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Vida

Publicado en julio 25th, 2015 | by María HT

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Tormenta de un ser vacío

Se sentía cada vez más fuerte aquel dolor.
Regresé a este infierno de dónde me hice
esclava permanente desde el día en que te
fuiste.
Camine por las calles donde bailábamos al
ritmo del viento con la ilusión de encontrarte,
de nuevo.

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Te esperé en las paradas de autobús aunque
sabía que no ibas a llegar.
¿De verdad fui tan mala persona para que tú
te fueras sin dejar rastro de tu presencia?

Estaba de nuevo ahí, el vacío era incontenible.
La idea que tenía de que tal vez, sólo tal
vez, en un futuro me encontraría con alguien
que ensamblara conmigo tan bien como tú y
yo no era más que una gran decepción.

No quería eso, porque fuera de toda esa
relación, éramos dos seres llenas de tanta
semejanza de gustos y pasatiempos diferentes.
Encajabamos tan bien.

Esa noche en la que te despediste, dijiste que
vendrían mejores tiempos, mejores cosas…
Y desde que te fuiste, no hay más que
pérdidas.

Fue así como me convertí en una
productora barata de textos etílicos y
homenajes a nuestra muerte que se
alargaba de a poco.

Las personas somos de alcohol también.
Confieso en letras que
la muerte que comienza por las manos
termina en el corazón y sin duda viceversa.

Algún día haré una historia en donde
quepamos tú y yo.
Una en donde nadie pueda sacarnos, nadie, ni
siquiera tú.

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Todo lo que hervía dentro de mí forzosamente
debía llevar un nombre, y si no era el tuyo
entonces no hablaba de amor, y viceversa.
Viceversa eterna
Si me arrepentía de algo, era de las veces que
te veía llorar.
No por ti, sino por mí.

La última vez que visité mi corazón olía a
vicio.
Ya han pasado algunos meses y, a pesar de
que todo seguía como la última vez y la
sangre fluía por el mismo lugar, olía a vicio,
no sucio sino cansado, no nauseabundo sino usado.
Olía como huele la tristeza, porque debe tener
algún olor, ¿Cierto?

Me habías abandonado y también a ti.
Nos habías dejado a las dos.
Yo tenía esperanza pero tú jamás regresabas.
Y yo estaba enojada.
Tú te habías ido.
Sin embargo, yo había aprendido a soportar,
pero digamos que fue un aprendizaje
obligatorio.

Todos los martes me preguntaba si
valía alguna pena ir a lo más alto de aquel
puente donde soliamos fumar y gritarte sin
parar, gritarte como
si te fuera a encontrar usando toda la fuerza
de mi voz, gritarte incluso hasta sentir pena
por mí.

Es cierto, la similitud de mi tiempo con el
tuyo me había permitido enloquecer más de una ocasión.
Todas ellas por ti.
Ese ultimo dia tú tenías miedo y yo estaba
llena de paz,
¿Recuerdas?
Hasta aquél día siempre había sido
paciente y nunca había perdido la voz, pero te
fuiste.
Y en realidad no importaba cómo oliera dentro de mí o las veces que había sido pisada.
No importaba el color o lo desteñido de las
paredes, no importaba lo viejo que pareciera
o lo roto que estuviera; yo necesitaba un piso
habitable, un órgano vacío, un corazón, sí,
está bien, roto, pero que no doliera.
Y eso no ocurría.

Porque el abandono no solo duele,
también desangra, enoja, y cuando ya no se
llueve, entonces se es tormenta.
Un verdadero desastre natural.
Una muerte, la más dolorosa.

-«You/Keaton Henson».


Publicado por

Hartista del verbo hartar.



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