder responderle gravemente, entró Emilie a la habitación.

-No es nada Emi.- Traté de disimular. –Sólo le estaba agradeciendo a Lisandro el hecho de haberte alcanzado en la terminal. – Pude escuchar una carcajada por parte de Lisandro a la hora de oír mis palabras. Lo voy a matar… Algún día lo haré.

-Así es Emilie. Álvaro me estaba platicando acerca de su gran “error” ¡Oh! Y también de cómo fue que lo cometió…-

-¡Ah! Ignóralo Emilie, está delirando…- Lo interrumpí antes de que dijese una tontería. Este idiota podría delatarme con el único propósito de que yo le diera la razón.

Él comenzó a reírse. Maldito bastardo… Por fin tenía con que cobrarse todas las que le había hecho.

-Por cierto Emilie… Me gustaría que tuviéramos una cita.-

-¿Una cita?…-Ella se puso nerviosa ante la inesperada invitación de Lisandro.

-Sí, quiero compartir recuerdos contigo. Además de que necesito enseñarte varias cosas que desconoces.- Le guiñó el ojo derecho. ¡Maldito pervertido! Mira que proponerle algo tan vulgar frente de mí.

-Lisandro… ¿Sobrevivirías de agua y semillas?-Pregunté curioso.

-¿Eh? Supongo que sí… Me aterra la pregunta y no sé si preguntar el porqué de la misma.-

-Digamos que es lo que estoy pensando en darte de comer una vez que te encierre en una jaula.- Agregué calmado.

Emilie soltó una risilla, algo tierna e inocente. Comencé a odiarme por permitir que un lascivo como Lisandro fuese su primer novio. Maldita sea, había sacrificado a mi pequeña prima. Fui un idiota.

-Terminaré de desempacar… Álvaro gracias por aceptar mi inesperada decisión.-

-Para nada, me alegra que no te hayas marchado.-

-Gracias, espero no ser una molestia.- Parecía nerviosa. Toqué sus hombros y le sonreí. El que yo les ayudara a estar juntos, fue porque una parte de mí quería contemplarla siempre. Ahora que lo pienso, fue algo egoísta y cruel, porque de principio sólo pensé en mí. Pero, no importaba. Ya no había nada que remediar.

Ella se marchó dejándome con el burlón de Lisandro. Nunca me había sentido tan chantajeado como en esos momentos. Probablemente era el precio que tenía que pagar por mis arrogancias.

-Álvaro… Necesito preguntarte algo que ha estado rondando en mi cabeza cuando conocí a Valeria.- ¿Por qué justo ahora te mencionaba? No pude evitar sentir un pequeño tirón del pecho. Me puse realmente incómodo y nervioso.

-¿Qué es?- Pregunté un tanto aturdido. No quería más aclaraciones como la de Katherine.

-¿Tú realmente puedes amar?- ¿Y ahora que estaba diciendo? ¿Podrías ser que él se diera cuenta de nuestro pequeño juego?

Estás diciendo estupideces otra vez. No creo que amar sea de poder. Simplemente considero que existen personas que no deben amar porque comenten errores que son irreversibles. Actúan a base de sentimientos y no de razón. Siempre intentando ver el lado positivo a todo, cuando en realidad se han puesto una venda en los ojos para huir de la verdad. No hay personas que odie más que aquellas.-

-Quizás tengas razón… Pero, sin darte cuenta tú cambiaste Álvaro. No solías ser el tipo de persona que prestara atención a una relación. Nunca cuidabas un detalle. Jamás pensabas en la persona. Finalizar una relación para ti era como borrarla del planeta. Me di cuenta de aquel cambio cuando noté tu sonrisa en aquella foto. Era la primera vez en mucho tiempo que la vi de una forma sincera y pura. Además de que en aquel malentendido, fácil pudiste abandonar todo. Pero, te empeñaste en querer aclararle la verdad. Es más, te has exaltado cuando escuchaste su nombre ¿no es así? ¿Acaso sigues pensando en ella? ¿Hasta cuándo abandonaras tu orgullo? ¿Hasta cuándo aceptaras que la amas?-

