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Sociedad

Publicado en junio 3rd, 2015 | by Edel Lopez Olan

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La transformación de lo cotidiano

En México tenemos muchas formas para referirnos a todo. Tenemos especiales formas para expresarnos del clima, del arte, del sonido, del tráfico, etcétera. Todos sin excepción en alguna ocasión hemos utilizado los términos: puto, mayate, maricón, joto, caquero, muerde almohadas, manflora, tortillera, marimacha; para expresarnos con singular desenfado sobre la sexualidad de las personas. Obviamente estos términos, en la mayoría de las ocasiones, han sido ocupados para denotar; pasar un rato agradable a costillas de alguien más; o simplemente para hacer referencia a eso que en muchas ocasiones nos falta todos los demás: Valor.

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Y es qué el decirlo no nos hace menos personas. El recibirlo no nos hace blanco de nada. Y el creerlo siempre, como todo lo referente a lo personal, quedará en la mente individual como parte de su definición o marca para toda su vida. Sin embargo, en una época donde la inclusión se ha rebasado, el ser sensibles en algo tan sencillo como una preferencia sexual debe ser considerado una pecata minuta que ni siquiera debe espantarnos.

La aparición de Bruce Jenner (padre de las polémicas Kardashians) como Caitlyn (su nombre transgénico) consterno al mundo de una forma voraz e interesante. El “acompañar” en su proceso a una persona “pública”, habla de lo mucho que desconocemos de nuestro alrededor y lo afines que llegamos a ser a manifestaciones que muchas personas llevan en silencio por temor a ser juzgados, denostados, y ejecutados en algunos países, solo por ser “diferentes” a lo dictado por la sociedad.

Pero, ¿Qué ha dictado Bruce en el orden mundial de lo cotidiano?

El leer y escuchar manifestaciones tanto en pro como en contra de la decisión de Bruce, traduce la inmadurez que aun tenemos como sociedad, donde un cambio de sexo en nuestros días tiende a ser normal, lo convertimos en una lluvia de moral sin sentido. Los rasgos moralinos, extraños y completamente desconcertantes de la sociedad ante una incapacidad de adaptarse a un cambio tan vertiginoso, asusta. El cambio de Jenner ha establecido de nuevo la falta inherente que tenemos los seres humanos en aceptar que si debemos cambiar; por muy doloroso que sean el cambio o la fuerza del mismo, lo debemos hacer con la convicción de que probablemente (o no) seamos aceptados por nuestro alrededor, por indiferente que nos parezca.

Los que tenemos hijos o hijas podemos tener en nuestro futuro un evento similar cambiando, en su momento, su destino “natural”. Debemos estar atentos a la falta que en ocasiones tenemos como individuales a una realidad que ha salido afortunadamente de la clandestinidad. Las raíces de dichos cambios o falta de identificación con uno mismo son demasiadas y tan variadas como las nubes del cielo, todos tienen sus teorías, todos tienen argumentos, sin embargo todos se vuelven nada al tratar de enfrentarse a una sociedad que carcome con la simple mirada a los que son diferentes a lo “normal”. Nuestra función como padres es apoyar de la forma que sea aun a pesar de que nuestro pensamiento vaya en contra de lo dictaminado. Bruce Jenner vino (con un aspecto artístico que probablemente sea criticable) a darle una marquesina enorme, a algo tan cotidiano como el respirar; a transformar lo cotidiano en una propaganda disfrazada de conciencia social, pero qué, afortunadamente, dará en muchos sentidos un empujón más a esta sociedad tan necesitada de lecciones de compresión, aceptación y valor.

¿Bruce Jenner es de otro mundo?… ¡No!

¿Merece los insultos y demás expresiones en contra de sus actos?…¡No!

¿Merece nuestro respeto?…¡Sí!

Crowd

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Y como todas las personas de este mundo los homosexuales del orden que sean, deben ser respetados de la forma en la cual ellos quieran asimilar su integridad como personas. Lo establecido por la sociedad debe quedarse detrás de las cuestiones morales y establecerse ya como una nueva forma de percibir nuestra realidad y nuestro entorno. La presencia de este tipo de personajes se debe convertir en un hito, que lentamente debe dejar de serlo para convertirse en algo cotidiano que no deba de asustarnos. El cambio de sexo, el cambio de preferencia, el cambio de todas las razones establecidas únicamente deben convertirse en la transformación de lo cotidiano, y debemos asimilarlo como una sociedad madura, lejana de prejuicios y tribulaciones que levantan ecos en nuestra conciencia y que desafortunadamente, como la gripa, se vuelven contagioso y mortales.

Debemos transformarnos en algo más que una simple horda llena de resentimiento, falsos juicios y menosprecio; debemos transformarnos en una sociedad incluyente, pensante y sensible, que acepte a todos que, como una artista, decida hacer un cambio de vida de la forma que sea; porqué no sabemos si probablemente el día de mañana alguien cercano a nosotros sea el siguiente.

Hasta la próxima.

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Escritor. Columnista. Apasionado del cine, el fútbol, la lectura, los videojuegos y la lucha libre. Director de Permanencias Voluntarias. Locutor del programa de radio "Sin daños a terceros"



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