Capítulo 25.

Ambos prolongamos ..." /> Existen personas que no deberían amar… Parte 26 – El Perla Negra


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Historias

Publicado en julio 4th, 2015 | by Wendy Rios

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Existen personas que no deberían amar… Parte 26

Capítulo 25.

Ambos prolongamos aquel beso. La pasión, el deseo y la ansiedad, estaban revueltos con lo que podría ser la necesidad de buscarnos el uno al otro. Es molesto, es abrumador e irritante, pero sí de ese modo podría tenerte, debía tomar precaución.

De negro tu realidad yo la pienso pintar, por eso no debía correr riesgo. Una caricia o una sola palabra, podría derribar el grueso muro de concreto. ¿Qué lograría con volver a rendirme a tu encanto? ¿Qué conseguiría de un encuentro sexual? Nada… La respuesta era tan clara. No había sentido doble, voltearas como voltearas el asunto, siempre sería así. No había nada que dar ni nada que recibir a cambio. Sólo una farsa y un engaño. Pero eso era inservible, no sólo para mí, sino también para ti.

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Siempre he querido decirte una cosa. Una simple y llana pero poderosa palabra. Una que quizás podría hacerme regresar a mis pacíficos días. Aquellos en los que sólo me preocupaba en mis actividades diarias.

-Álvaro… Creo que deberíamos parar…- Sonreí engatusadoramente ante tu suplica. Que linda te veías tratando de detenerme.

-Te dije que tuvieras cuidado… Bajaste la guardia… Demasiado diría yo.- Te recosté en la cama y de nuevo te besé.

Nunca me enamoraré, jamás lo haré. Si te veo solamente como un juego, podré soportar este deseo. Aunque probablemente mi orgullo sea superior a ese amor tan gracioso que tú inventaste.

Lentamente, de una manera delicada, bajé mi mano hacía tu muslo, haciendo que te estremecieras por el contacto. Cada mordida a tus labios hacía que tu cuerpo se calentara. Lo mismo que el roce de nuestras lenguas. Sólo tú lograbas sacar mi perversión, así que debías empezar a aceptar mis reglas. Ninguna chica como tú me atará, recuerda que sólo eras mi presa y nada más. Entre tú y yo no debe existir algo más que no sea físico.

Tomé tu mano y la apreté con la mía. Respiramos en el mismo tiempo, ambos agitados y desesperados. ¿Qué más dará entregarme a ti? No necesito tu amor, solamente eres de una diversión. Cuando menos te des cuenta, pasarás a ser otra más.

Tu mirada de inocencia y depravación a la hora de lamer tu cuello, sólo me excitaba. Si intentabas buscar una salida, temo que las llevabas de perder. Metí mi rodilla entre tus piernas. Quería que memorizaras cada momento, para que así me convirtiera en tu vicio.

Presuroso, retiré mi playera y volví a aprisionarte con mis manos. Tu mirada llorosa, tus mejillas ruborizadas y esa tierna expresión de placer, eran sumamente deseables.

Limpié una descuidada lágrima que salió de tu cristalino parpado. Unos segundos, ambos permanecimos inmóviles ante el encuentro de nuestras miradas. Lo lascivo y lo puro enfrentándose con una cierta desventaja para el último.

Sin despegar mi mirada hacía tu rostro, comencé a desabrochar tu camisa. Cada botón era desesperante, pero también provocador.

Rodeaste mi cuello con tus brazos y rápidamente te alzaste para abrazarme. Estabas un poco agitada y temblando.

-¿Qué ocurre?… ¿Estás bien?- Posé mi palma sobre tu espalda sumergiendo mi cabeza sobre tu cabello.

-Dime… ¿Qué es lo que somos?… Por favor… Explícamelo- Tus palabras parecían pequeños susurros desvaneciéndose en la nada. Si aquello era tu preocupación, no podría evitar sonreír para mis adentros. En un momento como este, se te ocurría decir tal estupidez.

-Sólo pídeme que es lo que quieres que seamos… Y así será- Susurré a tu oreja para después morderla. No permitiría que me desviaras del tema.

Gimoteaste un poco tratando de ocultar tu voz. ¿Por qué lo hacías? Aquello era un estimulante para mí.