-Cállate… Yo jamás podría llegar a amarla… Ella está descontrolando mi vida… Siempre en mis pensamientos rondando. Preguntándome siempre qué estará haciendo en estos momentos, con quién está. ¿No te das cuenta que me está molestando?-

-O te está dando lo que has anhelado…-

-¡Ya basta! ¿Qué sabes tú?-

-Estás exaltándote de nuevo. Anteriormente hubieses dicho algo más calmado. No te cabrerías tan rápido. Pero, cuanto más lo niegues, más fuerte se volverá… Álvaro ¿De verdad eres una de esas personas? ¿Tú no deberías amar?- Salió de la habitación dejándome exhorto en mis pensamientos.

-Idiota…-Susurré escuchando el pequeño rechinido de la puerta cerrándose. Aunque odié admitirlo… Tenía razón… Yo estoy cambiando. Te estoy dando más atención de la que mereces… Siempre tratando de estar contigo… Siempre anhelándote… Deseando tenerte… No lo permitiré. Nunca lo aceptaré…

Lisandro y Emilie salieron a su “cita” Estaba un poco furioso con respecto a sus palabras. Quería meditar acerca de mi comportamiento explosivo y atrófico.

¿En qué momento perdí de vista mi objetivo? ¿Podría ser que yo solo perdí control de mis emociones? Aunque el mañana sea incierto para mí… Todavía me queda una carta. La jugaré, apostaré y arriesgaré para poder ganar… confío en que no voy a fallar.

[Ding Dong]

Me sobresalté un poco al oír el timbre de la casa. Ni siquiera tenía tiempo para hacerme una idea de quién podría estar tocando a la puerta.

Me paré un poco molesto del sofá. Necesitaba calmar mis nervios.

-Señor Crowley, menos mal que lo encuentro. Siempre se escabulle muy bien.- Llegó un señor un poco anciano, con un toque elegante y distinguido. Su rostro se notaba algo cansado por el paso del tiempo. Él era el mejor amigo de mi padre y también su abogado.

-Oh… Licenciado Brais. Ha pasado tiempo.- Le estreché la mano. No es como si me hiciera ilusión encontrarme con esta persona.

-Lo mismo digo, mira que grande te has puesto. Cada vez te pareces más a Rafa…- Se detuvo en la última palabra. Como si hubiese tragado saliva, comenzó a ponerse nervioso–Lo siento…-

-Adelante, dígalo. Cada vez me parezco más al egocéntrico de mi padre. El distinguido Rafael Crowley ¿no es así?- Comencé a burlarme.

-Si… Escuche, sé que no desea saber nada del testamento. Pero la empresa necesita un líder… Por eso le pido que lo reconsidere.-

-¿Usted cree que yo necesito algo de ese hombre? No me importa que es lo que haya asentado en aquel papel. Yo nunca esperé nada de él. Además de que, usted licenciado Brais, parece llevar a flote la empresa que tanto amó mi padre. No encuentro la necesidad de buscarme. Y por lo que sé, ninguno de los empleados sabía que el señor Rafael Crowley tuviese un hijo. Pienso que sería sospechoso que de la nada salga un heredero-

-Señor Crowley, su padre realmente confiaba en que tomase su lugar una vez crecido. Él siempre lo presumía como su mayor orgullo, por eso no se preocupe por lo empleados. Es verdad que nunca llegó a presentarlo, pero todas sabían acerca de su esposa… Usted era muy joven como para presentarse. Pero, Rafael siempre vi por usted. Su educación fue formada con alto esmero de su parte.- Terminó su largo argumento.

