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Historias

Publicado en mayo 12th, 2015 | by Maribel Santiago

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Memorias de un corazón herido

Después de tanto dolor, llanto y ganas de salir corriendo, fue que entendí que mi vida ya no era mía, ahora le pertenecía a él. Tantas noches de insomnio que parecían no tener fin, concluyeron esa noche cuando decidí aceptar la cruda realidad.

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Él no me amaba, nunca lo había hecho y probablemente nunca lo haría. Mi mundo cayó en pedazos, no encontraba un refugio para resguardarme, el caparazón que me había protegido por tantos años se había desmoronado y con él mi voluntad. No tenía a donde ir, estaba asustada, no tenía ganas de seguir subsistiendo en este mundo sin el amor de mi vida. Quien era todo para mí, a quien yo había añorado en demasiadas ocasiones tener como compañero por el resto de los días de la vida que aún tenía, cuando tenía una vida.

Y decidí perderme en la tristeza, los días posteriores a su partida se tornaron demasiado fríos e incoloros; no había más algo a lo que yo pudiese aferrarme con todo mi ser, ni que me demostrará que aun respiraba por alguna extraña razón.

No quería aceptar que en verdad me encontraba sola, y que por ninguna razón, por más absurda o insignificante que fuese, él regresaría, y me diría que todo había sido una confusión, que estaba equivocado. Eso jamás sucedería. Me estaba volviendo loca, las horas del reloj parecía que nunca avanzaban, todo en aquel cuarto frío y oscuro permanecía intacto. Y mi corazón que denotaba tanto dolor, aún por breves momentos emitía una clase de señal que demostraba que aún seguíamos vivos.

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Mi mente no alcanzaba a entender el porqué de esa acción, tantos años dediqué a cultivar nuestro amor, que al parecer todo lo malo tuvo más peso que todas las cosas buenas que juntos pasamos, tantos días llenos de nosotros, de nuestro amor. Llegaron sin darme cuenta a su fin aunque yo no deseé eso en ningún momento. Si hay algo que puedo decir, es que, entregué todo de mí, tanto hasta el punto en el que me quedé vacía y ahora estoy aquí sin él lamentándome con el corazón hecho trizas, destrozada, herida, sin sentido alguno por la vida, con los pensamientos revueltos y sin ganas de amar.


De vez en cuando aun miro por la ventana, para ver si de casualidad regresa, pero entre más lo añoro, de alguna u otra forma sé que jamás va a volver…
Inmersa en el dolor que ya no siento, y la tristeza que ha consumido ya todos los alcances que mi alma pudo tener en algún recóndito lugar de esta maldita pocilga, estoy pidiendo a gritos a Dios se apiade de mí, me brinde fortaleza para seguir luchando, pues sé que esto no ha terminado, sé que aún hay más ahí afuera, aunque en estos momentos, no tenga nada para ofrecer, sólo pido eso, una nueva oportunidad de amar y ser amada.

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