Y así de pronto, sin pensarlo, nuestra historia terminó; ya no hab..." /> La despedida – El Perla Negra

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Historias

Publicado en diciembre 7th, 2016 | by David Vargas

La despedida

Y así de pronto, sin pensarlo, nuestra historia terminó; ya no habrá otra página, una segunda parte, ni siquiera un párrafo más. Aquí, en el mismo lugar donde todo comenzó, aquí junto al mar testigo de nuestras locuras y aventuras, aquí bajo el arrullo del suave sonido del vaivén de las olas y los graznidos de las gaviotas, aquí en el principio del final. Una sonrisa en tu rostro y una lágrima en tus mejillas, en el mío seriedad.

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«Todo estará bien» me dices mientras me tomas de ambas manos y me miras a los ojos, «seremos amigos» me dices y no puedo evitar pensar que es la mentira más grande. Al principio nos escribiremos y nos diremos la pregunta obligada ¿qué tal estuvo tu día?, pero de a poco, lentamente y con el paso de los días los mensajes serán menos; el interés por la vida del otro se irá desvaneciendo hasta que llegue el día en que simplemente ya no habrá más mensajes, ni llamadas, ni nada.

Te vas y yo me quedo con los recuerdos; me quedo con el malecón donde de la mano recorríamos la orilla del río hasta llegar a la playa; me quedo con la banca en el parque donde abrazados nos reíamos de las personas que caminaban con prisa y en su torpeza tropezaban con otras personas igual de apresuradas, mientras que para nosotros el tiempo no pasaba; me quedo con el puente de las ilusiones donde tantas veces te prometí que siempre estaríamos juntos; me quedo con el camino que va de tu casa a la mía y que atraviesa el bosque para evitar el pueblo. Me pregunto ¿qué será de él ahora que ya nadie lo recorrerá?, supongo que morirá de tristeza; me quedo con nuestro claro en el bosque donde nos dimos nuestro primer beso, me quedo con tu recuerdo… me quedo si ti.

Las olas del mar cada vez son más fuertes, el sol se está hundiendo en el horizonte, la primera estrella brilla en el cielo y tú y yo abrazados sin decir media palabra; ambos sabemos que la hora ha llegado, la hora de soltar nuestras manos y recorrer el camino de regreso, al menos para mí, porque para ti es de ida. Es el camino más largo que hayamos recorrido jamás.

Me miras a los ojos y me dices “te amo“ y le das a mi corazón el tiro de gracia. ¿Cómo puede un «te amo» doler tanto? Acercas tus labios a los míos y me das el último beso justo en el instante en el que el sol se oculta en el horizonte. ¿Cómo puede un beso ser dulce y amargo al mismo tiempo? De pie frente a frente nos decimos adiós. Te das la vuelta y te vas caminando lentamente como si con cada paso, nuestro amor como un resorte te jalara hacia mi, pero éste se rompe y tus pasos se vuelven más firmes y te vas; y las olas se encargan de borrar tus huellas en la arena.

Hasta entrada la noche me quedo aquí sin saber qué hacer; una lágrima, solo una, recorre mi mejilla; miro hacia arriba y un avión surca el cielo hacia el mar, no se si en él vas tú; tal vez desde allá arriba miras por la ventanilla y me das el último adiós, lo sigo con la mirada hasta que sus luces se confunden con las estrellas.

«Te amo» susurro al viento con la esperanza de que algún día llegue a tus oídos, como una botella con un mensaje de auxilio lanzada al mar por un náufrago en alguna isla perdida en medio del océano.

Me doy la vuelta y regreso a casa… y mis huellas también son borradas por las olas del mar.

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