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Historias

Publicado en mayo 29th, 2015 | by Faby Roque

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Un ángel de nombre: Nanda

Hace 10 años, llegó a nosotros una pequeña niña de nombre Nanda, había padecido mucho en sus primeros años de vida, no sabía lo que era una caricia, mucho menos un baño y que decir de lo que era comida caliente; esta pequeña lo único que conoció fueron los maltratos, los insultos, la perdida de sus bebés, el dolor y el miedo.

Como todo lo inesperado y bueno así llego a casa, como todo cambió nadie sabía cómo adaptarlo, ella con sus miedos y nosotros con nuestras dudas, vale la pena decir que encontró a una mamá que más que quererla la adoro bastante, pues sus hijos humanos ya estaban adultos y aunque aún necesitaban a su madre ya no era en la misma intensidad que Nanda lo requería.

Fueron días difíciles, por miedo no caminaba, como todo ser que fue maltratado su estado era de un pequeño enfermo y temeroso, por primera vez conoció a un médico, supo lo que era un buen baño caliente, lo disfrutó como nunca antes lo había hecho, obvio ya tenía sus costumbres y por más que uno le quisiera dar un plato de comida caliente nunca lo aceptó, temblaba cada que alguien quería acariciarla, mordió a uno que otro, quizá porque presentía que la podían lastimar, defendía como una fiera a su nueva mamá, así fuera que sólo estuvieras jugando con ella, era su tesoro más grande y como tal lo protegía, se complementaban una a la otra.

Pasaron los años, años en los que ella supo y conoció lo que es el amor sincero, lo que eran cuidados, aprendió a recibir y de la misma manera  a dar de vuelta, es una niña consentida. Nanda sufrió su primer gran pérdida en el hogar que ahora tenía, su mamá se había ido. Ella ya conocía lo que era ese dolor, perdió muchas veces a sus niños tanto que esta vez creyó que no podría salir adelante, lo que no sabía es que su mamá se había marchado pero dejó un buen reemplazo para seguirla cuidando, le dejo otro Ángel en su camino; ambas se ayudaron en ese momento tan difícil, su nueva mamá, se dio cuenta de la tristeza que ella cargaba y cada día de poco a poco se ayudaron para salir de su depresión, de tal manera que hoy hace 4 años siguen juntas y acompañándose.

Ambas en los buenos y malos momentos, si se trata de llorar, lloran juntas, si es reír, ríen hasta el cansancio, de la misma manera les encanta dormir. Ahora Nanda espera cada día a su nueva mamá en la entrada de la casa, pese a sus años, se levanta del sillón para ir a recibirla, si es que acaso llega y ella está dormida, le da unas caricias y un buen beso en la cabecita sólo para que sepa que ya regresó a casa.

Ya casi tiene 18 años de vida y 10 que nos regalo de su compañía, en estos días la doctora me ha dicho que ya es hora de despedirse, pues ya estás enferma, la edad te alcanzo y como todo te has ido quedando sorda, ya prácticamente no ves, tu olfato ese que te avisaba que tu pollo y verduras estaban listos, te ha abandonado, te has enfermado, tanto que ya no caminas, ya no comes.

Ya es tiempo de que seas libre de esta vida en la cual te tocó sufrir, pero también te tocó conocer el cariño y el amor incondicional de una familia, tengo que dejarte ir al cielo de los perros, yo espero que a dónde vayas encuentres a tus angelitos que se fueron sin que pudieras jugar con ellos, espero que de vez en vez te acuerdes de mí. Yo sé que me quedaré con un enorme vacío en el corazón, no tendré a esa niña que me reciba y tu sillón se quedara vacío,  ya no estarás, me quedo sin la cabecita a la cual le doy besos cada día y sin mi compañera de viaje en este largo camino que se llama vida.

Gracias por llegar desde el cielo y hacernos esta vida más fácil y llevadera, nos llenaste de mucho amor, nos hiciste muy felices, gracias por este largo viaje juntas, sé que disfrutaras el cielo de los perros, al cual les regreso a este angelito peludo que sólo sabe dar amor.

Nunca fuiste una perra muy bonita, pero quien te vio con estos ojos con los que nuestra Ma y yo te veíamos, sabíamos que eras la perrita más linda que pudimos tener.

Para Normita y su Nanda.



Publicado por

Faby Roque

porque todo pasa por algo y a veces es bueno escribirlo para dejar ir aquello que duele.



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