Supe que lo había perdido cuando la miró como solía mirarme, con d..." /> Fue entonces cuando supe que lo había perdido… – El Perla Negra

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Historias

Publicado en julio 12th, 2015 | by Maria Celeste Rodríguez

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Fue entonces cuando supe que lo había perdido…

Supe que lo había perdido cuando la miró como solía mirarme, con destellos de luz en las pupilas, como si su universo girara en torno a ella, la miraba y despertaba, esa mujer tenía brujería en la mirada.
Cuando nuestros encuentros se volvieron escasos y más aburridos de lo habitual, vernos era una tortura para él y una desilusión para mí, se me estaba yendo y yo no podía hacer nada para detenerlo.

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Cuando me hablaba y ya no había calidez en su voz, sólo palabras huecas y vacías, carentes de emoción. Mi nombre en su boca ya no sonaba como una plegaria o como a ese deseo que se pide cuando pasa una estrella fugaz, él ya no le encontraba sentido a mi nombre ni a su relación conmigo.
Supe que lo había perdido cuando dejó de corresponder mis besos y se limitó sólo a recibirlos, y yo, como una tonta me quedaba segundos más deseando que me tirara al suelo y me robara todos los besos que no me había dado en mucho tiempo.

Cuando sus letras dejaron de gritar mi nombre, sólo se leía mi ausencia en ellas, se veía claramente que ese poeta ya le escribía a otras musas.
Cuando me di cuenta de que nuestros días eran la repetición de anterior, todo una rutina. Lo nuestro era una muerte lenta y dolorosa, nada que ver con el mundo color de rosa que me había prometido.

Cuando dejó de dedicarme canciones, de tararear cuando estaba a mi lado, poco a poco sentía como nuestra guitarra se iba rompiendo y se le iban dibujando cicatrices, él ya no quería cantar, quería que le cantaran a él.
Supe que lo había perdido cuando me di cuenta de que ya no reía a mi lado, ni siquiera sonreía o mostraba simpatía ante mi presencia.
Cuando su corazón no se aceleraba cada vez que lo abrazaba, incluso sentía como sus brazos se ponían rígidos a mi tacto.

Cuando su rostro dejó de iluminarse cada vez que me veía, era como si hubiese visto a nadie, me duele recordar las veces en las que faltaba una cuadra para encontrarnos y él comenzaba a correr para aminorar la distancia, ya no queda nada de eso.
Cuando dejó de suspirar contra mi mejilla y contarme sus sueños bajo el cielo. Sus respiros ya no eran el mismo viento que le hacía poesía a mi falda.
Supe que lo había perdido cuando me di cuenta que, todo lo que hacía conmigo, ahora lo hace con ella, se le ve feliz a su lado.

Y debo de admitir que ella no me lo quitó, mucho menos él deseaba dejar de quererme.
Fui yo, llena de demonios y fantasmas con miedos, frígida y aburrida, monótona y obsesa del control, fui yo, que no acepté su locura en mi cuadrada vida.
Y lo agradezco, le doy gracias a ella por haberlo resucitado, por seguirlo haciendo feliz. A él, lo libero de mis cadenas. Era demasiado bueno para mí y merece lo mejor.

Lo amo, pero no voy a enjaular a un ave que nació para ser libre.

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Publicado por

Escritora amateur. Una chica de psiquiátrico. Soy un derroche de sueños e idealismo.



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