Para mis dos mejores amigas.

La familia que no escogí – El Perla Negra


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Historias

Publicado en octubre 26th, 2015 | by Liz Barojas

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La familia que no escogí


Para mis dos mejores amigas.

Dicen que los amigos son aquella familia que no escogemos. Sin embargo, no todos tienen la fortuna de hallar una amistad sincera e incondicional, la cual podría considerarse como uno de los tesoros más preciados en un mundo lleno de falsedades como en el que vivimos. Los amigos de verdad, no los encuentras a la vuelta de la esquina, siendo sincera; antes de conocer a uno, te llevarás grandes decepciones de personas que dijeron serlo y al final no resultó cierto, convirtiéndose en desconocidos que probablemente no te saludarán al topártelos por la calle. Triste pero cierto.

Y así, tendrás una larga lista de ex-amigos, de los cuales sólo quedarán los recuerdos. Conforme vamos creciendo y nos hacemos adultos, las relaciones humanas se vuelven un tanto complicadas, la afición por un grupo musical o un equipo de fútbol, no es suficiente para crear un lazo fraternal con una persona, tal como sucedía en la infancia y en la adolescencia. No, nuestros intereses y percepciones de la vida son las que van a determinar el tipo de circulo en el que nos desenvolvemos, de igual manera es fundamental a la hora de elegir a nuestros amigos.

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Y es probable que, en la vida adulta, o en los inicios de ella, halles a esa persona especial que podrás llamar mejor amigo. En mi caso, podría decirse que encontré el tesoro invaluable que antes he mencionado: una amistad para toda la vida.

No importa cuántas veces un hombre me rompa el corazón, ella ha estado ahí con palabras de consuelo y un “golpeemos al maldito”, como sinónimo de apoyo incondicional. Ha detestado a una considerable cantidad de personas que me han hecho daño, tanto como yo. En cada una de mis erróneas y suicidas relaciones, me apoyó hasta el final, aun sabiendo con anticipación el desastroso desenlace, ella sólo me animaba a que fuera feliz.

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Ha sido partícipe y cómplice en cada una de mis locuras, las cuales se han convertido en divertidas anécdotas que contaremos siendo ancianas. Me ha visto cometer mil y un errores sin juzgarme; tan sólo escuchó mis amargas derrotas durante largas conversaciones telefónicas a altas horas de la madrugada. Me abrazó y sostuvo mi mano cuando perdí a un ser querido. Y, sobre todo, tengo la confianza de contarle mis secretos, que de saberse se desataría una tercera guerra mundial.

Ella, mi mejor amiga, la que nunca me ha defraudado, la que ha entendido cada una de mis inquietudes y ha estado conmigo en los momentos más difíciles, es la que quiero que mis futuros hijos llamen “tía”, y puedo decir que el sentimiento es recíproco. Cada una de las cosas que ella ha hecho por mí, lo he hecho también por ella de corazón..

Porque más que mi amiga, la considero mi hermana, la familia que no escogí.




Publicado por

Liz Barojas

Comunicóloga, romántica empedernida, amante de la moda y el café, fiestera de clóset.



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