-Lo entiendo perfectamente… Nunca me vio cómo su hijo, sino como su sucesor ¿Eso es lo que quiere decir señor Brais?- Ni siquiera valía la pena enfadarme. Hace tiempo opté por abandonar aquel sentimiento. –Gracias… Pero. No estoy interesado en cohabitar en el mismo ambiente de esa persona.-

-Señor Crowley…-

-Basta de formalidades. Que yo sepa usted es mayor para mí. Puede llamarme Álvaro. Después de todo, usted fue el amigo de mi padre. No intente cambiar nuestros puestos que me educaron para respetar edad, no nivel de trabajo-

Él sólo suspiró ante mis negaciones.

-Álvaro, ¿no crees que es hora de dejar de guardarle rencor? Él realmente te amaba, sólo que nunca lo expresó abiertamente.- No pude evitar reírme ante su exclamación tan divertida.

-Yo no le guardo rencor, no tengo tiempo para dedicarle tal emoción. –Suspiré agobiado, esta plática no iba a ningún rumbo que me agradase. –Señor Brais, le invito a tomar algo, sería descortés de mi parte que ambos continuemos esta conversación en la entrada de mi condominio.-

-¿Huh? Gracias… Con permiso.- Se adentró a la casa, cargando lo que parecía ser un pesado portafolio.

-Por favor, siéntase como en su hogar.- Le supliqué que se sentara en el sillón de la sala.

-Eres muy amable, muchas gracias.-

-¿Café, té, soda o un poco de alcohol?- Pregunté caminando rumbo a la cocina.

-Es muy tarde para tomar algo caliente, la soda me desagrada y no bebo bebidas alcohólicas desde hace mucho. Agua está bien, por favor.- Pudo ahorrarse todas aquellas explicaciones… Pero, supongo que trataba de rechazar educadamente.

-Aquí tiene.- Le extendí el vaso, sentándome en otro sillón. Esperando a que le diese un sorbo a su bebida.

-Gracias.- Bebió hasta la última gota. Creo que en el fondo sabía que se gastaría su aliento tratando de convencerme, como siempre lo había hecho. –Álvaro… Haciendo de un lado la empresa de tu padre. Quiero aclararte también que tu antigua casa está incluida en el testamento.-

-¿Usted piensa que me agradaría regresar a aquel lugar? No tengo ningún momento agradable el cual merezca la pena recordar de esa prisión.-

-Oh vamos… Allí pasaste tu niñez. Estar solo en este lugar no debe ser grato.- Observó toda mi casa como escaneándola.

-Está equivocado. Si regreso a aquella casa. Probablemente esté aún más solo. Desde aquel accidente de mis padres, por más cruel que suene comencé a estar rodeado de personas. Por eso, no hay ningún objetivo de regresar al pasado Licenciado Brais. Además de que en estos momentos no vivo solo. Comparto está casa con un amigo.-

-¿Un amigo? Interesante, recuerdo que cuando te conocí parecías una persona solitaria y reservada.-

-Eso ha sido grosero, señor Brais. ¿Insinúa que cuando nos presentamos me sentenció para no tener ni un amigo? No soy tan introvertido.- Sonreí un poco. Realmente no estaba ofendido porque yo también llegué a pensar lo mismo.

-No quise decir eso… Me disculpo, si te incomodé.-

-No se preocupe. Su nombre es Lisandro, Lisandro Riveil, lo conocí antes de que me avisaran sobre la muerte de mis padres. Desde ese entonces él ha estado a mi lado. Junto con mi pequeña prima.-

-Espera… ¿Has dicho Riveil?-

-Si… ¿Hay acaso algún problema?- Pregunté mirándolo confuso. Parecía horrorizado y extrañamente perdido en sus pensamientos. -Licenciado Brais. ¿Usted lo conoce?

-No, lo siento. Conozco a su madre… Pero, nunca pensé que ustedes dos se llegarían a encontrar algún día…-

-¿Qué está diciendo? ¿Acaso hay una razón en especial para nunca encontrarnos? El mundo es pequeño.-

-No me digas que tú no…- Pausó nerviosamente. Como si estuviera a punto de decir algo que me estaba ocultando. –Olvídalo… Me he desviado.- Comencé a intrigarme acerca de lo que dijo. Esté señor estaba escondiendo algo que parecía muy importante.

