Aquella mañana en que la que te fuiste a trabajar, solamente me tom..." /> Un adiós inesperado… – El Perla Negra

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Historias

Publicado en mayo 8th, 2015 | by Mariana Yescas

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Un adiós inesperado…

Aquella mañana en que la que te fuiste a trabajar, solamente me tomó un par de segundos para decidir dejarte esta vez para siempre, ahora era yo la que se había cansado de tantas despedidas, de ir y venir con un futuro tan incierto, de mirar a través de las ventanas, suplicándole a la lluvia o la noche que no te fueras, estaba harta de mirar al cielo esperando un milagro, de intentar cerrar cicatrices que parecía que se volvían permanentes… No,ya no podría estar un día más a tu lado, estaba cansada de tus infinitas excusas.

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Te dejé sobre el buró las estúpidas fotografías que habías guardado en una caja, el anillo me lo quité del dedo, sólo era una tonta atadura a ti y no, yo no quería atarme a nadie y menos a ti; también te dejé sobre la cama la sudadera que me regalaste en aquel cumpleaños, tomé mis cosas tan rápido como pude y quise darle una última mirada al cuarto… Pero llegaste, no escuché cuando entraste a la casa, siempre tenías esa manía de no hacer ruido con las puertas, y como si lo presintieras te deslizaste suavemente a la habitación, yo corrí hacia ti maldiciéndote, golpeando tu pecho con firmeza, hasta que los dos nos encontramos en ese abrazo, tus manos tomaron mi cara y me dijiste:
Quédate– me rogaste, desesperado, mirándome con esos grandes ojos, impregnados con lágrimas que no dejaban de salir…
Sabes que no puedo– ,te alejaste bruscamente de mí, odiándome, preguntándote una y mil veces porqué…
Necesito que te quedes- me suplicó una vez más, llorando cada vez con más firmeza, agobiado, su pelo estaba descuidado, casi tanto como su persona.
Necesito que entiendas, que no podemos volver a vernos, necesito que entiendas que lo nuestro ya no puede ser.
-El gritó, una y otra vez maniático de dolor. –¡No puedo! ¡No quiero!– se negó el, aturdido por las palabras que jamás pensó que escucharía de mis labios.

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… La mujer que más había amado y que ahora lo rechazaba, ella lo había acompañado en sus peores momentos, le había enseñado los deslices más imperfectos de la locura y el amor.

Cerré los ojos por un momento, mi cabeza empezaba con esas malas jugadas, como esperando que mi corazón desistiera de esta tonta idea, pero no, era inevitable; tenía que dejarte en este momento, solté tus manos por inercia, como si lo hubiéramos planeado desde un principio…
Sabes que te amo, más que a nada – (él parecía no mentir o quizá era el pretexto perfecto para que me quedara).
No puedo – le dije, mientras lo tomaba por las mejillas, acariciándolo y ahora yo le secaba las lagrimas – Yo ya no puedo hacerte sentir feliz…

Sus brazos me soltaron y su cuerpo se dejó caer sobre la cama, el lloraba cada vez con más firmeza. Un llanto fácil de escuchar, complejo de calmar,me agaché y le besé la frente. –Perdóname- le dije mientras cogía mis maletas…

Y fue así como me alejé por la puerta donde tantas veces yo lo vi salir, no podía quedarme con alguien que ya no estaba ahí conmigo, simplemente no podía seguir su agobiada rutina, cuando el meses atrás ya había soltado mis manos por tomar otras…

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Publicado por

pensadora rutinaria, de malos hábitos,y llena de matices.



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