Cuando alguien me preguntaba por ti, solía decir con una sonrisa de..." /> Ya no te daré el gusto – El Perla Negra

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Historias

Publicado en octubre 31st, 2016 | by Jessica Juárez Lozano

Ya no te daré el gusto

Cuando alguien me preguntaba por ti, solía decir con una sonrisa de par en par que desde hace algunas semanas ya no sabía nada. Pasaba las mañanas con inmensas carcajadas rodeada de gente que no se explicaba cómo le hacía para estar tan feliz después de lo que me habías hecho.

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Pero lo que todas las personas no saben, es que al llegar a mi casa no hago otra cosa que no sea llorar diciendo una y otra vez tu nombre, rogándole a la vida que te traiga arrepentido a pedirme perdón por haberme destrozado el corazón.

Miro nuestras fotos y una pregunta retumba en mi cabeza, ¿por qué me fallaste? Te daba lo mejor de mí, te juro que nunca quise ser perfecta hasta que me vi a través de tus preciosos ojos marrones. Por primera vez respeté la dieta, pasaba horas frente al espejo arreglando mi cabello, me cambiaba infinidad de veces para verme lo más bonita posible y así no quisieras mirar a otras, pero nada de eso bastó cuando ella apareció en nuestras vidas. Dijiste que no había de qué preocuparse, que aunque ella te buscaba, tú sólo tenías ojos para mí.

Como una ingenua creí todas tus palabras, hasta que esa tarde mientras estabas en el baño, llegó un WhatsApp a tu teléfono diciendo lo bien que lo habían pasado dos noches atrás.

Sencillamente colapsé y cuando menos sentí, ya habían lagrimas descendiendo por mis mejillas. Salí de mis casillas y cuando regresaste, sínicamente te atreviste a preguntar con una sonrisa qué era lo que pasaba. No pude contenerme, la rabia se había apoderado de mí, te grité y tú no hiciste nada más que quedarte callado y esperar a que terminara de desatar mi furia para finalmente decir un absurdo y simple “lo siento, no era mi intención” Una risa de incredulidad salió de mi boca, mi cerebro era incapaz de asimilar todo lo que estaba sucediendo. Mi orgullo y dignidad salieron a salvarme, pronunciando un –hasta aquí, no quiero volver a saber nada de ti ¡terminamos!-

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-Espero que no te arrepientas de lo que estás haciendo, respetaré tu decisión aunque no quiera marcharme de tu lado- pronunciaste y te diste la vuelta; importándote nada todo lo que habíamos vivido: noches de risas, atardeceres en el pasto, hermosas veladas hasta el amanecer hablando de todo y a la vez de nada, miles de promesas, besos que tocaban cada fibra del alma. En fin, cosas que no te importaron en lo absoluto, mientras yo estaba desgarrada en el piso, inconsolable, atónita.

Pasaron un par de días y yo continuaba sin comprender lo acontecido; mi mejor amiga no paraba de maldecirte, entonces, en una madrugada en la que desperté tras haberme quedado dormida por haber pasado un largo tiempo entre lágrimas, me di cuenta que si a ti no te había importado hacerme mierda el corazón y toda la vida, yo ya no habría de detenerme a mostrarte cuánto estaba sufriendo por ti.

Esa mañana me arreglé como cuando iba a salir contigo y mi accesorio principal era una luminosa sonrisa, mis amigos pudieron percatarse de que algo había cambiado, sin embargo, no dijeron nada y me siguieron la corriente. Logré superar la prueba de fuego de ese día cuando pasaste frente a mí con tus amigos y decidí no voltear a verte como hacía siempre.

Así he pasado mis demás días, siendo la mujer más fría del mundo ante tus ojos y la niña más frágil cuando abrazo mi almohada recordándote. Valgo lo suficiente para ser el universo de alguien, mismo que no me cambie por la aventura que pueda ofrecer una cama distinta. Y aunque sé que aún faltan varias noches de dolor por las heridas que me ocasionaste, ya no te daré el gusto de que goces viéndome sufrir, alimentando tu ego con mis ojos hinchados de tanto llorar.

Simplemente esa yo desapareció en el momento en el que tú cambiaste mi amor sincero por una noche de pasión con alguien que te estaba cambiando a la semana siguiente.

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