Tomé y alcé tu rostro para volver a besar la comisura de tus labios, deseando que sólo así me permitieras continuar con el desbroche de tu prenda. Retiré cuidadoso tu camisa y pude contemplar el diseño de tu sostén… Seguías siendo una niña. Aquel estampado de pingüinos sonrientes lo confirmaba.

-Oye… Son lindos de cierto modo.- Me levanté para reírme un poco. No podía ignorarlo, realmente me hacía gracia. ¿Cómo se supone que debería continuar al ver eso?

-¡Idiota…!-Cubriste tus pechos molesta, pero de una forma sumamente infantil. Estabas realmente sonrojada. Eso me hizo sonreír inconscientemente. Un poco de nostalgia se adentró en mi pecho… ¿Yo estaba extrañando mis momentos a tu lado? No es como si pudiera admitirlo libremente… -¡Deja de reírte es vergonzoso! Si hubiera sabido que tú…- Bajaste el tono de tu voz. Poco a poco iba escuchando tus tonterías una vez más.

-O sea que si supieras que terminaríamos así, ¿te hubieses arreglado para mí?- Sonreí gentilmente.

-¿Eh?… Por… Por supuesto que no. Eso no es lo que quería decir.-Parecías nerviosa e insegura con tus palabras. Suspiré prolongadamente por tu falta de honestidad y por las interrupciones que me estaban irritando.

-Bueno, realmente no importa. Está bien de esa manera, ya que no lo necesitaras ¿cierto?- Me acerqué a tu rostro y besé tu mejilla.

En un movimiento rápido solté el broche de tu sujetador. Diste un pequeño brinco y me abrazaste tímidamente.

-Escucha Valeria, se acabaron las distracciones… Es el momento de decirme si deseas que continúe, porque una vez que empiece, no me detendré.-Volví a ponerme encima de ti.

Me miraste unos segundos con unos tiernos ojos acuosos. Tu mirada era confusa; parecía gritarme que parara pero a la vez me suplicaba que siguiera. ¿Cuál ganaría? Eso lo decidiría tu respuesta.

-Qué cruel eres… Hacerme decir cosas tan indecentes…- Desviaste tu mirada. De verdad eras tan hermosa y delicada.

-Sólo quiero oírlo de tu boca…- Acaricié tu mejilla.

-Yo te quiero, así que… Por favor hazme sentir que me amas, que soy tuya.- Cubriste tu rostro. Esas palabras fueron un golpe muy fuerte para mi ego. Por supuesto que eras mía. De eso no había duda alguna.

-Es una buena afirmación Valeria… Yo también soy sólo tuyo…- Ni siquiera con Katherine me había entregado de esta forma. Tú tenías algo especial, algo único que me volvía loco. Mientras aumentara el palpitar de mi corazón, la adrenalina crecería.

-Álvaro… Te amo.- No me molesta que lo digas, lo que más odio son tus palabras después de todo. Yo realmente no lo entiendo… ¿Qué es el amor? Cada vez sentía mayor impotencia. Ciertamente me horrorizaba cuando perdía mi control a la hora de verte, de sentirte y de tenerte. Por eso, debía convertirme pronto en una adicción para ti.

-Lo sé… Yo también te amo.- Esa frase tan sólo es una mentira cruel. Tu enamoramiento era un error. Sólo sufrirás, como otros sufrieron… Si no estabas preparada para soportarlo, no me importaba continuar. Estoy pensando en ti todos los días… Jamás entenderías esta aberración. Hay tantas cosas que quiero decirte, más prefiero salir sólo vencedor.

Aquel beso apasionado fue únicamente por el momento. Por más dulces y empalagosos que fuesen, los deseaba. Tu voz, tus suspiros, tus lágrimas, tus caricias. Todo de ti…

No existe el amor, al menos entre tú y yo. Así funciona mi mundo. Tú decidiste entrar en él. Intentabas anclarte a mí creyendo que yo sería tu soporte, pero déjame decirte que jamás lo conseguirás conmigo. Y aunque te dieras cuenta, de este vil juego nunca saldrías.

