Nadie hubiera podido imaginar qu..." /> La noche en que la muerte llegó de visita. Parte 2 – El Perla Negra


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Historias

Publicado en septiembre 3rd, 2015 | by ARTEMIO SHAKES FAJARDO

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La noche en que la muerte llegó de visita. Parte 2

Nadie hubiera podido imaginar que el espantoso escenario que había aterrorizado a los pobladores de Lambardos, esa tétrica noche había sido causada por una fina dama y un distinguido arzobispo que en esos momentos se alojaban dentro de la iglesia del pueblo; hasta ese momento la inmensa mayoría de los habitantes se refugiaba en sus hogares presas del miedo y la angustia que esa noche había dejado en ellos, una noche que ninguno de ellos olvidaría jamás.

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El único que había atestiguado la presencia de aquellos misteriosos forasteros había sido el joven Galio, un joven de origen muy humilde que junto con su madre ciega había criado a sus tres pequeñas hermanas tras la trágica muerte de su padre, la cual por cierto aún era un tema polémico entre los ciudadanos de ese pequeño pueblo, pues se había propiciado en medio de circunstancias que nadie era capaz de explicar; ¿quién podría imaginar que un hombre decente y responsable como él saliera muy temprano en la madrugada de su casa y tomara rumbo hasta lo más profundo del bosque para realizar una especie de rito profano, el cual le costaría la vida en un incendio?

El joven era sencillo, humilde y no parecía tener nada especial, pero era muy inteligente y aunque era muy valiente, también sabía cómo cuidarse las espaldas y esquivar los líos; él era el único que hasta ese entonces había visto, al menos a distancia a los extraños visitantes responsables de agitar la calma y la paz que abrigaba a los Lambardenses hasta ese momento; sin embargo, parecía ser el único que podía concebir el sueño, pues se encontraba tranquilamente dormido embriagado por la dulce imagen de aquella bella y delicada figura que acababa de arribar a su pequeño y tranquilo pueblo, esa figura que por su porte y el tono de la voz que alcanzó a distinguir, pertenecía a una hermosa y refinada señorita.

Tan fascinado estaba por aquella fugaz visión que pasó la noche soñando en cómo podría ser el rostro de aquella dama que en esos precios instantes se encontraba descansando a pocos metros resguardada por los gruesos muros de aquel santuario, que por ahora eran el alojamiento de sus sueños. 

Sin embargo, la misteriosa damisela no estaba descansando,  se encontraba en la iglesia discutiendo con su acompañante y reprendiendo a su anfitrión.  – ¡Ustedes simples esclavos jamás podrán hacerse cargo de las tareas que le corresponden a la realeza! , mi padre lo sabe y por eso me envió aquí, para encargarme personalmente de que todo salga respecto a lo planeado, sin ningún inconveniente-, afirmó con autoridad pero con una voz tan dulce que pondría de rodillas a cualquier varón que la escuchara.

Ambos sabemos que no era necesario, ya he realizado muchas tareas para tu padre, he llevado este plan según lo establecido sin ningún tipo de problema, jamás he fallado y ¡maldición que puedo hacerme cargo de esto! – respondió el arzobispo con un tono sumamente pretencioso e irritante.

La joven sólo dio un paso al frente y lo vio fijamente, con una mirada que provocó que su alma entera se estremeciera y con un porte digno de una princesa heredera al trono de un poderoso reino se limitó a decir:  – Sólo por el respeto que le tengo a mi padre, ingoraré tu tono altanero, pero no olvides quién soy yo y si resulta que te molesta que me haga cargo de este asunto,  eso mi simple y mortal esclavo, es cosa tuya, no toleraré otra insolencia como esta, así que si no quieres saber el porqué soy tan temida y respetada en mi reino, te aconsejo que guardes tus absurdos e inútiles pensamientos para ti mismo y me muestres el respeto que yo merezco-  El atemorizado ministro tembló de miedo asintiendo con la cabeza tratando inútilmente de pronunciar palabras de disculpa.

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La joven se despidió cortesmente y se retiró a la recámara  para aislarse de sus compañeros de alojamiento, no le agradaba mucho la idea de seguir soportándolos y menos el estar en ese pueblo que a nadie parecía importarle,  pero sabía lo importante que era esa misión que debía cumplir y nada la detendría de realizarla.

El regordete párroco le acercó un poco de agua a su invitado tratando de que recobrara el aliento después del susto que se acababa de llevar con la bella Iliria, el ministro se limitó a beberla y recostarse para fingir quedarse dormido pensando en cómo deshacerse de la hermosa y letal Iliria.

