Aquella tarde de un casi otoño, un viento ligero envolvió de pronto..." /> No hay camino, se hace el camino al andar… – El Perla Negra

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Historias

Publicado en septiembre 4th, 2015 | by Katia Olalde

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No hay camino, se hace el camino al andar…

Aquella tarde de un casi otoño, un viento ligero envolvió de pronto mis pensamientos, el panorama se tornaba encantador, el verme sentada en la banca de aquel parque donde las hojas de los árboles se contoneaban conforme la tarde iba cayendo, el olor a rosas de colores hacía resplandecer mis sentidos y me provocaba una paz infinita en medio de un ir y venir por mis pensamientos.

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Solía escaparme a escondidas, a perderme del bullicio de niños corriendo y exigencias pedidas por comprar helados y dulces al atardecer, era la manera exacta de poner en orden mis ideas, de sacar a relucir prioridades, que entre ellas la principal era estar en paz conmigo misma.

Observé a lo lejos  una pareja de jóvenes que sonreían y los abrazos sin parar que recibía cada uno, observé la forma exquisita de sentirse queridos, y sentí una empatía exacta de aquellas tardes cuando solía juguetear con el amor, de las veces que caminé tomada de la mano por plazas y avenidas y bares de moda, las veces que visité iglesias y caminé por la plaza de mi universidad, de las veces que dije: me siento agradecida por sentir, por vivir

De cuando me refugié en mi café favorito y caminé por parques en otoños esperados y recibí entonces abrazos correspondidos. porque cuando se está enamorado solemos dar abrazos que se corresponden, de ésos que se llevan en el alma, para que en momentos como este se recuerden y entonces se vuelvan a sentir. Me perdí en las sonrisas de aquellos jóvenes que despacito desaparecieron de mi vista y suspire y volví a sentir el olor a rosas y esa paz que disfruto.

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Me recosté sobre el césped podado a la perfección y cerré los ojos, y pensé de los caminos de mi vida, de ésos en los que me encontré personas leales, amigables, cariñosas, enojonas. En los cuales sin querer he dejado huella, aunque dice una de mis queridas amigas, que mujeres como ella, como yo y como muchas, vamos dejando huella en esta vida  sin necesidad de recalcarlo y solemos ocupar un lugar importante, ya sea en los caminos andados o en recuerdos sentidos; es cuando logramos volvernos responsables de nuestros errores, aprendiendo que la vida hay que vivirla y que ser feliz es opcional, que tenemos esa magia exquisita que sienten las mujeres maduras, aunque nuestra  madurez venga a momentos y no siempre de golpe, acaparando miradas profundas sin importar el  género y es cuando nuestros pasos se convierten en pasos firmes al caminar calles empedradas, otras libres de asfalto. pero al final de cuentas, caminos de esos que no pensábamos en conocer…

Una sonrisa firme y marcada en mis ojos me hizo conectarme a la realidad, el sonido de mi teléfono se escuchó con insistencia, y eras tú, sí, precisamente tú, la persona que acapara mis emociones y pensamientos, de esa manera en que daría lo que tengo por tan sólo sentirte cerca de mí, por mostrarte las tardes en los parques, por compartirte  por un momento la paz que siento y este olor a rosas que me  envuelve.

El que hace con una sonrisa rebasar sentimientos que sentí alguna vez y del cual me hace responsable de mis acciones. Tú, que eres con quien empecé un camino que no conozco y sin embargo gustosa puedo decir, que:

Caminante no hay camino se hace camino al andar…

 

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Guerrera por convicción y mujer fina por naturaleza, la vida me dio la oportunidad de ser madre y el tiempo de gozar esa dicha, llena de sentimientos reales y llena de lecciones diarias, los valores fueron la herencia de mi madre, aprendí a vivir los días con colores variados, a veces oscuros y en ocasiones de color, donde el brillo de mis ojos siempre marco la diferencia, soy ferviente admiradora de Gabriel García Márquez, del cual siempre cito frases precisas y exactas en los momentos difíciles de mi vida, crecí como la penúltima de nueve hermanos, de los cuales se fueron iendo sin pedirle permiso a la vida, servicial por devoción, a veces astuta en situaciones especiales, pero siempre leal en el amor, como dirían mujer valiente y valiosa, sensible, humana, a veces terca y testaruda pero con un gran corazón, entregada y dispuesta siempre a ayudar, buena madre , buena hija y excelente amiga un poco mal hablada en ocasiones, pero eso es por los momentos en tiempos de cólera y de injusticia, con cierto pudor por los acontecimientos sociales de esos que muestran la libertad sexual de las personas, sin embargo adaptable, objetiva y sin miedo a perder, eso me ha hecho siempre crecer como persona, como humano y como mujer, con empatía a cualquier persona, nunca necesito decir préstame tus zapatos, para saber el sentir de quien quiere, respetable, educada y siempre tratando de ser mejor.



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