Los sentidos se adormecen, las emociones se desbordan y la conciencia desaparece ante tal acto inmoral. Es molesto que mi cuerpo reaccione y se entregue a ti deliberadamente… Supongo que es parte de la diversión…

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Es una y otra vez la misma historia. Es tan divertido utilizarte, atormentarte me extasía. Dañarte debería ser considerado un arte. Me aprovecharé de que sé que me amas para saciarme. Era gracioso que no entendieras que sólo me divertía, pues eso era lo único de ti que yo quería. Soy egoísta, eso lo acepto. Si supieras que sólo deseo salir victorioso. Tenía que manipularte nuevamente, moldearte igual que una arcilla. La razón y el amor. Todo eso me da igual. Yo simplemente tengo pensamientos que me revuelven mi cerebro que tengo que apagar pronto.

Nuestras voces resuenan por toda la habitación, en una curiosa sincronía. Puede que me he estado volviendo gentil. Las cosas más sencillas de la vida, pueden volverse las más poderosas, entonces debería utilizarlas a mi favor.

Agotada ante algo tan vacío como el sexo, te recostaste sobre mi pecho. Estabas un poco agitada y exaltada. Qué triste que llegaras a tu límite. Sabía que no aguantarías más. No importaba, pues no debía ser agresivo. Un pequeño cordero no podría igualar el instinto de caza de un animal salvaje.

Estaba decidido, regresaría a ti. Empezaría de nuevo la historia, pero esta vez no cometería errores de nuevo.

Me paré cuidadosamente quitando tu brazo de mi cuerpo. Dejé que durmieras un poco más. Mira que agotarte tan rápido. Qué divertido.

Fui directo a la regadera para poder limpiar mi cuerpo de esta suciedad. Estas sensaciones tan denigrantes que sólo me hacían perder la razón.

No sabría que excusa poner si Lisandro y Emilie regresaran pronto y te encontraran. Escucharía de nuevo el cuestionamiento de Lisandro y una triste reprimenda. Tenía pronto que relajar mi cuerpo, hacer entrar en razonamiento mi cerebro y por último meditar lo sucedido. Las tonterías que se llaman valores, no estaban siendo aplicados en esos momentos.

Me tranquilicé un poco después de que el agua fría me bañara. Nunca en mi vida llegué a pensar que tú serías mi estimulante para este tipo de cosas.

Regresé a la habitación donde pacíficamente dormías, tan calmada y serena. Cubrí tu cuerpo desnudo con una manta. Era hermoso contemplarlo no lo voy a negar, pero no quería recordar lo que acabábamos de hacer. Con tranquilidad me senté en el borde la cama para poder observar tu rostro dormitar.

Eras tan linda en esos momentos. Tu semblante tranquilo y tu suave suspirar. Tus labios entreabiertos, una expresión tan infantil y pura. Rocé tu mejilla con mi dedos; lenta y paulatinamente. Sabía que no resistiría mucho tiempo, y así fue. Me acerqué a tu rostro y besé tus labios que parecía que me invitaban a degustarlos.

Sorprendido por mi falta de control, me alejé rápidamente. Tu ligero movimiento me exaltó un poco. Besé tu frente y me recosté a tu lado. Abrazándote de una forma en la que rogaba que no se repitiera. Que cálido era tu cuerpo. Tener cerca tu aroma y sentir el palpitar de tu corazón era un problema severo para mí. Sólo por esta vez me rendiría a ti…

Calculo que una hora o quizás menos, permanecimos en esa posición. Despertaste presurosa buscando tu ropa. Contemplé cada acción tuya. Sonreí ante tanta angustia de tu parte.

-Me tía me matará, lo sé.- Eras menos inocente que la última vez, sin embargo no me molestaba.

-Tranquila, siempre puedes llevarte mi ropa…-

-Deja de bromear.- Te sonrojabas por mi tan considerada sugerencia.

-No era una broma.- Aclaré riendo. Sentí una almohada que aventaste en mi cara.

Velozmente te vestiste y medio arreglaste tu cabello.

-Álvaro me tengo que ir… Con respecto a lo que dijiste… Yo…-

Te miré unos segundos, parecías nerviosa. Alcé mi cuerpo de la cama y me acerqué a ti.

-Fui yo quien decidió terminar todo ¿cierto? Y ahora mírame, de nuevo queriendo arreglar las cosas. Fui un idiota Valeria, me dejé llevar por impulsos… Pero, realmente quiero estar contigo otra vez, por favor dame una oportunidad.- Tomé tus manos y las besé.

-Álvaro… No sabes lo feliz que me haces- Sentí tu tierno abrazo.