La princesa se encontraba sentada sobre la cama pensando detenidamente cómo llevaría a cabo los planes que la habían llevado a ese pequeño poblado, cuando sintió que alguien la observaba, pero era imposible, no había ventanas en esa habitación, nadie podía estar viéndola; sólo había una explicación, era en su mente, alguien estaba entrando en su mente y lo había hecho con tal facilidad, que ella ni siquiera se había percatado de ello.

Sorprendida se levantó y recorrió la habitación desesperada tratando de sacar al intruso que se había atrevido a profanar sus pensamientos; molesta y asombrada se detuvo a pensar en quién podría ser capaz de invadir su mente, la mente de un miembro de la realeza tan poderoso con tanta facilidad; cuando logró expulsar al intruso recapacitó en la situación y le encontró la ventaja, la habían enviado a encontrar y eliminar a un rebelde que había traicionado a su reino. Ella no comprendía por qué se tomaban tantas molestias por un rebelde que había escapado, para ella sólo se trataba de un asqueroso traidor que no merecía que le recordaran en el reino y merecía vagar por siempre en soledad. Pero cuando vio la facilidad con la que ese misterioso sujeto entró en su mente, se dio cuenta de que no era del todo ordinario, realmente parecía tener habilidades sumamente poderosas. 

Iliria jamás cuestionaba a su padre, él daba una orden y ella la cumplía sin rechistar ni preguntar nada, sólo actuaba rápida y precisa para cumplir con la orden y no se limitaba en nada para cumplir con los deseos del Rey; en otras circunstancias, al darse cuenta de la presencia de su presa habría salido a toda velocidad por él para acabarlo sin ninguna piedad, pero en esta ocasión no lo hizo, la curiosidad pudo más en ella, no podía evitar preguntarse ¿quién era ese sujeto?, ¿por qué había escapado del reino?, y lo más importante: ¿Por qué el padre de Iliria lo consideraba tan peligroso como para enviar a su hija, a la más sobresaliente, poderosa y letal asesina de su reino para hacerse cargo personalmente del rebelde?

Esas cuestiones rondaban la mente de Iliria cuando de pronto llamaron a la puerta de la habitación, abrió la puerta pero no vio a nadie, salvo al obeso párroco y al arzobispo durmiendo profundamente en los sofás que se hallaban al final del corredor, estaba muy oscuro, pero ella estaba más que acostumbrada a la oscuridad, por lo que no representaba ningún problema para verlo todo como si estuviera a plena luz del día, entonces vio algo que la perturbó: era un sobre colocado con mucha precisión en el suelo justo frente a su puerta, ella lo tomó enfurecida creyendo que se trataba de una broma de Argun, abrió el sobre mientras planeaba la tortura a la que sometería al arzobispo por su insolente jugarreta, pero quedó pasmada por lo que vio.

Era sólo una nota, pero escrita con sangre, que decia: «Bienvenida sea usted, su alteza, nunca pensamos que nuestra humilde morada fuera digna de recibir algún día la visita de la realeza; lamentablemente no podemos verla en persona, pues si nos encontráramos, usted comprenderá que tendríamos que asesinarla y obvio nadie quiere que la más hermosa y distinguida de nuestras hermanas muera; no consideramos que sea necesario».

Iliria casi se cae al ver esa nota, ella sabía quién era el autor y no era cualquiera, era alguien sumamente poderoso y hábil, ella insistía en que no era posible, que su mente le jugaba alguna broma por el cambio de ambiente y por la invasión que había sufrido instantes atrás, pero no había duda, la letra, la sangre usada como tinta, los trazos, todo delataba al autor.

Se trataba nada menos que de su maestro, el que le había enseñado a ser tan letal y precisa, un viejo guerrero que era de los más respetados y temidos en todo el reino, capaz de hacer que incluso miembros de la realeza se inclinaran ante él.

-¡No puede ser, Armerus! –  la joven sólo se sentó a la orilla de la cama pensando en cómo era posible que un miembro tan respetado de su reino, se convirtiera en un traidor; ella sabía que Armerus había muerto, era lo que se decía en el reino, pero era más complicado que eso, estaba vivo y era ahora un enemigo del reino.

Otra cuestión preocupó la mente de Iliria, por muy poderoso que fuera Armerus, no poseía la habilidad de entrar en la mente de nadie, mucho menos en la suya y la nota hablaba en plural…

¡Eran dos por lo menos los rebeldes que tendría que enfrentar, ambos muy poderosos y estaban dispuestos a matarla de ser necesario!

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