-Ya veo.- Estaba un poco incómodo. El silencio había predominado por unos segundos.

-Cierto… Hablabas acerca de tu prima… No sabía que Rafael tuviese sobrinas.-

-Para nada. Perdí contacto con la familia de mi padre. Mi prima fue sobrina de mi madre. Se llama Emilie Miller.- Le extendí una fotografía de ella para que la pudiese contemplar mejor.

-¿Ah? No puede ser, es toda la imagen viva de tu madre. Tiene un gran parecido con Fernanda. Es como verla, sólo que más joven.-

-Lo mismo pienso yo. ¿Ahora entiende por qué no debo regresar a aquella casa? Si me voy ahora, me quedaré solo.-

-Probablemente tengas razón… Pero, ¿realmente abandonaras todo?-

-No, nunca fue mío. Más bien diría rechazar. No aceptaré tales cosas provenientes de una persona que me explotó de pequeño.-

El licenciado Brais suspiró, resignado. Anteriormente siempre fue así. Yo rechazaba y el regresaba cada 6 meses o quizás más. Me sorprendía siempre su tan ardua insistencia.

Cuentas Netflix

-Álvaro… Tu padre realmente quería que lo sucedieras. No había otra cosa que anhelaba más que verte triunfar. Por eso, yo cumpliré con sus peticiones. Por favor reconsidéralo.- Abrió su portafolio y sacó una gran carpeta de color beige con un sobre blanco muy bien sellado. –Toma, puedes leer el testamento. Oh, y está es una carta que Rafael escribió para cuando tú fueses un adulto. Puedes leerla si gustas. No estás obligado.-

Tomé ambos papeles y le agradecí por su entrega. Dudé un poco con respecto a la carta. Podría ser un engaño de su parte para que yo aceptase dirigir la compañía.

-Si no hay nada más que decir, creo que me retiro. Gracias por escucharme. Me ha dado un gusto saber que estás mejor. Adiós.- Se despidió estrechándome nuevamente la mano.

-Que le vaya bien-

Una vez marchado. Exhausto decidí entrar a tirarme sobre mi cama y dormir tranquilamente. Ni siquiera me interesaba la supuesta carta de mi padre. Si para no regresar al pasado tenía que borrar el indicio de este en el presente. Yo debía tirar la carta, pero había decidido guardarla. Quizás algún día la leería. ¿Con qué objetivo? No lo sé, tal vez era un poco curioso.

Recordé entonces acerca de lo que dijo de Lisandro. Nuevamente sentía una inquietud en el fondo. Quería saberlo, pero se había detenido.

Tales pensamientos de nuevo fueron interrumpidos por el sonar del timbre. ¿Ahora quién? Podría ser que el licenciado Brais haya omitido algo y sólo regresaba para decírmelo. Era molesto, pero tenía que atenderlo, después de todo, Isabel y él cuidaron de mí.

-¿Qué ocurre señor Brais?- Pregunté al instante que abrí la puerta. Oí una risilla, algo molesta pero familiar.

-Lo siento Álvaro, creo que no soy el señor Brais.- Sonreíste burlándote un poco acerca de mi suposición.

-Perdón, acabo de tener una visita y pensé que eras él.- No pude evitar observarte. Maldición ¿Por qué cada día que pasaba te veía más hermosa? Tu largo cabello suelto brillándome. Tu leve maquillaje que hacía resaltar tu vista. Tu fragancia que me invitaba a abrazarte. No hay duda alguna. Si no te tengo, te deseo. Así funciona ¿verdad? Igual que un objeto material.

-Por lo que veo, no recibes muchas visitas ¿no es así?- Dijiste dulcemente. O al menos así lo percibí… -Entonces, ¿me vas a dejar entrar o tengo que pedírtelo?- Bromeaste.