Conversamos un poco antes de despedirnos en la entrada. Era gracioso, nunca había regresado con mis ex novias. Todas se habían quedado en el olvido.

-Puedo llevarte si gustas.-

-No gracias. Si me tía me ve contigo, sé que me hará muchas cuestiones. No quiero responderlas por ahora. De todas formas, gracias. Eres muy considerado.-

-Entonces ten cuidado… Amor.- Intenté que recordaras nuestros pequeños apodos. Por segundos te sorprendiste y después me sonreíste amablemente.

-Sí… Adiós.- Te alzaste un poco y me besaste rápidamente.

En ese momento escuché el sonido de la puerta abriéndose.

-¡Llegamos!- Gritó Lisandro sonriendo. Seguido de Emilie. Maldición… ¿Por qué en esta situación? –Oh… Disculpen- Se sorprendió un poco por verte de nuevo.

-Ah… Después de mucho tiempo es bueno verte Lisandro.- Sonreíste nerviosamente.

-Lo mismo digo, me sorprende tu visita y también… Ohm… ya sabes… ¿Ustedes dos volvieron?- Se trataba en cada oración.

-Sí.- Intervine en su conversación. Él me observó confundido, y extrañamente sorprendido.

-Ya veo… Me alegro por ustedes.- Volvió su sonrisa.

Emilie parecía no entenderlo muy bien. Supongo que era normal, relación contigo no tenía mucho.

-Tú debes ser Emilie, la prima de Álvaro ¿cierto? Quisiera disculparme contigo, por mi actitud tan estúpida.-

-Me tiene sin cuidado. Descuida, no es la primera vez que me malentienden. Sin rencores.- Te extendió la mano con una grata sonrisa. Ambas sonrieron estrechando sus manos.

-Gracias, bueno me tengo que ir… Fue un placer volver a verlos- Corriste cual niña pequeña hacía la salida. Al cerrarse la puerta sentí la mirada interrogante de Lisandro.

-Me vas a explicar lo ocurrido, tú vienes conmigo.- Me tomó del brazo.

-¿De qué hablas? El único que tiene que interrogarte soy yo. ¿Por qué han tardado tanto?-

-Bueno fuimos a muchos lugares… ¡Espera! No me cambies el tema.-

Emilie sólo se reí ante nuestra pequeña discusión.

-Escuchen, yo tengo que ir a ver a Isa. Dijo que tenía algo importante que decirme. Nos vemos.- Le dio un besó en la mejilla a Lisandro.

-Si, ten cuidado.- Fue correspondida por él. Mi frágil prima… Joder, lo admito eran celos, pero sabía que llegaría el momento en que la vería así. Por un lado me aliviaba el que fuese Lisandro.

-Ahora sí, dime ¿qué ocurrió? – Volvió su interrogante una vez que Emilie se fuese.

-No entiendo por qué debo darte explicaciones.-

-Hace rato, parloteabas acerca de que te molesta y que nunca podrías llegar a amarla, y ahora resulta que han vuelto en una relación. Explícame eso que aún no termino de entenderlo.- Me miró de una manera sería e intimidante.

-Fue simplemente por las jodidas palabras que argumentabas. Me molesté un poco y hablé sin pensarlo. Ella vino y las cosas se dieron por si solas. Deberías alegrarte por mí en vez de cuestionarme.-

-Claro que me alegro, te relajas más cuando estás con ella, pero el que admitas tus sentimientos, me preocupa. Tú sabes que eres muy importante para mí ¿verdad?- Me tocó de los hombros mirándome nostálgicamente.

-Sí, lo sé. No te preocupes, sabes como soy de terco. Así que descuida, estaré bien-

-De acuerdo, confiaré en ti- Volvió a sonreírme.

-A propósito ¿Recuerdas al señor Brais?-

-¿Eh?… Si- Gesticuló una cara de nervio.

-Bueno, llegó hace rato con la misma propuesta absurda del testamente. Pero hubo algo que me intrigó un poco. Mencionó a tu madre y dijo algo acerca de que le sorprendía nuestro encuentro. ¿Sabes a qué se refería con eso?-

-Para nada…- Parecía inseguro con sus palabras. Pronto sentí que se estaba incomodando. Él probablemente estaba ocultándome algo.

-¿De verdad? Porque no lo parece.- Quise presionarlo un poco.

