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Vida

Publicado en junio 8th, 2015 | by Rubí Martínez

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Memorias de un corazón roto

Te observaba. Tú a través de la ventanilla con la mirada fija en las nubes y divertida intentando encontrarle formas. Y como si hubieras adivinado mis pensamientos sobre ti, sobre nosotros, miraste hacia dentro, hacia mí… Y me preguntaste esbozando una de las sonrisas más sinceras que me has dedicado: “¿Cuándo lo superamos?” Esbocé una sonrisa como la que me dedicaste y alzando los hombros en señal de no saber qué responder, te quedaste tranquila. Te volviste para jugar con las nubes y te fascinaste por la manera en que el sol se hacía presente pese a las nubes, algunas densas. Como una niña pequeña explorabas el mundo… Y yo tu corazón, te disfrutaba y me sentía, armado, libre, vivo y amado… Otra vez.

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Nuestras memorias.

Me rompí. Nótese que no digo: ME rompió. Emprendiste la búsqueda, tan larga como insoportable, del ausente, del supuesto culpable, creyendo que él me había roto y llevado consigo, en pedazos. Con los ojos llenos de lágrimas, atrapada en un sueño y llena de confusión no sabías qué dirección tomar, él saltaba de un punto a otro mientras tú intentabas alcanzarlo para recuperarme.

Me olvidaste. No te culpo. Estaba tan cansado que mi voz tampoco te alcanzó. Sé lo cansado que fue, los días y noches que gastaste preguntando: por qué, las heridas de tus pies al pisar los desprecios que él tiraba a su paso, lo resbaloso que se convirtió el camino por tus propias lágrimas que caían sin parar. Sé de las ocasiones que él hacía creer que se detenía para que lo alcanzaras y tú esperanzada alargabas el brazo, él corría y tomaba ventaja otra vez.

Hasta que un día decidiste hacer una pausa. Sabías que el camino para alcanzarlo era interminable y que el lugar del que partiste estaba más cerca. Decidiste regresar.

Volviste al lugar donde todo empezó y terminó, y ahí estaba yo esperándote… sí, en mil pedazos. No estaba con él. Recogiste todas las piezas que encontraste y te preguntaste ¿Cuál era mi forma? ¿Cómo debías armarme? -No llevo instructivo, sólo hazlo, sigue tu intuición– te respondí. Lo hiciste y no faltó ninguna pieza. Un corazón renovado siempre adquiere una nueva forma pero la esencia no cambia.

No sabremos si alguna pieza del corazón que yo era, la tiró antes de ausentarse o se fue con él entre las cosas que dejaste en su departamento, en algún beso, caricia o abrazo que le regalaste, en alguna de las noches que le hiciste compañía, en alguna palabra dulce que le dedicaste, en las comidas que le preparaste, en los viajes que realizaron, en las sonrisas que eran sólo para él, en los días que estuviste sin que él te lo pidiera, en las lágrimas que mojaban su camisa cuando te aferrabas a él en un abrazo… No importa. Hoy estoy completo… Estamos completos. Lo superamos justo el día que regresaste, me viste y con humildad me recogiste y con dignidad me reconstruiste.

Por siempre tuyo.

No importa cuántas veces nos rompamos. Sólo recuerda que donde me rompa… Estaré… Para volvernos a armar… Y volver a amar.

M.G.R.A.

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