-La sutileza nunca fue lo tuyo ¿cierto? Adelante pasa a la cueva del lobo. Claro, si no temes ser mordida.-

-¡¿Qué estás diciendo?!… Idiota.- Comenzaste a ponerte nerviosa y levemente te ruborizaste. –Sin embargo, “el lobo” tiene correa, así que supongo que estaré bien- Volvió tu forma arrogante y pasaste esquivándome.

-No del todo. Puede ser que alguien la haya roto. Después de todo, no era un perro.-

-¿Eh? ¿A qué te refieres? Tú y Katherine…-

-No es nada. Vamos-Te interrumpí y posé mi mano sobre tu espalda guiándote hasta el vestíbulo. –Y bien… ¿A qué has venido?- Pregunté sentándome en el sofá. Tú hiciste lo mismo y me observaste por breves momentos.

-No vine por una razón específica. Sólo quería saludarte.- Lógicamente estabas mintiendo.

-Ya veo. ¿Cómo sigues?- Pregunté recordando tu accidente. No es como si realmente me importara tu salud. Pero, realmente me tenías preocupado.

-Mucho mejor, gracias de nuevo… Escucha Álvaro… Quería disculparme por la actitud tan estúpida de Joel.- Agachaste la mirada avergonzada. ¿Por qué eras así? Siempre culpándote de tales cosas. Quizás esa sea la parte que odié más de ti.

-No me molesta en absoluto. Además de que no tienes por qué disculparte. Tú no eres responsable de nada.-

-Aunque digas eso, realmente prefiero que sea así- Comenzaste a inquietarte jugando con tus manos. -¡Oh! Casi lo olvido. Toma.- Me entregaste una bolsa blanca. –No sabía cómo agradecerte, así que le pedí a mi tía que me ayudara. Sé que no te gustan mucho las cosas dulces, pero me esmeré en hacerlo. Por favor acéptalo.- ¡¿Desde cuándo te habías vuelto tan tierna?! Te odio…

-Gracias. ¿Qué es?-

-Oh… Es pastel de queso con mermelada de zarzamora. Espero que te guste.- Volviste a sonreír. Me sentí un poco cabreado. Sentía que me estabas retando.

-No tenías que hacerlo-

-Por eso es un agradecimiento Álvaro–

-Pensé que sólo venias a saludarme- Sonreí un poco por tu descuidada confesión.

-Si… Pero… Yo…-

-Ni siquiera tienes una excusa. –Me reí un poco ante tus reacciones. ¿Qué ocurría? Estar contigo hacia que mis preocupaciones exteriores desaparecieran.

-Me has atrapado.-Relajaste tus hombros, como con más confianza.

-Entonces supongo que te quedaras a degustar el pastel conmigo.-

-¿Eh?… No. Yo ya me iba.- Comenzaste a arreglar tus cosas de manera apresurada. ¿Qué te ocurría? Pareciera que deseabas irte lo más pronto posible. Como si yo lo fuese a permitir.

-Que cruel, me dejaras solo.-

-¿Lisandro no está contigo?- Preguntaste sorprendida, calmando más tus acciones.

-No, salió a una “cita”-Hice comillas con mis dedos.-con mi prima. Digamos que fue culpa mía que esos dos hayan terminado juntos.- Exhalé agobiado.

-¿Enserio? Quién lo diría. Pareces cupido…-Sonreíste de una forma extravagante y única. Hacía tiempo que no veía tu sonrisa, ni siquiera entablaba una conversación así. Cuando quieres dejas de ser molesta y ruidosa.

-¿De verdad? Entonces, creo que sería conveniente tirarte una flecha.- Volviste a ponerte nerviosa. Que problemático, parecías una niña. Era fácil jugar con tu corazón.

-Por favor, deja de bromear…- Me imploraste con una mirada triste. Aquellos ojos tiernos, fueron como una punzada en mi pecho.