-Álvaro, estoy cansado. Quiero ir a relajarme un poco. Iré a bañarme.- Desvió el tema y pasó esquivándome. Lo sabía, no quería decirme nada.

Traté de olvidar el asunto. Incluso pasó alrededor de dos meses, sin embargo, aquello seguía tan latente. Me intrigaba, quería saberlo… No importaba cuanto tiempo transcurriera, algo de mí hacía que no olvidara. Incluso mis momentos a tu lado, no hacían que lo olvidara.

Una tarde Lisandro me llamó al móvil.

-Están encima del ropero Álvaro.-

-Sí, sí, ya entendí Lisandro. – Subí en un banco y con dificultad debido al celular, bajé una caja marrón.

-Pero espera, es una caja vino- Demasiado tarde me dijo.

-Joder, pudiste haberlo dicho de principio- Volví a subir la caja tratando de tener cuidado. Pero el banco comenzó a tambalear y la caja resbaló de mis manos esparciendo cientos de papeles. -¡Maldita sea!- Exclamé.

-Alva ¿estás bien? Joder macho que golpe más seco.-

– Estoy bien, sólo fue la caja que se cayó, te llamó después que tenga el manuscrito- Le dije a punto de colgar.

-Date prisa por favor- Rogó Lisandro.

-No tengo la culpa que al “escritorcito” se le olvidase su redacción-

-Lo sé, pero de verdad cuento contigo- De la otra línea pude escuchar el sonido para colar. Guardé mi teléfono en el bolsillo de mi pantalón. Con ambas manos bajé la caja vino. No hay duda alguna que se trabaja mejor sin ninguna distracción. Coloqué la caja sobre el escritorio y me dispuse a recoger las hojas esparcidas.

Lisandro tenía un desastre. Ni siquiera me molesté en tratar de ordenarlos. Los fui apilando conforme los alzaba. Madre mía que tenía un lío.

-¡Y la última!- Proclamé victorioso. Algo de aquella hoja llamó mi atención. Tenía mi nombre y el de Lisandro en letras negras y muy notorias. Hay que reconocerlo y más que nada aceptarlo, somos humanos y la curiosidad siempre nos pica. La sostuve con mi mano tratando de que no se doblase.

-Veamos- apunto de leer, fui interrumpido por tu llamada.

-Álvaro, siento llamar tan tarde pero hay algo que debo decirte. ¿Podríamos vernos en dos horas?- Preguntaste insegura y bajando ligeramente el tono de tu voz.

Dudé unos segundos.

-Oh… Claro- respondí.

-Te espero en la plaza- Colgaste rápidamente.

Guarde el móvil en mi bolsillo, ignoré la hoja y la acomodé con sus compañeras. Suspiré y meneé mi cabeza suavemente.

¿De qué querías hablar? Me pregunté. Olvidando aquella curiosidad, tomé la caja vino y cogí las llaves del automóvil.

Una fuerte ventisca entró violentamente por aquella ventana abierta.

-¡Joder!- Exclamé furioso, pues la pila de documentos de nuevo se encontraba en el suelo. Maldecía a Lisandro a cada papel alzado. De nuevo aquella hoja tentaba mi respeto a la privacidad. Decidido a curiosear, la tomé y comencé a leer.

«Estimado señor Lisandro Riveil.

Gracias por escoger el laboratorio Unlione para ayudarlo con su análisis de DNA de paternidad, con referencia del número: 2415573

Hemos completado el análisis de un número de regiones específicas de ADN en las muestras que nos ha suministrado. Cada región de ADN específica podría tener cualquier alto número de diferentes combinaciones de secuencias molecular.

Eso significa que es poco probable que cualquiera de los dos extraños recogidos, compartieran la misma combinación de secuencia de ADN en cualquiera de estas regiones específicas. Por lo que es improbable estar al 100%. Sin embargo, esto de descarta que exista la posibilidad de parentesco.

De las siguientes muestras suministradas por la doctora Annie Wray nosotros obtuvimos los siguientes resultados con un 99.9% de precisión.

Esperamos que se comunique con nosotros en caso de que exista alguna duda con respecto al análisis…”

Debajo de esto último, se encontraba una pequeña tabla, en la cual ponía el nombre de Lisandro, seguido de mi nombre y pude leer el resultado de la prueba que decía “Emparejados”… Junto con una palabra que me dejó petrificado… Hermanos.

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