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Historias

Publicado en octubre 14th, 2015 | by Alice Headlight

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Infancia interrumpida. Parte I

-1,2,3… ¡Salta, 1,2,3… ¡Salta! 1,2,3… ¡Salta!

-¡Cariño entra a la casa para ponerte un suéter, hace frío!

-¡Ay mamá!-grito mientras continuo saltando en los charcos de agua que la lluvia había hecho sobre el patio.

Me gusta ver la lluvia por la ventana, pero me gusta más brincar sobre los charcos que se forman en el patio trasero de mi casa, he brincado tan alto que todo mi vestido esta mojado y lleno de lodo; casi siempre mi madre me deja salir a jugar después de que ha llovido, la única condición es que use suéter, esta vez lo olvidé, así que supongo que me regañará bastante.

Cuando entro a la casa, huelo el aroma de la sopa caliente y mi pequeño estómago comienza a dar gritos de hambre, voy corriendo a la cocina y veo a mi mamá limpiando la pequeña mesa que está al centro.

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-¡Pero mira nada más cómo está tu vestido, te enfermarás!- dice mientras mueve la cabeza con desaprobación, pero al final sonríe.

-No te enojes mami, sólo fue un poco- corro hacia ella, la abrazo y le doy un beso.

Mi madre sonríe nuevamente, pero esta vez con una sonrisa más amplia y dice –Bueno, ve a cambiarte y cuando termines, ve y llama a tu papá para que baje a comer con nosotras.

Yo asiento la cabeza y subo las escaleras corriendo rápidamente, me encanta correr, de hecho me gustan muchas cosas, correr, saltar, bailar, cantar, escuchar a los pájaros y acariciar a mi gato Chester. Entro a mi habitación con tanta prisa que olvido cerrar la puerta, me quito el vestido rosa que tengo puesto, es mi vestido favorito, mi mamá me lo compró cuando cumplí 7 años; sólo ha pasado un año de eso y aún me queda bien, justo a la medida.

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Lo dejo tirado en el piso y voy a mi armario para buscar algo para ponerme, pues ya tengo frío. De repente escucho cómo rechina la habitación, volteo al instante y me doy cuenta que es mi papá quien esta recargado en la puerta, es por eso que ha rechinado; me observa fijamente, no me gusta que me vea así, siento escalofríos en todo el cuerpo cada vez que lo hace; no ha pasado mucho tiempo desde la primera vez que noté que me veía diferente, supongo que no debo tener miedo porque es mi papá, él no me haría daño, él debe cuidarme.

-¿Por qué te detienes? Sigue vistiéndote, ¿o te molesta que te vea?- dice mientras se cruza de brazos.

-No papi, no me molesta. – Digo agachando la cabeza.

-Me alegra escuchar eso, no tiene por qué darte miedo que yo te vea-dice mientras se acerca a mí -Yo no te haría nada, yo te hice, no tengas pena de estar sin ropa frente a mí.

Doy un respiro profundo y me inclino hacia atrás, me siento mal, incómoda, esta sensación es mala, debe ser mala porque me hace sentir mucho miedo; mi padre se para frente a mí y me acaricia el cabello con una mano, mientras que con la otra acaricia mi brazo.

“¡Vamos a comer!” el grito de mi mamá se escucha muy cerca de mi cuarto, mi papá se aleja de mí y se dirige a la puerta, antes de cruzarla me dice- Eres muy bonita muñeca– y me guiña un ojo, se da la vuelta y sale de mi habitación, algo dentro de mí me dice: «¡Corre! Dile a mamá, él no es bueno, esto está mal”, pero sólo se me ocurre sentarme en la orilla de la cama, trato de asimilar lo que pasa, pero no sé ni siquiera qué pasa; tengo 8 años, a mí lo que me gusta es jugar. pero sé que esa sensación que sentí hace unos momentos es mala, muy mala.

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Mi mamá se asoma por la puerta y la escucho decir:

-¿Aún no te vistes? ¡Hey tortuga apúrate! Hoy hay postre.

– Sí mami, ya voy- le sonrío para que no note que algo pasa, en realidad no pasa nada, mi papá no hizo nada, sólo vino y habló conmigo, eso no es malo.

Acabo de bajar al comedor, mi papá ya está sentado y escucho que mi mamá anda de aquí para allá en la cocina, cuando mi papá me ve bajar dice:

-¡Qué bonita te ves con esa blusa! Ven acá- me hace un gesto con la mano para que me coloque cerca de él.

Me colocó a un lado de donde se encuentra sentado y él me rodea con su brazo, pero algo ocurre, ¡su mano! Su mano está debajo de mi ropa y siento que algo malo esta pasando…

Algo está comenzando y ha comenzado a darme miedo.

 

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La escritura comenzó a llenar los pequeños espacios de mi vida cuando descubrí lo maravillosa que era; tengo 22 años y he decididó tomar el camino que las letras me indiquen.



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