Tenía que cuidarme. Estos pequeños gestos de tu parte me hacían erizarme. Y si las palabras de Lisandro tenían verdad, debía alejarme. Pero eso sería como admitir una derrota, cosa que no aceptaría aunque me la pusieran en charola de plata. Yo todavía no estaba acabado. No mientras tú siguieras prendada de mí. Por tu sonriente rostro me estaba dando cuenta, que aquella herida, la estabas logrando cicatrizar. Entonces permíteme ser de nuevo la infección. Aquel que no te dejé salida, para que el mar te pueda tragar.

-¿Quién está bromeando- Besé tu mejilla. Lo sabía, sigues usando la misma fragancia. Tu piel sigue siendo igual de suave y aún te sonrojas por un gesto tan insignificante. ¿Por qué no había descubierto aquello que me inquietaba? No encontraba aquello que me hacía estremecerme. ¿Quién rayos eras tú para hacerme sentir de esa manera?

-Deberías dejar de hacer eso… Tú tienes a Katherine… ¿Por qué me ilusionas de esa manera?… Que cruel eres…-Comenzaste a sollozar con una voz casi tenue.

-Katherine me terminó. Ella y yo no somos ni amigos Valeria.-

-¿Eh? ¿Te terminó? ¿Por qué haría eso? Quiero decir… Eres amable, gentil, dulce, tierno…-Bajaste el tono de tu voz. En verdad eras un tonta. Mira que catalogarme con esos adjetivos. Eras tan ciega, tan vulnerable. Tanto que me desagradaba esa parte ignorante de ti.

-Valeria, una relación no se basa sólo en la gentiliza de una persona. Se debe demostrar. Supongo que Katherine lo notó. Inconscientemente, hay cosas que mostré del pasado y probablemente la hirieron. Por eso, nuestra relación no llegó a más. Y creo que lo entiendo.-

-Pero…-Toque tu mejilla, tratando de que no dijeras más. No podría inventar otra mentira.

-No pongas esa cara, eres una cría aún.- La apreté sutilmente. –Si quieres consolarme, quédate conmigo a probar tu pastel, después de todo pudiste echarle veneno.-

-¡Eso es mentira! Idiota… Sólo me quedaré para que no digas nada.- Hiciste un puchero y volteaste la mira tratando de parecer molesta.

-Pero serás tú la que lo pruebe primero. De verdad me das desconfianza.- Comencé a gastarte bromas sin sentido. Jugando cual niño travieso. ¿A dónde iría a parar?

-Como si yo pudiera hacer eso. Te odio…-

-Claro que no me odias. Sino no estarías aquí.-

-Cállate… ¡¿Por qué te gusta pelear conmigo?!- Te exaltaste un poco.

-No estoy peleando. La única que está alzando la voz eres tú.-

-Eres un fastidio cuando te lo propones.- Tu rostro molesto, sólo lograba hacer que me diera cuenta de que tan bella eras. Decidí parar con la pequeña riña, de lo contrario, terminaría confundiéndome de nuevo.

-Valeria, ¿Tú eres feliz con Joel?- Aquella pregunta salió inconscientemente. También el sonido melancólico.

-¿Por qué lo dices?… Él y yo terminamos ayer. Me di cuenta de que aún no estoy lista para empezar otra relación con alguien más… Si te soy sincera, mis sentimientos por ti no han cambiado. Soy un desastre ¿no es así? Usando una excusa tan triste para venir verte. Lo siento…- Una parte de mí, se alegró al oír tal afirmación. Estaba emocionado y eso no me agradaba. Me incomodaba, pero me aliviaba.

-Ya veo… Valeria-Llamé tu nombre.

-¿Sí?-Alzaste tu mirada, parecías un poco exaltada.

-¿Entonces no está mal si hago esto de nuevo?- Tomé tu nunca acercando nuestras frentes. Te miré unos segundos y recorrí tus labios con mi pulgar. Tu cristalina mirada era tan embriagante. Cerraste tus ojos, dándome una aprobación de que debería continuar.

Besé frágilmente el borde de los mismos. De nuevo el sabor a fresas… Joder…

Cuentas Netflix


Publicado por



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir ↑